
El 4% no hizo el milagro: Abinader criticó la educación que recibió y terminó enfrentando el mismo fracaso
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Por Melvin Sena
Durante años, la educación dominicana fue presentada como una de las grandes deudas nacionales. Y con razón. Pero hubo un político que, desde la oposición, hizo de esa crítica una bandera particularmente fuerte: Luis Abinader.
En diciembre de 2016, cuando todavía no era presidente, Abinader cuestionaba duramente la gestión educativa del gobierno de entonces y llegó a reaccionar públicamente ante los resultados de PISA preguntando, en esencia, cómo podían defenderse esos resultados después de años de inversión educativa.
Hoy la pregunta puede devolverse.
¿Qué pasó después de que Abinader llegó al poder?
Porque ya no estamos hablando de un candidato denunciando los resultados de otro gobierno. Estamos hablando de un presidente que ha tenido seis años de administración, control del Ministerio de Educación, capacidad presupuestaria y la oportunidad de ejecutar su propia política educativa.
Y los resultados de PISA 2025, publicados esta semana, ofrecen una conclusión incómoda: República Dominicana continúa prácticamente en el mismo lugar de bajo desempeño, aunque existen algunas mejoras importantes en el largo plazo, particularmente en ciencias. (OECD)
El gráfico que debería obligarnos a hacer una pregunta
El gráfico que acompaña esta discusión muestra una relación entre el gasto acumulado por estudiante durante la duración teórica de sus estudios y el rendimiento promedio en ciencias.
La línea representa el desempeño que estadísticamente se esperaría dado determinado nivel de inversión.
Y República Dominicana aparece notablemente por debajo de esa relación.
Esto significa algo importante, pero hay que explicarlo correctamente:
No demuestra que gastar más produzca automáticamente mejores resultados ni que gastar menos sea la solución.
Lo que sí muestra es que nuestro país obtiene un rendimiento educativo extraordinariamente bajo en relación con el volumen de recursos acumulados que se destinan al sistema.
Y ese debería ser el centro de la discusión.
No cuánto gastamos.
Sino qué estamos obteniendo por lo que gastamos.
PISA 2025 acaba de quitarle al Gobierno una posible excusa
Aquí aparece el dato más reciente.
PISA 2025 evaluó a 7,080 estudiantes dominicanos de 15 años, provenientes de 257 centros educativos. Los resultados muestran que, frente a 2022, el desempeño de República Dominicana fue estadísticamente estable en matemáticas, lectura y ciencias. (OECD)
En matemáticas obtuvimos 339 puntos.
En lectura, 346.
Y en ciencias, 361.
El problema no es únicamente la puntuación.
Es lo que significa.
En matemáticas, apenas 9 % de los estudiantes dominicanos alcanzó el nivel básico 2 o superior, frente a 65 % en promedio en la OCDE. En lectura, solamente 23 % alcanzó ese nivel, frente a 69 % en la OCDE. En ciencias, fue 26 %, frente a 74 % en la OCDE. (OECD)
Es decir:
La inmensa mayoría de nuestros jóvenes de 15 años sigue sin alcanzar las competencias básicas que PISA considera necesarias para desenvolverse adecuadamente en esas áreas.
Eso no se puede maquillar con propaganda.
Pero aquí debemos ser justos con Abinader
Hay una precisión que un análisis serio debe hacer.
No podemos atribuirle a Luis Abinader todo el resultado de PISA 2022 ni siquiera todo el resultado de PISA 2025.
PISA evalúa jóvenes de 15 años y sus resultados reflejan años acumulados de escolarización, incluyendo períodos anteriores al actual Gobierno.
La propia OCDE advierte que PISA mide el desempeño de los estudiantes, no el desempeño de un presidente determinado. (OECD)
Por eso sería intelectualmente deshonesto decir:
"PISA demostró que Abinader fracasó".
No exactamente.
Pero sí podemos decir algo diferente y mucho más difícil de refutar:
Después de varios años de Gobierno de Abinader, el sistema educativo dominicano todavía no muestra una transformación significativa en el desempeño de los estudiantes de 15 años entre 2022 y 2025.
Y eso sí es responsabilidad política de su administración: qué hizo, qué priorizó y qué resultados produjo durante su gestión.
El 4 % del PIB
Desde hace años República Dominicana tiene uno de los debates más interesantes de América Latina:
Tenemos el 4 % del PIB para la educación preuniversitaria, pero seguimos teniendo enormes dificultades para convertir ese dinero en aprendizaje.
El propio marco presupuestario del Gobierno contempla la asignación del 4 % del PIB a la educación preuniversitaria. (Presupuesto RD)
Entonces la pregunta deja de ser:
"¿Estamos gastando suficiente?"
Y pasa a ser:
"¿Estamos gastando bien?"
Porque si el dinero fuera suficiente por sí solo para producir calidad educativa, República Dominicana debería estar muchísimo más arriba.
Y no lo está.
El problema viene de antes de Abinader
Esto también hay que decirlo.
El desastre educativo dominicano no nació en 2020.
Los gobiernos del PLD —Leonel Fernández y Danilo Medina— también administraron durante años enormes presupuestos educativos y también fueron incapaces de producir una transformación proporcional al dinero invertido.
Por eso no es serio convertir esto en una pelea entre PRM y PLD.
El problema es estructural.
Pero precisamente por eso Abinader no podía llegar al Gobierno simplemente para administrar el mismo modelo.
Llegó prometiendo hacerlo diferente.
Y ahí está el punto político.
Abinader también politizó la educación
El presidente tiene derecho a criticar las administraciones anteriores.
Lo que no puede hacer es utilizar la politización como arma cuando está en oposición y luego pretender que, cuando gobierna, la educación quede fuera de la evaluación política.
Porque el Ministerio de Educación es una de las instituciones más grandes y presupuestariamente más importantes del Estado.
Y cuando un gobierno utiliza una institución de semejante magnitud para construir alianzas políticas, colocar funcionarios, repartir posiciones o satisfacer compromisos partidarios —si eso ocurre, debe ser demostrado caso por caso y no simplemente asumido— el problema no es solamente político.
Es educativo.
Cada decisión que coloca la lealtad política por encima de la capacidad técnica puede terminar costándole aprendizaje a un niño.
Y ahí está el verdadero "botín de guerra"
Esta es mi opinión:
La educación dominicana ha sido tratada históricamente como un territorio de conquista política.
Gana un partido y cambia una parte importante de la estructura.
Llegan nuevos funcionarios.
Llegan nuevos equipos.
Llegan nuevas prioridades.
Llegan nuevos contratistas.
Llegan nuevas estrategias.
Y mientras los adultos se reparten el poder, el estudiante continúa esperando que alguien le enseñe a leer, escribir, razonar y resolver problemas.
Eso es lo que tenemos que cambiar.
No se trata de afirmar sin pruebas que todo contrato o nombramiento sea producto de un acuerdo político.
Se trata de reconocer que el sistema tiene demasiados incentivos para que la política termine dominando la gestión educativa.
ERCE ya había encendido la alarma
Y aquí aparece una evidencia todavía más importante para analizar el sistema desde una perspectiva de educación básica.
El ERCE 2019 de UNESCO, aplicado antes de la pandemia, encontró enormes dificultades en los aprendizajes fundamentales de República Dominicana.
En tercer grado, apenas 27.1 % de los estudiantes dominicanos alcanzó o superó el Nivel II en lectura y 19.8 % lo hizo en matemática.
En sexto grado, apenas 16.4 % alcanzó al menos el Nivel III en lectura y solamente 2.1 % se ubicó en los dos niveles superiores de matemática. (UNESCO)
UNESCO, sin embargo, también identificó a República Dominicana entre los países que mostraron avances significativos respecto al estudio anterior.
Esto demuestra nuevamente que la realidad no es blanco o negro. (UNESCO)
Hay avances.
Pero los niveles absolutos siguen siendo demasiado bajos.
Y las pruebas nacionales tampoco permiten celebrar demasiado
En las Pruebas Nacionales de Secundaria de 2024, el promedio de la modalidad académica fue de 55.90 en Lengua Española, 57.04 en Matemática, 56.11 en Ciencias Sociales y 56.01 en Ciencias de la Naturaleza, según el propio Ministerio de Educación. (Minerd)
Eso no significa que todos los estudiantes estén mal.
Tampoco significa que no existan escuelas excelentes, maestros extraordinarios y estudiantes brillantes.
Significa que el sistema promedio no está produciendo los resultados que debería producir después de décadas de inversión.
Entonces, ¿fracasó Abinader?
Mi respuesta es más precisa que un simple sí o no.
No se puede responsabilizar exclusivamente a Abinader por el resultado de PISA.
Pero tampoco puede utilizarse esa explicación para absolver al Gobierno de toda responsabilidad.
PISA 2025 nos dice que entre 2022 y 2025 no hubo un cambio estadísticamente significativo en el desempeño dominicano en matemáticas, lectura o ciencias. (OECD)
Y eso ocurre después de varios años de administración del actual Gobierno.
Por tanto, Abinader no puede presentar la educación como un problema heredado y esperar que la historia termine ahí.
Ahora él también forma parte de esa historia.
La ironía de aquel tuit de 2016
Y aquí está la parte políticamente incómoda.
En 2016, Abinader podía señalar los resultados de PISA y preguntar:
¿Y los datos?
Hoy los datos también están sobre la mesa.
Y la oposición de entonces puede hacerse la misma pregunta al Gobierno de hoy:
¿Y los resultados del 4 %?
Porque el problema no es solamente cuánto dinero se ha gastado.
El problema es que la República Dominicana ha convertido el 4 % en una cifra presupuestaria, pero todavía no ha conseguido convertirlo en una revolución del aprendizaje.
Y esa diferencia es enorme.
La educación necesita salir de la política
La conclusión no debería ser quitarle dinero a la educación.
Todo lo contrario.
Hay que proteger la inversión educativa.
Pero debemos cambiar radicalmente cómo se utiliza.
Necesitamos medir cada programa por resultados.
Evaluar a los docentes y acompañarlos.
Fortalecer la formación inicial y continua.
Premiar las escuelas que mejoran.
Intervenir las que permanecen rezagadas.
Reducir la burocracia.
Transparentar las contrataciones.
Profesionalizar la administración.
Y, sobre todo, dejar de tratar al Ministerio de Educación como una extensión del partido que ocupa el Palacio Nacional.
Porque aquí no estamos hablando de carreteras.
Estamos hablando de niños.
Y un niño que pierde cinco años de aprendizaje no recupera esos cinco años porque cambie el ministro.
El fracaso que nadie quiere reconocer
La gran tragedia es que todos los gobiernos llegan prometiendo transformar la educación.
Todos hablan del futuro.
Todos hablan de la juventud.
Todos hablan del 4 %.
Todos anuncian reformas.
Y luego llegan las pruebas.
Y la realidad aparece.
La República Dominicana necesita mucho más que un presidente que sepa administrar el presupuesto educativo.
Necesita un presidente que tenga el valor de sacar la educación de las manos de la política partidaria.
Porque mientras los políticos discuten quién tiene la culpa, los estudiantes siguen llegando a los 15 años sin dominar matemáticas, lectura y ciencias.
Y entonces la pregunta que comenzó con Abinader en 2016 vuelve a nosotros, casi una década después:
¿De qué sirve gastar más si seguimos aprendiendo tan poco?
Ese es el verdadero fracaso que debemos discutir.
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