
Dos versiones, una economía: Magín Díaz anuncia estímulo millonario y Valdez Albizu dice que todo marcha bien
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El Gobierno dominicano parece caminar en dos direcciones opuestas cuando habla de la economía nacional. Mientras el ministro de Hacienda, Magín Díaz, anuncia una inyección de RD$70 mil millones para “reactivar el crecimiento económico y fortalecer la inversión pública” ante una supuesta moderación de la actividad productiva, el gobernador del Banco Central, Héctor Valdez Albizu, asegura que la economía goza de estabilidad, gracias al sólido flujo de divisas provenientes del turismo, las exportaciones, las remesas y la inversión extranjera directa.
La pregunta que surge es inevitable: ¿estamos en crisis o en bonanza?
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Dos discursos, una sola realidad
Por un lado, el Ministerio de Hacienda, Magín Díaz, admite que el ritmo económico se ha enfriado, y para evitar un mayor estancamiento, el Gobierno destinará fondos provenientes de recursos internos, incluyendo partidas del Banco de Reservas (que gobierna Héctor Valdez Albizu), el Banco Central y préstamos reestructurados, con el objetivo de inyectar liquidez al mercado. El mensaje implícito es claro: la economía necesita un impulso urgente.
Sin embargo, casi al mismo tiempo, el Banco Central proyecta una imagen de fortaleza macroeconómica. Valdez Albizu presume que el país recibió más de US$21,400 millones en divisas entre enero y septiembre de 2025, y que las reservas internacionales alcanzaron los US$13,300 millones, el nivel más alto de la historia reciente, equivalentes al 10.4 % del PIB.
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Crecimiento moderado o economía estable
El gobernador también informó que el PIB creció 2.2 % entre enero y septiembre, una cifra baja si se compara con el promedio histórico dominicano de entre 5 % y 6 %, pero que él considera “en línea con la proyección regional”. No obstante, el propio Gobierno reconoce que el gasto público será el motor principal de la recuperación, lo que evidencia que el sector privado y la producción nacional no están generando el dinamismo esperado.
De hecho, los sectores con mayor crecimiento —servicios financieros, transporte y minería— reflejan un tipo de expansión concentrada y desigual, sin un impacto directo en el empleo masivo ni en los ingresos de los hogares.
¿Reactivación o maquillaje fiscal?
El discurso de Magín Díaz sobre una “inyección sin nueva deuda” suena optimista, pero resulta contradictorio frente a la narrativa de Valdez Albizu, sobre una economía sólida. Si realmente las reservas y los ingresos por remesas, turismo y exportaciones sostienen la estabilidad, ¿por qué es necesario recurrir a una inyección millonaria para estimular la economía?
Todo apunta a que el Gobierno busca mantener la percepción de estabilidad ante los mercados internacionales, mientras internamente inyecta dinero para disimular la desaceleración económica y cumplir metas políticas y fiscales.
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Estabilidad en los números, incertidumbre en la realidad
El Gobierno de Luis Abinader intenta equilibrar dos mensajes: uno hacia el exterior, de confianza y estabilidad; y otro hacia el interior, de urgencia y reactivación. Pero la contradicción es evidente. Si la economía estuviera tan sólida como afirma el Banco Central, no sería necesaria una inyección de RD$70 mil millones en los últimos meses del año.
A pesar de que el Gobierno ha gastado más de 10 mil millones de pesos en comunicación y publicidad, no logra construir una estrategia coherente ni una narrativa unificada. Cada funcionario parece vivir en su propia burbuja, diciendo lo primero que se le ocurre sin medir las contradicciones que eso genera. Por un lado, Hacienda habla de “reactivar la economía” con una inyección millonaria, y por otro, el Banco Central vende la idea de una economía “estable y sólida”. Es el retrato perfecto de un gobierno que invierte más en propaganda que en coordinación. Como diría Melvin Sena, “esto no es comunicación de Estado, esto es un coro sin director; cada quien toca su instrumento, aunque desafine, mientras el pueblo no entiende nada.”
Mientras tanto, los dominicanos siguen sintiendo en sus bolsillos una realidad distinta a la que muestran los informes oficiales. Entre las cifras brillantes y los anuncios de rescate, la pregunta que persiste es simple pero contundente:
¿a quién le creemos?
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