Durante años, la República Dominicana ha permitido que el sistema de partidos políticos se convierta en un negocio financiado por los contribuyentes. Cada proceso electoral aparecen las mismas organizaciones que nadie conoce, nadie escucha y casi nadie vota. Sin embargo, siguen existiendo porque el sistema les permite sobrevivir con el reconocimiento legal y los beneficios que este conlleva.
Por eso, desde HackeandoElSistema.net respaldamos plenamente la decisión de cancelar el reconocimiento de aquellos partidos y movimientos que no logren alcanzar el 1 % de los votos válidos emitidos.
No solo la apoyamos.
Creemos que esa reforma se queda corta.
La democracia no puede seguir financiando partidos que en la República Dominicana no hacen política
Si una organización política existe únicamente para aparecer en la boleta electoral cada cuatro años, negociar una alianza de última hora y luego desaparecer del debate nacional, entonces no está cumpliendo la función para la cual fue creada.
La política no consiste en tener un local, un presidente y un logo.
La política consiste en producir ideas.
En defender principios.
En cuestionar al Gobierno cuando corresponde.
En fiscalizar.
En presentar propuestas.
En formar nuevos liderazgos.
En representar sectores de la sociedad.
¿Cuántos de estos partidos han presentado una propuesta seria para enfrentar la inseguridad?
¿Cuántos han fijado posición sobre la crisis del sistema eléctrico?
¿Cuántos han elaborado un plan para mejorar la educación pública?
¿Cuántos han realizado investigaciones sobre el gasto público?
¿Cuántos han liderado una lucha social importante?
La respuesta, en la mayoría de los casos, es evidente.
No aparecen.
No opinan.
No incomodan al poder.
No generan debates.
Simplemente esperan la próxima campaña.
Un gasto que paga toda la sociedad
Cada partido reconocido implica costos para el Estado.
No se trata únicamente del financiamiento público directo.
También existe un costo administrativo para la Junta Central Electoral, supervisión, procesos internos, boletas, logística, auditorías, capacitación y toda una estructura institucional que termina financiándose con los impuestos de millones de dominicanos.
Mientras hospitales necesitan recursos, escuelas requieren inversión, la seguridad ciudadana demanda mayor presupuesto y miles de familias enfrentan dificultades económicas, el Estado continúa sosteniendo organizaciones cuya utilidad para la democracia resulta, cuando menos, cuestionable.
Los impuestos deben servir para resolver problemas nacionales, no para mantener estructuras políticas sin respaldo ciudadano.
Partidos sin ideología
Uno de los mayores problemas del sistema político dominicano es que buena parte de estas organizaciones ni siquiera pueden definirse ideológicamente.
No representan una corriente liberal.
No representan una visión conservadora.
No representan el socialismo.
No representan el humanismo cristiano.
No representan el ecologismo.
No representan absolutamente nada.
Hoy apoyan a un partido.
Mañana apoyan al adversario.
La ideología cambia según la conveniencia electoral.
Eso demuestra que muchas de estas organizaciones dejaron de ser instrumentos de representación ciudadana para convertirse en simples vehículos de negociación política.
El 1 % debería ser apenas el punto de partida
En HackeandoElSistema.net creemos que conservar el reconocimiento como partido político debería ser mucho más difícil.
Además del respaldo electoral, toda organización debería demostrar de manera permanente:
- Presencia organizativa real en todo el territorio nacional.
- Militancia verificable.
- Procesos internos democráticos.
- Formación política constante.
- Producción de propuestas sobre los grandes temas nacionales.
- Transparencia absoluta en el manejo de los recursos públicos.
- Participación permanente en el debate nacional y no únicamente durante las campañas.
Ser partido político debe ser un privilegio ganado con trabajo, no una franquicia permanente otorgada por la ley.
Menos partidos, más democracia
Algunos argumentarán que eliminar partidos limita el pluralismo.
Es exactamente lo contrario.
Una democracia fuerte no se mide por la cantidad de logos impresos en una boleta electoral.
Se mide por la calidad de sus organizaciones políticas.
Se mide por la capacidad de sus partidos para representar ciudadanos, producir propuestas y exigir cuentas al poder.
Cuando existen decenas de organizaciones sin incidencia alguna, el sistema pierde credibilidad.
La política se fragmenta.
El elector se confunde.
Y el financiamiento público termina dispersándose entre estructuras que aportan muy poco al desarrollo institucional del país.
La política necesita instituciones, no negocios. La República Dominicana necesita menos partidos de alquiler y más organizaciones capaces de construir una visión de país.
Necesita partidos que estudien los problemas nacionales.
Que publiquen investigaciones.
Que formen líderes.
Que presenten proyectos de ley.
Que desafíen al Gobierno cuando sea necesario y que también sean capaces de hacer oposición con argumentos.
La democracia dominicana no será más fuerte porque existan treinta, cuarenta o cincuenta partidos.
Será más fuerte cuando cada organización política que sobreviva demuestre que merece existir.
Y si una reforma elimina a los partidos que durante años no han logrado conectar con la ciudadanía, entonces no estaremos perdiendo democracia.
Estaremos comenzando a recuperarla.
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