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Raquel Peña se aparta de la carrera, pero no del juego: el movimiento que puede terminar definiendo al candidato del PRM

Raquel Peña se aparta de la carrera, pero no del juego: el movimiento que puede terminar definiendo al candidato del PRM

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Administrador HES 1ADMINISTRADOR HES 1/09 SEPT DE 2026/1 MIN/visibility3 VISTAS
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La carrera presidencial del PRM acaba de entrar en una etapa mucho más interesante de lo que sugieren las encuestas.

En los últimos días circula la versión de que la vicepresidenta Raquel Peña habría dado libertad a su equipo político para explorar otros proyectos, una señal que algunos interpretan como el abandono de sus propias aspiraciones presidenciales. No he encontrado, hasta ahora, una confirmación pública de la vicepresidenta que permita presentar esa decisión como un hecho consumado. Por tanto, conviene analizarla como lo que es: una hipótesis política con consecuencias importantes.

Y si efectivamente Raquel decide no competir, eso no significa necesariamente que abandone el tablero.

Puede significar exactamente lo contrario.

Puede estar dejando libres sus tentáculos para tener presencia en varios proyectos y conservar capacidad de negociación hasta que el panorama esté mucho más claro.

Raquel tiene una posición particular

Raquel Peña no representa exactamente la misma realidad política que David Collado, Carolina Mejía, Wellington Arnaud o Guido Gómez Mazara.

Su principal activo no es una maquinaria partidaria comparable con la de Carolina o Wellington. Su fortaleza está en otro lugar: la vicepresidencia, su imagen pública, su origen cibaeño y su conexión con sectores empresariales del Cibao.

La propia vicepresidenta ha insistido públicamente en el peso económico de esa región. Ha señalado que el Cibao aporta alrededor del 35 % del PIB y genera aproximadamente el 40 % de los empleos nacionales.

Y también ha mantenido una relación visible con sectores empresariales y productivos de Santiago y el Norte. En junio de 2026 encabezó, por ejemplo, una iniciativa de desarrollo urbano de Santiago promovida por organizaciones empresariales, académicas y sociales.

Eso convierte a Raquel en algo más que una aspirante.

Representa una puerta de entrada a un sector económico y territorial que no necesariamente piensa igual que los grupos empresariales de Santo Domingo.

Y ahí comienza el verdadero análisis.


¿Por qué Raquel no necesariamente podía irse con David?

En principio, una alianza Raquel-David podría parecer lógica.

Ambos tienen una imagen relativamente moderada, buena relación con sectores empresariales y una percepción nacional importante.

Pero hay un problema:

los grupos económicos que rodean a ambos proyectos pueden tener intereses coincidentes, pero también pueden competir por espacios de influencia.

Y eso hace que una alianza presidencial no sea simplemente una cuestión de simpatías personales.

Hay que pensar en el día después.

¿Quién tendría mayor influencia?

¿Quién manejaría determinadas áreas económicas?

¿Quién tendría mayor capacidad para colocar su gente?

¿Quién representaría al empresariado?

¿Quién tendría predominio territorial?

Una alianza puede resolver la candidatura, pero también puede crear un problema de distribución del poder dentro de un eventual Gobierno.

Por eso, si Raquel realmente decidió no competir, mantener abiertas varias posibilidades podría ser mucho más inteligente que casarse prematuramente con David.


Carolina tampoco es una salida sencilla

Carolina Mejía tiene una estructura política mucho más clara.

Y su apellido pesa.

Pero una eventual alianza Carolina-Raquel enfrenta un problema evidente: ambas son mujeres.

Si la fórmula presidencial termina siendo una boleta presidencial tradicional de presidente y vicepresidente, presentar a dos mujeres para ambos puestos podría tener implicaciones electorales y estratégicas que habría que evaluar cuidadosamente.

Pero hay otro elemento todavía más importante:

Hipólito Mejía.

El verdadero peso estructural del proyecto de Carolina no puede analizarse sin incluir al expresidente.

Y precisamente ahí pueden aparecer reservas de determinados sectores económicos del Cibao.

No necesariamente porque exista una ruptura con Hipólito, sino porque los empresarios también calculan riesgos, estilos de gobierno y relaciones de poder.

Por eso, aunque Carolina sea una opción natural para Raquel desde el punto de vista partidario, la ecuación económica y política es bastante más compleja.


Guido tiene discurso, pero necesita estructura

Guido Gómez Mazara representa otra cosa.

Tiene discurso.

Tiene independencia de criterio.

Tiene capacidad para generar debate y conectar con sectores inconformes dentro del propio PRM.

Y precisamente esa independencia puede ser su mayor virtud y, al mismo tiempo, una de sus principales dificultades para atraer determinados sectores empresariales.

Hay grupos económicos que prefieren saber exactamente qué podrán esperar de un eventual Gobierno.

Con Guido, probablemente tendrían que acostumbrarse a negociar.

Además, sus números siguen siendo inferiores a los de los principales contendientes.

En las mediciones publicadas durante 2026 aparece generalmente detrás de Collado y Carolina, aunque en algunas mediciones ha logrado colocarse por encima de Wellington. Por ejemplo, Gallup lo situó en 1 %, mientras ACD Media lo colocó en 3.7 % en agosto.

Su problema, entonces, no es solamente económico.

Es convertir discurso en maquinaria electoral.


Y llegamos a Wellington Arnaud

Aquí es donde, desde nuestra lectura, aparece el proyecto más interesante para entender qué podría hacer Raquel Peña.

Porque Wellington no necesita necesariamente competir con los mismos sectores económicos que Raquel.

Y tampoco necesita disputarle a ella la representación territorial del Cibao.

Al contrario:

pueden complementarse.

Wellington es de Santo Domingo, mientras Raquel tiene su principal conexión política y empresarial en Santiago y el Cibao.

Él ha construido una estructura política territorial que no siempre aparece reflejada proporcionalmente en las encuestas.

Y ese es precisamente uno de sus mayores activos.

Una medición de abril de 2026 colocó a Collado en 34.2 %, a Wellington en 26.4 % y a Carolina en 17.3 %, un resultado muy diferente de otros estudios publicados posteriormente.

En contraste, Gallup de mayo colocó a Wellington apenas en 0.8 %, mientras Collado alcanzaba 61.8 % y Carolina 21.1 %.

La enorme diferencia entre mediciones demuestra algo importante:

todavía existe una dificultad considerable para medir la verdadera fuerza interna de Wellington.

Y eso es precisamente lo que hace que su proyecto sea interesante.


Wellington puede ser el candidato del equilibrio

Esta es nuestra hipótesis.

No necesariamente el candidato que hoy tenga la mayor percepción.

No necesariamente el que tenga más dinero.

No necesariamente el que aparezca primero en las encuestas.

Sino el candidato que pueda construir el equilibrio entre dos mundos que necesitan convivir dentro del PRM: el empresarial y el político.

David Collado representa una maquinaria de percepción pública extraordinariamente poderosa.

Carolina representa una estructura política y familiar con profundas raíces dentro del partido.

Wellington representa una estructura política propia que ha venido creciendo silenciosamente y que puede resultar atractiva para sectores que no quieren que un solo grupo controle completamente el futuro Gobierno.

Y Raquel podría encajar en esa ecuación.


El escenario que nadie debería descartar

Supongamos que Raquel efectivamente abandona sus aspiraciones.

No necesariamente tiene que anunciar:

“Apoyo a Wellington Arnaud”.

Puede hacer algo mucho más inteligente.

Dejar que sus dirigentes, empresarios y operadores políticos se distribuyan.

Unos con Carolina.

Otros con David.

Otros con Wellington.

Y esperar.

¿Por qué?

Porque si dentro de un año uno de esos proyectos se convierte en inevitable, Raquel todavía tendría interlocución con él.

Pero si ninguno consigue imponerse, ella conservaría capacidad de negociación.

Eso no sería retirarse de la política.

Sería jugarla desde otra posición.


David tiene la percepción; Carolina tiene estructura; Wellington tiene la calpitería

Aquí está, probablemente, la mejor manera de resumir el tablero.

David Collado tiene la percepción.

Los números publicados durante 2026 lo colocan consistentemente como uno de los favoritos, y algunas mediciones le otorgan ventajas enormes dentro del PRM.

Carolina Mejía tiene estructura.

Tiene el apellido Mejía, una trayectoria institucional propia y el respaldo político de Hipólito.

Wellington Arnaud tiene calpitería política.

Tiene capacidad para construir acuerdos, penetrar territorios y operar dentro de la estructura del partido sin necesitar necesariamente ser el personaje más visible de la conversación nacional.

Y eso puede convertirse en una ventaja en una primaria cerrada.


El problema para todos es que todavía falta lo más importante: la primaria

Aquí está el elemento que muchas veces desaparece del debate.

El PRM no escogerá al candidato presidencial mediante una encuesta.

Tendrá que utilizar el mecanismo que finalmente determine el partido y la legislación electoral.

Si termina siendo una primaria cerrada, el conocimiento nacional puede ser insuficiente.

Porque una cosa es que un candidato sea conocido por millones de dominicanos.

Y otra es que consiga movilizar a los afiliados que efectivamente estén habilitados para votar.

Ahí Wellington puede ser mucho más competitivo de lo que sugieren algunas encuestas.

Y Carolina también.


La verdadera jugada de Raquel

Por eso, si la versión de que Raquel liberó a su equipo resulta cierta, nuestra interpretación sería diferente a la de quienes hablan de una retirada.

Raquel no estaría abandonando el juego. Estaría dejando de apostar todo su capital a una sola carta.

Y eso tiene lógica.

David necesita estructura.

Carolina necesita ampliar su coalición.

Wellington necesita mayor percepción pública.

Guido necesita estructura y recursos.

Y Raquel tiene algo que todos ellos podrían necesitar en algún momento:

una conexión con un sector económico importante, una base territorial en el Cibao y una posición institucional que todavía le permite sentarse con prácticamente todos.

Por eso no sería extraño que, en lugar de convertirse inmediatamente en la vicepresidenta de uno de estos proyectos, Raquel espere a descubrir quién puede ofrecerle el mejor equilibrio político y económico.


Conclusión: Raquel puede haber dejado de competir para convertirse en factor de decisión

Todavía no sabemos si Raquel Peña abandonará definitivamente la carrera presidencial.

Tampoco existe evidencia pública suficiente para afirmar que haya tomado una decisión definitiva sobre a quién respaldará.

Pero si realmente está dejando libres a sus equipos, el movimiento puede tener una lectura mucho más sofisticada:

no retirarse, sino conservar opciones.

Y en ese escenario, Wellington Arnaud adquiere una importancia particular.

Porque, a diferencia de David, no necesita necesariamente competir por los mismos espacios económicos que Raquel.

Y, a diferencia de Carolina, no carga con la misma estructura familiar ni con la posibilidad de una fórmula presidencial compuesta por dos mujeres.

Puede ofrecer algo diferente:

balance.

Balance entre empresarios y políticos.

Entre Santo Domingo y el Cibao.

Entre percepción y estructura.

Y, sobre todo, entre los diferentes grupos que ya están entendiendo que la candidatura presidencial del PRM no se decidirá únicamente en las encuestas.

Se decidirá cuando haya que contar los votos.

Y hasta ese día, Raquel Peña todavía puede tener una carta que jugar.

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