Si Antonio Taveras Guzmán entiende que el Partido Revolucionario Moderno (PRM) no lo representa, y que él tampoco representa los principios, la visión y la línea política de la organización por la cual fue electo, entonces lo coherente, lo ético y lo políticamente correcto sería renunciar también a la curul que obtuvo bajo la boleta y la estructura del PRM.
Porque esa senaduría no fue conquistada únicamente por un proyecto individual, sino por el esfuerzo colectivo de una organización política, de miles de dirigentes, militantes y ciudadanos que votaron identificados con una plataforma partidaria determinada.
No parece razonable desligarse del partido, cuestionarlo públicamente y al mismo tiempo conservar una posición alcanzada precisamente bajo su bandera. La coherencia política implica asumir las consecuencias completas de una decisión.
Si él considera que el PRM nunca lo representó, entonces con mayor razón debería dimitir de una posición que recibió gracias al respaldo mayoritario de esa organización y del pueblo que votó confiando en esa propuesta política.
La renuncia a su curul sería una señal de altura, de respeto institucional y de coherencia personal. Y estoy convencido de que el partido la recibiría con honra, con decoro y con absoluto respeto al derecho que tiene cada dirigente de tomar el camino político que entienda correcto.
Abelardo Rutinel.






