¿Sacrificó Abinader el capital político de Faride Raful? La trayectoria política de Faride Raful ha experimentado una transformación profunda desde las elecciones de 2024. Pasó de ser una de las figuras con mayor proyección dentro del PRM y una de las voces más visibles del Congreso Nacional a convertirse en ministra de Interior y Policía, una de las carteras más complejas del Estado dominicano.
Esta transición ha generado un debate legítimo: ¿fue una promoción política o una decisión que terminó erosionando su capital político?
Del Senado a un ministerio de alto riesgo
Faride Raful construyó gran parte de su imagen pública desde el Congreso. Su perfil estaba asociado a la fiscalización, el debate legislativo, la transparencia y la comunicación política.
Con la conformación del nuevo gobierno, el presidente Luis Abinader la designó ministra de Interior y Policía. Se trató de una decisión política válida dentro de las atribuciones constitucionales del Presidente.
Sin embargo, desde el punto de vista estratégico, el cambio implicó abandonar un escenario donde Raful tenía fortalezas demostradas para asumir la conducción de una institución históricamente considerada una de las más difíciles del Estado.
Un ministerio con problemas estructurales
Interior y Policía no enfrenta únicamente problemas administrativos.
La institución convive con desafíos acumulados durante décadas:
- una Policía Nacional con graves problemas de confianza ciudadana;
- denuncias recurrentes de uso excesivo de la fuerza;
- cuestionamientos sobre transparencia y rendición de cuentas;
- dificultades para implementar una reforma policial integral;
- resistencia interna a los cambios institucionales.
Diversos informes de organismos nacionales e internacionales han documentado durante años problemas relacionados con abusos policiales, uso excesivo de la fuerza y debilidades institucionales. Estos desafíos son anteriores a la llegada de Faride Raful y continúan siendo uno de los principales retos del Estado dominicano.
El costo político
En política, muchas veces importa menos quién es responsable de un problema que quién aparece como responsable ante la opinión pública.
Desde su llegada al ministerio, numerosos casos de actuaciones policiales cuestionadas han terminado asociados mediáticamente a su gestión, aun cuando muchas de esas prácticas responden a problemas estructurales que anteceden a su nombramiento.
El resultado ha sido un evidente desgaste de su imagen pública.
Una figura que anteriormente concentraba atención por sus posiciones legislativas ahora aparece con frecuencia vinculada a crisis de seguridad ciudadana, denuncias sobre actuaciones policiales y cuestionamientos a la implementación de la reforma policial.
¿Tenía el perfil adecuado?
Es un debate político legítimo preguntarse si Faride Raful reunía la experiencia administrativa y operativa que exige un ministerio como Interior y Policía.
Su carrera se había desarrollado principalmente en:
- el ejercicio legislativo;
- el debate jurídico;
- la comunicación política;
- la producción legislativa.
No existían antecedentes públicos relevantes de experiencia en dirección de organismos de seguridad, administración policial o manejo de estructuras operativas similares.
Eso no significa que una persona no pueda desempeñar exitosamente una función distinta a su experiencia previa, pero sí implica enfrentar una curva de aprendizaje especialmente exigente en una de las instituciones más complejas del Estado.
El factor cultural e institucional
República Dominicana mantiene importantes desafíos culturales en materia de igualdad de género.
Aunque numerosas mujeres han demostrado capacidad para dirigir instituciones complejas, los organismos de seguridad históricamente han estado dominados por estructuras jerárquicas tradicionalmente masculinas.
La Policía Nacional posee además una cultura organizacional formada durante décadas, cuya transformación requiere reformas profundas, liderazgo institucional sostenido y respaldo político permanente.
Por ello, cualquier ministro o ministra enfrenta importantes resistencias internas, independientemente de su género.
La comunicación también ha influido
Otro elemento que ha incidido en el desgaste ha sido la percepción pública sobre el estilo comunicacional de la ministra.
Diversos sectores consideran que algunas respuestas frente a críticas o cuestionamientos han sido percibidas como poco receptivas o excesivamente confrontativas.
En política, la percepción pública suele ser tan determinante como la gestión misma.
¿Quién asume el costo político?
La gran interrogante es si el desgaste político de Faride Raful era un efecto previsible del cargo.
Interior y Policía ha consumido políticamente a numerosos funcionarios antes que ella.
Cuando una institución enfrenta problemas estructurales durante décadas, el riesgo de desgaste para quien la dirige es extraordinariamente alto.
Dos interpretaciones políticas
Desde un análisis político pueden plantearse dos hipótesis, ambas pertenecientes al terreno de la interpretación y no de los hechos comprobados.
La primera sostiene que el Presidente Abinader, cometió un error de cálculo político al colocar a una de las dirigentes con mayor proyección electoral como Faride Rafulen una de las posiciones con mayor riesgo de desgaste institucional.
La segunda plantea que el costo político era previsible y, aun así, se tomó la decisión de asignarle esa responsabilidad, aceptando el impacto que ello podría tener sobre su proyección futura.
Hasta la fecha no existe evidencia pública que permita concluir que la decisión respondiera a una intención deliberada de perjudicar políticamente a Faride Raful. Cualquier afirmación en ese sentido pertenece al ámbito de la especulación política y no puede presentarse como un hecho.
Lo que sí resulta verificable es que Faride Raful pasó de ocupar una posición donde acumulaba capital político a encabezar uno de los ministerios más difíciles del Estado dominicano.
También es observable que su imagen pública hoy enfrenta mayores niveles de cuestionamiento que durante su etapa como senadora, debido principalmente a las controversias asociadas a la seguridad ciudadana, las actuaciones policiales y la implementación de la reforma policial.
El debate político, por tanto, no debería centrarse únicamente en la figura de la ministra, sino también en la responsabilidad del diseño institucional y de las decisiones estratégicas adoptadas por el Poder Ejecutivo al asignar a cada funcionario el lugar donde puede aportar mejores resultados para el país.
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