La salida del senador Antonio Taveras Guzmán del Partido Revolucionario Moderno no solamente representa una nueva fractura interna dentro del oficialismo. También obliga a revisar cómo la actual cúpula del partido manejó el conflicto entre Taveras y el diputado Alexis Jiménez.
Y la realidad es simple:
el PRM le debe una disculpa pública a Alexis Jiménez.
Porque durante años fue maltratado políticamente, aislado e ignorado por enfrentar a una figura que el partido decidió proteger, imponer y priorizar, aun cuando muchos dirigentes internos advertían que las cosas no estaban bien.
Alexis Jiménez fue sacrificado políticamente – Dentro del PRM se construyó una narrativa donde Alexis era presentado como el problema, mientras Antonio Taveras era tratado como una figura intocable.
Pero con el paso del tiempo, muchas de las denuncias, tensiones y diferencias que Alexis planteaba terminaron explotando públicamente:
- conflictos internos,
- choque de intereses,
- diferencias políticas,
- confrontaciones con la estructura partidaria,
- y finalmente la salida del propio senador del partido.
Eso cambia completamente la lectura política de lo ocurrido.
Porque si una persona termina abandonando el proyecto que tanto el partido defendió y protegió, entonces hay que preguntarse:
¿valió la pena destruir políticamente a dirigentes históricos para imponerlo?
El PRM priorizó el poder económico sobre la militancia
Uno de los mayores errores de la actual dirección del PRM ha sido desplazar dirigentes orgánicos para favorecer figuras externas con poder económico, empresarial o mediático.
Y eso generó un profundo resentimiento interno.
Muchos perremeístas sienten que el partido dejó de premiar:
- la lealtad,
- el trabajo político,
- la militancia,
- y la construcción territorial.
En cambio, comenzaron a imponerse candidaturas sustentadas en:
- dinero,
- financiamiento,
- influencia,
- y capacidad operativa.
El caso de Santo Domingo fue uno de los ejemplos más evidentes de esa práctica.
Alexis Jiménez representaba a un dirigente surgido desde dentro del partido, mientras Antonio Taveras representaba el modelo de figura externa respaldada por sectores de poder.
Y la dirección del PRM tomó partido.
El tiempo terminó dándole la razón a Alexis
Cuando salió a la luz el famoso audio de Antonio Taveras, muchos intentaron concentrarse únicamente en la ilegalidad de la grabación.
Pero políticamente ocurrió algo más importante:
la imagen pública del senador quedó seriamente golpeada.
Las declaraciones sobre:
- el dinero invertido en campaña,
- las dinámicas internas,
- las orientaciones políticas,
- y el manejo del poder dentro del sistema partidario,
terminaron reforzando muchas de las críticas que desde hace años hacían dirigentes internos del PRM.
Entre ellos, Alexis Jiménez.
Por eso hoy mucha gente dentro del partido siente que Alexis fue tratado injustamente.
La actual cúpula del PRM manejó mal el conflicto
La dirección partidaria nunca actuó como árbitro neutral.
Por el contrario:
- permitió el aislamiento político de Alexis,
- favoreció una sola narrativa,
- y cerró espacios internos a dirigentes que cuestionaban ciertas decisiones.
Eso provocó heridas profundas dentro del partido.
Y ahora, con Antonio Taveras abandonando oficialmente el PRM, la organización queda en una posición incómoda:
porque el dirigente que defendieron y priorizaron termina marchándose, mientras el dirigente que enfrentaron sigue dentro del partido.
El PRM tiene que reflexionar
Este caso debe servir como una advertencia.
Los partidos políticos no pueden seguir destruyendo su propia base para beneficiar proyectos personales o candidaturas impuestas desde arriba.
Porque cuando una organización abandona a sus dirigentes históricos:
- pierde identidad,
- pierde cohesión,
- y comienza a fracturarse internamente.
El PRM todavía está a tiempo de corregir errores.
Pero para hacerlo, primero tiene que reconocerlos.
Y uno de esos errores fue el trato que recibió Alexis Jiménez.
Porque hoy, viendo cómo terminaron las cosas, queda claro que fue maltratado, ignorado y sacrificado políticamente por alguien que, al final, nunca estuvo verdaderamente comprometido con el proyecto partidario como muchos quisieron vender.
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