
La doble moral del PLD y Danilo Medina con las encuestas: cuando ayer era “regulación” y hoy es “persecución”
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La reciente reacción de Danilo Medina contra la suspensión de encuestas electorales dispuesta por la Junta Central Electoral ha abierto nuevamente el debate sobre una de las mayores contradicciones políticas del Partido de la Liberación Dominicana: defender reglas cuando les benefician y atacarlas cuando terminan afectándolos políticamente.
El expresidente calificó como “sumamente sospechosa” la medida de la JCE y aseguró que el oficialismo teme que se conozca su supuesto “descalabro electoral” rumbo al 2028. Según el presidente del PLD, Danilo Medina, el Gobierno quiere evitar que la población conozca la verdadera realidad política del Partido Revolucionario Moderno.
Sin embargo, el problema de ese discurso es que ignora deliberadamente un detalle fundamental: fue precisamente el PLD, bajo el liderazgo de Danilo Medina, uno de los principales impulsores de las regulaciones que hoy limitan el uso político de las encuestas fuera de los períodos oficiales de campaña.
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El PLD defendía exactamente lo contrario cuando estaba en el poder
Durante los debates legislativos de la Ley núm. 33-18 sobre Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos entre 2017 y 2018, el PLD impulsó restricciones estrictas para controlar la difusión de encuestas y frenar la promoción política anticipada.
En ese momento, el argumento peledeísta era completamente diferente al que hoy sostiene Danilo Medina.
El PLD afirmaba que existía una “guerra de encuestas” utilizada para manipular artificialmente la percepción pública, inflar candidaturas y crear escenarios ficticios de fortaleza política. Por eso defendieron que las firmas encuestadoras fueran reguladas por la JCE y que se limitaran los sondeos fuera de los períodos legales de campaña y precampaña.
En otras palabras: cuando el PLD controlaba el Estado, las restricciones eran presentadas como una necesidad democrática.
Ahora que están en la oposición, las mismas restricciones son descritas como una conspiración política.
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La contradicción política de Danilo Medina
La posición actual de Danilo Medina no solamente contradice el espíritu de la Ley 33-18; contradice directamente el discurso que el propio PLD utilizó para justificar esa legislación. Hoy Medina sostiene que prohibir encuestas busca ocultar la realidad electoral del oficialismo. Pero entre 2017 y 2018 el PLD defendía exactamente la idea contraria: que las encuestas podían distorsionar la realidad electoral y manipular psicológicamente a la población.
Es decir, antes las encuestas eran peligrosas porque podían alterar la percepción pública.
Ahora son necesarias porque supuestamente revelan “la verdad”.
La diferencia no parece ser jurídica ni democrática.
La diferencia es política.
El verdadero problema: el PLD perdió el control del sistema
La reacción del expresidente refleja algo mucho más profundo que un simple desacuerdo con la JCE: el PLD ya no controla las instituciones que antes utilizaba para estructurar el tablero político nacional.
Durante años, el partido morado dominó el Congreso, el Poder Ejecutivo y gran parte de la narrativa institucional del país. Desde esa posición impulsaron reformas, reglamentos y límites que consideraban necesarios para mantener “orden” en el sistema político.
Pero ahora que son oposición, muchas de esas mismas reglas comienzan a verse incómodas.
Y ahí aparece la principal acusación de hipocresía:
cuando las normas beneficiaban al PLD eran defendidas como institucionalidad;
cuando las mismas normas afectan al PLD son denunciadas como manipulación.
La “guerra de encuestas” que el PLD decía combatir
El argumento histórico del PLD era claro: evitar que las encuestas fueran utilizadas como herramientas propagandísticas para fabricar candidaturas artificialmente competitivas o generar percepciones de invencibilidad.
Paradójicamente, ese es exactamente el mismo argumento que hoy utiliza el oficialismo y sectores de la JCE para justificar controles más estrictos sobre sondeos en períodos no electorales.
Lo que cambia no es el razonamiento.
Lo que cambió fue quién está arriba y quién está abajo en las encuestas.
El efecto psicológico de las encuestas en política
Las encuestas no solamente miden opinión pública; también construyen narrativas políticas.
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Eso el PLD lo entendía perfectamente cuando estaba en el poder.
Por eso impulsaron restricciones: porque sabían que una encuesta repetida constantemente puede influir en donantes, dirigentes medios, militantes, líderes comunitarios y hasta en el llamado “voto útil”.
Ahora bien, el problema para Danilo Medina es que utilizar hoy ese argumento en sentido contrario termina dejando en evidencia una contradicción difícil de ocultar:
si las encuestas eran tan peligrosas para la democracia cuando el PLD gobernaba…
¿por qué ahora son indispensables para la transparencia política?
El desgaste del discurso peledeísta
Otro elemento importante es que el PLD parece estar intentando reposicionarse políticamente utilizando el descontento interno y externo contra el PRM. Sin embargo, ese esfuerzo enfrenta una dificultad evidente: gran parte de la población recuerda perfectamente cómo actuaba el propio PLD cuando tenía el control absoluto del sistema político.
Por eso, cada vez que dirigentes peledeístas denuncian concentración de poder, manipulación institucional o uso estratégico de reglas electorales, inevitablemente aparece una comparación con prácticas similares aplicadas durante sus propios gobiernos.
Y esa memoria política limita enormemente la efectividad de sus ataques.
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El debate real no es Danilo ni el PRM
Más allá de la confrontación partidaria, el verdadero debate de fondo sigue siendo otro:
¿las reglas electorales dominicanas se construyen para proteger la democracia… o dependiendo de quién tenga el poder en cada momento?
Porque tanto el PLD como el PRM han demostrado algo parecido:
cuando gobiernan defienden controles institucionales;
cuando pasan a la oposición comienzan a cuestionarlos.
Y mientras los partidos cambian de discurso según su conveniencia política, la ciudadanía sigue observando cómo muchos principios democráticos parecen negociables dependiendo de quién controle el poder.
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