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¿ESTÁ EL PRESIDENTE ABINADER, PREPARANDO SU PROPIA SUCESIÓN O DEBILITANDO AL PRM?

¿ESTÁ EL PRESIDENTE ABINADER, PREPARANDO SU PROPIA SUCESIÓN O DEBILITANDO AL PRM?

Por Melvin Sena | HackeandoElSistema.net Hay una pregunta que comienza a adquirir importancia en el escenario político dominicano: ¿Luis Abinader está construyendo las condiciones ...

Administrador HESADMINISTRADOR HES/04 NOV DE 2026/7 MIN/visibility7 VISTAS
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Por Melvin Sena | HackeandoElSistema.net

Hay una pregunta que comienza a adquirir importancia en el escenario político dominicano: ¿Luis Abinader está construyendo las condiciones para que el PRM tenga un liderazgo capaz de sucederlo o está procurando conservar una influencia interna que podría convertirse en un obstáculo para el futuro de su propio partido?

La reciente elección de Justiniano Montero como presidente de la Suprema Corte de Justicia, aprobada por unanimidad por el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), permite abrir una discusión que va más allá de los nombres escogidos.

El presidente Abinader encabezó el organismo que seleccionó a Montero y designó a seis nuevos integrantes de la Suprema. La decisión fue anunciada el 2 de noviembre de 2026 y contó con la participación de los ocho integrantes del Consejo, incluidos Omar Fernández y Tobías Crespo, representantes de la Fuerza del Pueblo en virtud de la segunda mayoría legislativa.

La unanimidad es un hecho institucional. Pero políticamente también invita a recordar que los acuerdos entre adversarios no son nuevos en República Dominicana.

La unanimidad tiene memoria política

En 2020 se produjo una convergencia entre Leonel Fernández y Luis Abinader en medio de la crisis política que había provocado la ruptura del PLD y el enfrentamiento con el sector de Danilo Medina.

Hay que precisar que no se trató de una alianza electoral formal entre ambos para las presidenciales: Leonel compitió con su propia candidatura y Abinader ganó en primera vuelta. Sin embargo, existieron coincidencias políticas y acercamientos entre ambos sectores frente al escenario que dejó la división peledeísta. 

En 2024, la Fuerza del Pueblo obtuvo representación como segunda mayoría legislativa y escogió a Omar Fernández y Tobías Crespo para integrar el CNM. Esa representación quedó reconocida en la composición del organismo. 

Por eso, cuando se habla de unanimidad, conviene recordar que la política dominicana está llena de acuerdos, negociaciones y coincidencias que trascienden las diferencias partidarias.

El debate no consiste en cuestionar automáticamente una decisión porque haya sido unánime. Consiste en preguntarse qué representa esa unanimidad, qué garantías ofrece el proceso y cómo se preserva la independencia institucional.

Danilo Medina: el precedente que el PRM debería estudiar

Para entender el riesgo de los liderazgos que concentran demasiado poder, hay que mirar lo ocurrido en el PLD.

El 6 de octubre de 2019, durante las primarias abiertas, Gonzalo Castillo derrotó a Leonel Fernández por un margen estrecho. El cómputo final de la Junta Central Electoral registró 911,324 votos para Castillo y 884,630 para Fernández. 

La disputa no terminó con las primarias. El 20 de octubre, Leonel Fernández abandonó el PLD y anunció la construcción de una nueva organización política. La crisis provocó una salida de dirigentes y funcionarios vinculados a su corriente. 

Danilo Medina respaldó abiertamente a Gonzalo Castillo. El 3 de octubre había asistido al cierre de su campaña interna y declaró públicamente que votaría por él. Durante la campaña presidencial de 2020 también encabezó actividades proselitistas en su apoyo.

El resultado fue una ruptura histórica: el PLD perdió a Leonel, una de sus principales figuras, y llegó a las elecciones dividido.

¿Fue la selección de Gonzalo una estrategia deliberada para impedir que surgiera otro liderazgo con capacidad de disputar la autoridad de Danilo? Esa interpretación ha sido planteada en el análisis político, pero no puede presentarse como una intención demostrada.

Sin embargo, existe un dato significativo. En octubre de 2022, la periodista Yanessi Espinal publicó en El Caribe un análisis que advertía que la candidatura presidencial podía convertirse en una prueba para el liderazgo de Medina. El artículo señalaba que la candidatura de Gonzalo Castillo, un dirigente sin estructura política propia, había sido fundamental para que Medina conservara el control interno después de la división de 2019. 

Ese es el precedente que merece atención: cuando el liderazgo de un partido depende demasiado de una sola persona, la competencia interna puede convertirse en una amenaza para quien controla la organización.

Abel Martínez y las preguntas sobre el liderazgo peledeísta

En 2024, Abel Martínez fue el candidato presidencial del PLD. La organización obtuvo un resultado electoral muy inferior al de sus anteriores participaciones y quedó reducida a una posición secundaria en el sistema de partidos.

Algunos sectores interpretaron la campaña como una muestra de falta de cohesión y respaldo interno. Sin embargo, no sería correcto afirmar que Danilo Medina saboteó deliberadamente a Abel: existen registros de que el expresidente participó en actividades de apoyo y de que dirigentes del PLD trabajaron en su campaña. 

La cuestión relevante es otra: ¿puede un partido reconstruirse si su liderazgo histórico no consigue establecer una relación de equilibrio con las nuevas figuras que aspiran a dirigirlo?

El caso del PLD demuestra que una organización puede conservar estructuras, dirigentes y presencia territorial, pero sufrir una fractura cuando la disputa por el liderazgo se vuelve más importante que el proyecto colectivo.

¿Está Abinader repitiendo el mismo patrón?

Aquí es donde el análisis debe mirar al PRM.

El partido oficialista tiene varias figuras con aspiraciones y capacidad de construir proyectos presidenciales: Carolina Mejía, David Collado y Wellington Arnaud, entre otros dirigentes que comienzan a posicionarse de cara a 2028.

El 13 de julio de 2026, El Día publicó un análisis sobre la reconfiguración de la Dirección Ejecutiva del PRM y las corrientes que comienzan a organizarse alrededor de los proyectos presidenciales. El periódico identificó a 18 dirigentes vinculados a Carolina Mejía, 11 a David Collado y 25 que permanecían independientes o próximos al entorno de Abinader. 

El propio presidente ha tenido que intervenir públicamente en el debate interno. El 21 de junio de 2026 pidió a los dirigentes que discutieran sus diferencias dentro del partido y afirmó que «ningún dirigente es más grande que el PRM». También defendió la idea de una organización de múltiples liderazgos. 

Esas declaraciones reflejan que la sucesión presidencial ya constituye un asunto de importancia dentro del oficialismo.

La pregunta es si Abinader permitirá que esos liderazgos crezcan con autonomía o si su influencia seguirá siendo determinante en la definición del futuro político de la organización.

No hay evidencia suficiente para afirmar que el presidente esté trabajando deliberadamente para entregar el poder a la oposición. Pero sí es legítimo examinar si sus decisiones, sus alianzas y su manejo de las corrientes internas pueden terminar debilitando a su propio partido.

Y aquí aparece una paradoja: un presidente puede conservar influencia dentro de su organización mientras ejerce el poder, pero esa influencia no necesariamente se transfiere a quien lo suceda.

Si los aspirantes necesitan depender permanentemente de la aprobación del presidente saliente, el partido corre el riesgo de no desarrollar una sucesión verdaderamente autónoma.

El poder también consiste en saber cuándo dejar espacio

Hay un elemento adicional en el comentario sobre la presencia de Fiallo y su referencia a la Unión Cívica Nacional. Es una alusión histórica y personal que merece su propio contexto, pero no debe confundirse con una prueba sobre las motivaciones de los integrantes del Consejo Nacional de la Magistratura.

Lo que sí debe quedar claro es que las instituciones no pueden depender de la simpatía, la confianza o los acuerdos personales entre dirigentes. La independencia judicial debe sostenerse en reglas, transparencia, méritos y garantías institucionales.

El PRM tiene una oportunidad que el PLD desperdició: organizar una competencia interna sin convertirla en una guerra por la supervivencia de su principal dirigente.

Danilo Medina dejó un precedente que merece estudiarse. Leonel Fernández salió del PLD, el partido se dividió y su capacidad electoral se redujo drásticamente. No todo se explica por una sola decisión ni por una sola persona, pero el conflicto por el liderazgo fue determinante.

Ahora la historia coloca al PRM frente a una pregunta parecida.

¿Luis Abinader quiere dejar un partido fortalecido, con varios liderazgos capaces de competir y sucederlo, o pretende conservar una influencia que podría terminar limitando el crecimiento de quienes deben garantizar la continuidad de su organización?

Porque hay una verdad que la política dominicana ha demostrado más de una vez: los partidos no solamente pierden el poder cuando gana la oposición. También pueden debilitarse desde dentro cuando sus dirigentes confunden el liderazgo colectivo con el control personal.

Y si el PRM no aprende de lo ocurrido con el PLD, podría descubrir demasiado tarde que conservar el control interno no es lo mismo que garantizar el futuro del partido.

El poder puede ser personal durante ocho años. La supervivencia de un partido, en cambio, depende de su capacidad para construir liderazgos que no necesiten pedirle permiso a su fundador o a su presidente saliente para existir.

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