La más reciente entrega de la encuesta Gallup publicada por Diario Libre terminó generando un efecto contrario al que probablemente buscaban sus promotores: en lugar de fortalecer credibilidad, abrió un debate nacional sobre cómo ciertas encuestas pueden funcionar como instrumentos de construcción narrativa más que como simples herramientas de medición social.
El problema no necesariamente está en que los datos hayan sido falsificados. El verdadero cuestionamiento surge de otro lugar: la forma en que se presentaron los resultados, las contradicciones internas de la narrativa y el contexto político-económico alrededor de quienes impulsan el contenido.
La contradicción central: “la economía está mal”, pero todo marcha bien
Uno de los elementos que más ruido generó fue la aparente incoherencia entre varias conclusiones de la encuesta:
- Una mayoría de ciudadanos expresando preocupación por la economía.
- Percepción negativa sobre el costo de vida.
- Malestar con servicios básicos.
- Sensación de deterioro económico cotidiano.
Pero simultáneamente:
- alta valoración presidencial,
- estabilidad política,
- confianza en el rumbo económico,
- y posicionamiento favorable de figuras del oficialismo.
Esa mezcla no es imposible sociológicamente, pero sí requiere contexto, explicación metodológica y profundidad analítica. Cuando se presenta sin matices, el resultado luce más como una narrativa cuidadosamente ensamblada que como una fotografía orgánica del país.
El turismo como “motor económico”: una narrativa conveniente
Otro punto cuestionado fue el intento de vender el turismo como principal símbolo del éxito económico dominicano.
Sí, el turismo genera divisas, empleo y actividad económica. Eso es real. Pero también es cierto que gran parte del modelo turístico dominicano se sostiene sobre:
- exenciones fiscales multimillonarias,
- incentivos especiales,
- subsidios indirectos,
- infraestructura pública financiada por el Estado,
- y ventajas regulatorias excepcionales.
Por eso, para muchos sectores críticos, presentar el turismo únicamente como “éxito empresarial” sin hablar del enorme soporte estatal detrás del modelo resulta una narrativa incompleta.
Y ahí entra el conflicto de intereses percibido:
cuando sectores vinculados al turismo, grupos empresariales y propietarios de medios participan simultáneamente en construcción mediática y posicionamiento político, la línea entre información y promoción comienza a difuminarse.
David Collado: popularidad mediática vs estructura política
La encuesta también intentó instalar la idea de que la popularidad pública de figuras como David Collado automáticamente se traduce en viabilidad política interna para procesos partidarios complejos.
Pero ahí aparece otro problema:
la política dominicana no funciona únicamente con percepción mediática.
Una primaria cerrada, estructuras territoriales, control partidario, lealtades internas y operadores políticos funcionan bajo dinámicas distintas al posicionamiento digital o mediático.
Muchos dirigentes dentro del oficialismo pueden reconocer niveles de simpatía pública sin necesariamente confiar políticamente en un liderazgo específico.
Por eso varios analistas entienden que la encuesta confundió:
- notoriedad pública,
- aprobación mediática,
- y capital político orgánico.
Tres cosas muy distintas.
La oposición: “sin rumbo”, pero creciendo
Otra contradicción evidente fue presentar simultáneamente:
- una oposición “débil” o “desorganizada”,
- mientras los números mostraban crecimiento opositor,
- desgaste oficialista,
- y aumento del descontento social.
Eso genera una percepción extraña:
si el oficialismo mantiene tanto control narrativo, económico y mediático, ¿por qué crece el rechazo?
La respuesta probablemente está fuera de la encuesta:
la población dominicana está cada vez más desconectada del discurso institucional tradicional.
El problema real no fue estadístico: fue narrativo
Las encuestas modernas ya no solo miden opinión pública.
También:
- posicionan candidatos,
- construyen inevitabilidad,
- influyen inversionistas,
- condicionan debates,
- y moldean cobertura mediática.
Ahí es donde muchos entienden que Gallup-Diario Libre falló: la operación narrativa fue demasiado evidente.
Cuando una encuesta parece intentar simultáneamente:
- proteger intereses económicos,
- posicionar figuras políticas,
- salvar imagen gubernamental,
- sostener determinados sectores empresariales,
- y debilitar adversarios,
la percepción pública cambia.
Y el resultado puede ser exactamente el contrario:
desconfianza.
El desgaste del modelo mediático tradicional
El contexto también importa.
República Dominicana vive un momento donde:
- los medios tradicionales han perdido monopolio narrativo,
- las redes sociales rompen discursos oficiales,
- y sectores ciudadanos cuestionan cada vez más las relaciones entre política, negocios y comunicación.
Por eso una encuesta ya no se consume como antes.
La gente ahora pregunta:
- ¿quién paga?,
- ¿quién publica?,
- ¿quién gana políticamente?,
- y ¿qué narrativa intentan instalar?
Ese es probablemente el mayor daño reputacional para Gallup y Diario Libre: no necesariamente que la gente piense que “inventaron números”, sino que muchos sienten que intentaron dirigir políticamente la interpretación del país.
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