
Amalfi Suárez frente a la controversia de la leche pasteurizada: cuando una falla de origen supera la gestión regional
Lee la cobertura completa en Hackeando el Sistema.
La controversia surgida en Santiago por el rechazo de leche pasteurizada en alrededor de 20 centros educativos podría ser interpretada, a primera vista, como otro problema administrativo dentro del Programa de Alimentación Escolar. Sin embargo, cuando se examinan las circunstancias, aparece una realidad mucho más compleja: hay problemas cuya solución excede ampliamente la voluntad, la capacidad operativa e incluso las competencias de un funcionario regional.
Amalfi Suárez, directora de la Regional 08 del Instituto Nacional de Bienestar Estudiantil (INABIE), ha quedado en el centro de una situación que, paradójicamente, expone más las debilidades estructurales del sistema que una falla atribuible exclusivamente a su gestión.
El problema es relativamente sencillo de explicar.
La leche UHT que tradicionalmente ha sido utilizada en el desayuno escolar puede conservarse sin refrigeración mientras permanezca cerrada. La leche pasteurizada, en cambio, exige mantener una cadena de frío estricta. Introducir ese producto en centros educativos que todavía no cuentan con refrigeradores suficientes implica modificar no solamente el alimento que se distribuye, sino toda la infraestructura logística que permite conservarlo.
Eso significa equipos de refrigeración, electricidad confiable, procedimientos adecuados de recepción, transporte con temperatura controlada, supervisión, horarios coordinados y personal que conozca los protocolos.
Si cualquiera de esos elementos falla, falla la cadena completa.
Por eso resulta injusto reducir la discusión a si Amalfi Suárez pudo o no evitar que varias escuelas rechazaran el producto.
La pregunta correcta debería ser otra:
¿Estaba preparado todo el sistema antes de cambiar la modalidad de leche que recibirían esos centros educativos?
Y los acontecimientos indican que, al menos en determinados planteles de San José de las Matas, Santiago Este y Santiago Oeste, esa infraestructura no estaba completamente preparada.
La propia Regional 08 ha reconocido que la transición hacia la leche pasteurizada representa un reto importante para la cadena de frío y, lejos de cuestionar a los directores que rechazaron el producto, Suárez terminó respaldando su decisión al considerar que actuaron responsablemente al no recibir un alimento que no podían conservar bajo las condiciones requeridas.
Ese elemento cambia considerablemente la lectura de la controversia.
No estamos ante una funcionaria intentando imponer la recepción del producto ignorando las consecuencias. Estamos ante una regional que, frente a una deficiencia detectada, ha tenido que reaccionar sobre una logística que involucra decisiones, suplidores, infraestructura y niveles administrativos que van mucho más allá de una sola persona.
De hecho, fueron anunciadas medidas concretas: suspensión preventiva de las entregas en los centros sin refrigeración adecuada, reuniones técnicas con procesadores y distribuidores para revisar transporte, horarios y temperaturas, así como un levantamiento de la infraestructura disponible para determinar dónde hacen falta equipos de refrigeración.
Ese comportamiento merece ser incorporado al análisis.
El problema de fondo no comenzó con Amalfi
Uno de los errores frecuentes de la administración pública dominicana consiste en personalizar problemas que son esencialmente sistémicos.
Cada vez que una institución falla en algún punto de su operación, inmediatamente se busca un rostro sobre el cual colocar toda la responsabilidad. Sin embargo, programas de la magnitud del desayuno escolar funcionan mediante largas cadenas administrativas.
Hay planificación nacional, regionales, distritos educativos, directores escolares, suplidores, transportistas, supervisores, técnicos y estructuras administrativas intermedias.
Un director regional puede establecer controles, realizar inspecciones, exigir correcciones y elevar reportes, pero no puede materializar de manera instantánea una infraestructura que durante años no fue desarrollada.
Diez días antes de que trascendiera públicamente la controversia de la leche, Amalfi Suárez explicaba que la Regional 08 estaba realizando visitas sorpresivas a centros educativos para supervisar la calidad de los alimentos y documentar incumplimientos sin importar quién fuera el suplidor involucrado.
Esa información es importante porque permite establecer una diferencia fundamental entre tener problemas bajo una gestión y ser la causa de esos problemas.
No son necesariamente la misma cosa.
Un funcionario que encuentra una estructura con deficiencias acumuladas puede pasar buena parte de su administración gestionando consecuencias de decisiones que no tomó, contratos que no diseñó, infraestructuras que no construyó y procedimientos que no creó.
Y esa es precisamente una de las enfermedades históricas del Estado dominicano.
Un funcionario tampoco trabaja solo
Existe además otro elemento del que pocas veces se habla.
Las instituciones no funcionan únicamente por la capacidad de quien las dirige.
Un buen gerente acompañado por una estructura técnica deficiente tendrá enormes dificultades para producir buenos resultados.
La administración pública necesita funcionarios preparados en todos sus niveles. Técnicos con experiencia, supervisores que entiendan su responsabilidad, mandos intermedios capaces de anticipar problemas y colaboradores que comprendan que administrar recursos públicos no es simplemente ocupar una posición.
Cuando las designaciones no responden suficientemente a criterios de preparación, experiencia, responsabilidad y compromiso institucional, la carga termina concentrándose sobre quienes sí intentan hacer funcionar la estructura.
No sería responsable afirmar, sin pruebas específicas, que esa sea exactamente la situación de cada integrante de la Regional 08. Pero sí constituye una pregunta necesaria para INABIE y para toda la administración pública:
¿Estamos proporcionando a nuestros funcionarios los equipos humanos y técnicos necesarios para exigirles posteriormente resultados?
Porque ninguna institución puede depender exclusivamente de la capacidad individual de su director.
Un sistema correctamente diseñado debe funcionar incluso cuando cambia quien está arriba.
La leche reveló un problema mayor
La controversia de la leche pasteurizada debería servir, entonces, para algo más importante que buscar culpables.
Debería obligar al INABIE a revisar cómo se diseñan e implementan las modificaciones del Programa de Alimentación Escolar.
Si se decide sustituir o complementar leche UHT con leche pasteurizada, primero debe existir certeza de que cada escuela incorporada al esquema cuenta con condiciones para conservarla.
El orden lógico debe ser:
infraestructura, protocolo, verificación y luego distribución.
Nunca al revés.
Lo contrario convierte a directores escolares, regionales y suplidores en administradores de una improvisación cuyo origen está varios niveles por encima de ellos.
En ese contexto, Amalfi Suárez tiene ahora una responsabilidad importante, pero diferente a la que algunos podrían atribuirle.
No tiene que defender lo indefendible.
Tiene que hacer exactamente lo que parece haber comenzado a hacer: identificar los centros que no tienen condiciones, detener allí la distribución del producto, exigir soluciones logísticas, documentar cada deficiencia y garantizar que ningún alimento llegue a los estudiantes si existe riesgo para su conservación.
La Regional 08 incluso ha reconocido públicamente como correcta la actuación de los directores que se negaron a recibir la leche sin refrigeración adecuada. Esa postura es institucionalmente más sana que intentar ocultar el problema.
La verdadera evaluación de Amalfi Suárez comienza ahora
Todo funcionario público debe ser fiscalizado.
Amalfi Suárez también.
Defenderla de una responsabilidad que no necesariamente le corresponde no significa otorgarle un cheque en blanco.
La evaluación justa de su gestión deberá hacerse observando qué ocurre después de conocida la crisis.
¿Se identificarán todos los centros sin refrigeradores?
¿Se instalarán los equipos necesarios?
¿Se fiscalizará realmente a los suplidores?
¿Se mantendrán las inspecciones?
¿Habrá consecuencias cuando alguien incumpla?
Esos son los parámetros mediante los cuales deberá juzgarse su desempeño.
Porque la buena administración pública no consiste en gobernar instituciones donde nunca aparecen problemas. Esas instituciones no existen.
Consiste en detectar los problemas, reconocerlos, determinar dónde se originaron y corregirlos.
La controversia de la leche pasteurizada puede convertirse en una oportunidad para que INABIE corrija una falla estructural antes de que tenga consecuencias mayores.
Y también para comprender algo que demasiadas veces olvidamos cuando evaluamos la administración pública:
no todo problema que explota durante la gestión de un funcionario nació con ese funcionario.
En el caso de Amalfi Suárez, lo ocurrido hasta ahora apunta precisamente hacia esa diferencia.
La leche pasteurizada llegó a Santiago exigiendo una infraestructura que algunos centros simplemente no tenían.
Ese es el verdadero problema.
Ahora corresponde determinar quién diseñó la operación sin garantizar previamente esas condiciones y, sobre todo, quién será capaz de corregirlas.
Cargando comentarios...
Comentarios de la red
No hay comentarios registrados en este nodo.





