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¿Sabotaje desde el PRM? Faride lanza acusación que deja a todos bajo sospecha, pero no da nombres

¿Sabotaje desde el PRM? Faride lanza acusación que deja a todos bajo sospecha, pero no da nombres

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Melvin SenaMELVIN SENA/30 JUL DE 2025/1 MIN/0 VISTAS

La reciente denuncia de la ministra de Interior y Policía, Faride Raful, sobre una supuesta estructura organizada detrás de las difamaciones en su contra —la cual, según ella, podría tener vínculos dentro del mismo Partido Revolucionario Moderno (PRM)— pone sobre la mesa un delicado debate entre la defensa de la honra personal y el respeto a la libertad de expresión.

Faride Raful, en una entrevista concedida al programa El Día, transmitido por Telesistema, no descartó que figuras como Ángel Martínez e Ingrid Jorge, alias “La Torita”, cuenten con el respaldo de actores dentro del PRM. Sin embargo, no ofreció nombres ni evidencias claras que permitan identificar a esos supuestos miembros de la organización política. Este vacío en su denuncia convierte su afirmación en un arma de doble filo.

Desde el punto de vista político, el error es evidente: insinuar que dentro del PRM —el partido que representa y del cual forma parte— existen elementos que orquestan campañas de difamación contra ella, sin señalar con claridad a los responsables, lanza una sombra de sospecha sobre toda la estructura partidaria. En la práctica, este tipo de declaraciones ambiguas alimentan la percepción pública de que hay luchas internas, traiciones y deslealtades en el seno del partido oficialista, justo cuando este atraviesa momentos de alta sensibilidad y desgaste tras más de cuatro años en el poder.

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Pero más allá del impacto político, lo más preocupante es que este tipo de acusaciones, al no estar bien sustentadas ni dirigidas con precisión, abren la puerta a justificar mecanismos de censura disfrazados de justicia. La libertad de expresión, aunque debe ejercerse con responsabilidad, no puede ser acorralada cada vez que una figura pública se siente atacada. Mucho menos si, en lugar de pruebas, se presentan insinuaciones que derivan en consecuencias judiciales para comunicadores o figuras mediáticas sin antes agotar el debate público.

Raful asegura que no aceptará ningún tipo de conciliación con los implicados y que el proceso debe continuar hasta el juicio de fondo. Es su derecho. Pero al trasladar el conflicto al terreno judicial sin ofrecer a la ciudadanía evidencias concretas del "aparato político" que estaría detrás de las acusaciones, convierte su postura en un acto riesgoso para la salud del debate democrático.

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La justicia debe actuar donde haya pruebas, no suposiciones. Y los funcionarios públicos deben entender que la crítica —incluso la más ácida— forma parte del costo de la vida política. Cuando se utiliza el aparato del Estado para responder a opiniones, se corre el peligro de banalizar los recursos judiciales y de crear un clima de autocensura.

En vez de fortalecer su imagen, Faride Raful puede estar cavando una zanja que afecte su propia credibilidad y, por rebote, la del PRM.

Porque si no hay responsables claros, lo que hay es una acusación al aire. Y en política, cuando se acusa sin nombres, todos quedan salpicados.

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Nota aclaratoria:
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https://youtu.be/hOcdphKuFG0

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