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PRM 2028: las encuestas pueden vender una percepción, pero la primaria tendrá que contar los votos

PRM 2028: las encuestas pueden vender una percepción, pero la primaria tendrá que contar los votos

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Administrador HES 1ADMINISTRADOR HES 1/26 AGO DE 2026/1 MIN/visibility161 VISTAS
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Hay una lección de la historia reciente del PRD que conviene recordar antes de dar por definida la carrera presidencial del PRM:

una cosa es liderar la conversación pública y otra muy distinta es tener los votos suficientes para ganar una convención interna.

Pero hay que hacer una precisión histórica. En la convención del PRD de 2011, Hipólito Mejía no llegó a las primarias dependiendo de una supuesta ventaja oculta frente a Miguel Vargas. De hecho, varias encuestas publicadas antes de la votación mostraban a Hipólito arriba: Gallup lo situó en 52.6 % frente a 41.7 % de Vargas, mientras otros estudios lo colocaban incluso por encima del 60 %. (Listín Diario) Finalmente, Mejía ganó con 53.30 % frente a 46.70 %, en una convención que registró 927,072 votos válidos. (Diario Libre)

Por tanto, la verdadera lección de aquel proceso no es que las encuestas necesariamente se equivocan, sino que ninguna encuesta sustituye una elección interna.

Y esa diferencia resulta fundamental para entender el PRM de 2026.

David Collado tiene una ventaja real, pero no tiene la candidatura en el bolsillo

Sería un error negar el posicionamiento de David Collado.

Las mediciones disponibles le han otorgado una ventaja importante. Una encuesta Gallup publicada en mayo lo situó con 61.8 % entre simpatizantes del PRM, frente a 21.1 % de Carolina Mejía. 

Pero otra medición publicada en agosto presenta un escenario completamente diferente: Collado 36 % y Carolina 34 %, apenas dos puntos de diferencia. 

Y una encuesta realizada entre miembros del PRM en el Distrito Nacional también colocó a Carolina por encima de Collado, 35.8 % contra 23.2 %. 

¿Qué significa esto?

Que las encuestas no están contando una misma historia.

Y precisamente por eso resulta exagerado convertir una medición determinada en la conclusión de que la candidatura presidencial del PRM está prácticamente decidida.

La gran diferencia: el PRM tiene un padrón cerrado

El PRM depositó ante la JCE un padrón actualizado de 1,551,727 afiliados, después de un proceso de actualización y depuración. (Periodico Oficial del PRM)

Si la candidatura termina definiéndose mediante una primaria cerrada, la pregunta central no será:

¿Quién es más conocido?

Será:

¿Quién puede movilizar a los afiliados inscritos?

Y ahí cambia completamente el tablero.

David ha construido una extraordinaria percepción pública. Eso es una fortaleza política indiscutible.

Pero Carolina Mejía y Wellington Arnaud tienen otra fortaleza: estructura partidaria y territorial.

No necesariamente producen los mismos titulares que una encuesta nacional, pero pueden ser decisivas el día de una votación interna.

Carolina y Wellington son la variable que el relato de la “candidatura inevitable” no puede ignorar

La nueva dirección del PRM dejó una fotografía bastante reveladora.

Juan Garrigó Mejía quedó como secretario general; Gloria Reyes, vinculada al eje Collado-Yayo, asumió Organización; y Luis Delgado, identificado con el proyecto de Wellington Arnaud, quedó al frente de Asuntos Electorales. Rosa Santos también entró como subsecretaria general. 

Es decir:

no apareció un ganador absoluto.

Aparecieron tres polos con capacidad de negociación.

Y eso explica por qué resulta prematuro presentar el acuerdo David-Yayo como si hubiera resuelto la candidatura presidencial.

Lo que consiguió esa alianza fue un salto importante en poder interno.

No la nominación.

El escenario que realmente podría cambiarlo todo

Hay una hipótesis que merece especial atención:

¿Qué ocurriría si Carolina Mejía y Wellington Arnaud llegan a un acuerdo?

La respuesta política sería inmediata: el equilibrio interno cambiaría sustancialmente.

Ambos tienen estructuras diferentes, pero complementarias.

Carolina aporta el componente del liderazgo histórico del hipolitismo y una fuerte presencia institucional y territorial.

Wellington ha desarrollado una estructura propia dentro del partido, particularmente entre dirigentes municipales y provinciales.

Si esas dos fuerzas consiguieran ponerse de acuerdo, David tendría enfrente algo mucho más grande que una candidatura individual.

Ahora bien, tampoco hay que vender esa alianza como inevitable.

Carolina quiere ganar.

Wellington quiere ganar.

Y el principal obstáculo para una alianza entre ambos puede ser precisamente la pregunta más sencilla:

¿quién encabeza?

Por eso el debate sobre el consenso es tan importante

Aquí aparece una diferencia estratégica.

Desde sectores vinculados a David se ha planteado la idea de un candidato de consenso, mientras Wellington ha defendido públicamente que la fortaleza real debe medirse en las bases y ha cuestionado la utilización de las encuestas para proyectar una candidatura como inevitable. (Debate)

No es difícil entender por qué.

El consenso favorece al que llega con mayor percepción de ventaja.

Una primaria, en cambio, obliga a todos a demostrar estructura.

Y ahí es donde las estrategias son distintas.

David ha sido extraordinariamente eficaz construyendo conocimiento y percepción.

Carolina y Wellington necesitan demostrar que pueden convertir su estructura en votos efectivos.

El error sería confundir percepción con organización

Collado tiene algo que sus adversarios no pueden ignorar: es probablemente el aspirante con mayor nivel de conocimiento y aceptación pública.

Pero también enfrenta una pregunta legítima: ¿cuánto de ese posicionamiento se convierte en respaldo dentro de un padrón cerrado?

Esa respuesta todavía no existe.

Y tampoco sería serio afirmar lo contrario: que David no tiene estructura.

La tiene.

La alianza con Yayo demostró que puede construirla y ocupar espacios estratégicos dentro del partido. (Debate)

Por eso el análisis objetivo no puede ser “David no tiene votos”.

Tampoco puede ser “David ya ganó”.

La realidad está en el medio.

Tres escenarios

1. Consenso alrededor de David

Sería el escenario más cómodo para Collado, pero requeriría convencer a Carolina, Wellington y sus respectivas estructuras de que apoyar al ministro de Turismo es mejor que competir.

Hoy no parece una tarea sencilla.

2. Carolina y Wellington se ponen de acuerdo

Este sería probablemente el escenario más disruptivo.

Una alianza entre ambos podría modificar radicalmente la correlación de fuerzas y obligar a David a competir contra una estructura combinada.

3. Los tres llegan hasta el final

Este escenario tampoco puede descartarse.

Y aquí puede ocurrir algo interesante: Carolina y Wellington podrían terminar primero y segundo, dependiendo de cómo se distribuya el voto de estructura y de la participación efectiva del padrón.

David podría seguir siendo el favorito en las encuestas y, simultáneamente, enfrentar una competencia mucho más cerrada en una primaria.

La conclusión es sencilla: el PRM todavía no tiene candidato

David Collado tiene la ventaja de la percepción.

Carolina Mejía tiene estructura.

Wellington Arnaud también tiene estructura.

Y ninguno de los tres ha demostrado todavía que puede convertir todo eso en una mayoría dentro del padrón que finalmente vote.

Por eso conviene bajar un poco el volumen de la propaganda política y subir el de la matemática electoral.

Las encuestas sirven para medir el momento.

Las estructuras sirven para organizar la competencia.

Pero la primaria sirve para contar los votos.

Y mientras el PRM no llegue a ese momento, no hay candidato definido, por más veces que algunos medios, comentaristas o equipos políticos repitan lo contrario.

La historia del PRD dejó una enseñanza importante.

La del PRM de 2028 todavía está por escribirse.

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