La decisión de extender los mandatos internos dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM) puede beneficiar momentáneamente a la cúpula partidaria, pero políticamente coloca a Carolina Mejía en una posición delicada.
Y precisamente por eso, independientemente de lo que finalmente decida la dirección del partido, Carolina debería dar un paso al lado y renunciar a la secretaría general del PRM cuando concluya su mandato legal.
No porque esté obligada políticamente.
Sino porque estratégicamente le conviene.
El problema: Carolina Mejía, está siendo arrastrada por el desgaste de la cúpula. Hoy existe una realidad inocultable dentro del PRM: una parte importante de la base siente frustración con la dirección partidaria.
Las críticas internas apuntan hacia:
- Concentración del poder
- Falta de renovación
- Imposición de estructuras
- Exclusión de dirigentes medios y de base
- Y resistencia a competir democráticamente
En ese contexto, la decisión de extender mandatos sin elecciones internas ha generado rechazo porque muchos militantes entienden que viola tanto los estatutos del partido como el espíritu de la Ley Electoral Dominicana.
El artículo 152 de los estatutos del PRM establece períodos definidos de dirección.
Y el artículo 28 de la Ley Electoral fija límites claros respecto a la duración de los organismos internos.
Por eso, aunque Carolina no sea necesariamente la arquitecta principal de esta decisión, su permanencia como secretaria general la convierte automáticamente en rostro institucional del problema.
Y eso le hace daño políticamente.
El riesgo para Carolina: quedar asociada al “viejo PRM”
Aquí está el punto central.
Carolina Mejía tiene una oportunidad histórica de construir una narrativa presidencial diferente:
- Moderna
- Institucional
- Cercana a las bases
- Y separada de las prácticas tradicionales de control partidario
Pero si permanece en la secretaría general bajo un esquema de extensión de mandatos cuestionado internamente, corre el riesgo de quedar asociada exactamente a lo contrario:
- Continuismo
- Imposición
- Acuerdos de cúpula
- Y miedo al voto interno
Eso es extremadamente peligroso para una aspiración presidencial.
Porque una candidatura presidencial no se construye solamente con apoyo institucional. También necesita legitimidad emocional dentro de la base.
La lectura de las bases: quieren ruptura, no administración del descontento
La base del PRM está enviando señales claras.
Muchos dirigentes y militantes sienten que el gobierno se alejó de ellos. Se sienten olvidados, desplazados y utilizados únicamente en períodos electorales.
Por eso, antes de las elecciones nacionales, quieren expresar internamente su inconformidad.
Y esa inconformidad tiene una característica importante:
busca figuras que desafíen el status quo.
La militancia no está pidiendo más de lo mismo.
Está buscando renovación, irreverencia política y cambios reales dentro del partido.
En términos coloquiales:
la base quiere que rueden cabezas.
La oportunidad de Carolina: diferenciarse antes de que sea tarde
Precisamente por eso, Carolina tiene una salida estratégica inteligente:
Renunciar voluntariamente a la secretaría general cuando su mandato concluya legalmente y explicar públicamente que desea concentrarse en:
- Su gestión como alcaldesa
- Su visión de país
- Y la construcción de un proyecto político nacional
Aunque todos entiendan que eso equivaldría a enfocarse en su proyecto presidencial hacia 2028, la señal política sería poderosa.
¿Por qué?
Porque marcaría distancia de una estructura cuestionada sin necesidad de confrontar directamente al partido.
Eso le permitiría:
- Reducir el desgaste político
- Conectar emocionalmente con las bases inconformes
- Proyectar independencia
- Y presentarse como una figura distinta dentro del PRM
La diferencia entre liderazgo y administración
Muchos dirigentes creen que conservar posiciones partidarias fortalece sus aspiraciones. A veces ocurre exactamente lo contrario.
Hay momentos en que el liderazgo exige desprenderse del aparato para proteger el capital político.
Y este parece ser uno de esos momentos.
Si Carolina insiste en mantenerse vinculada a una dirección partidaria percibida como cerrada e impopular internamente, terminará absorbiendo un desgaste que no necesariamente le pertenece.
Pero si toma distancia ahora, puede transformarse en:
- La figura que entendió el malestar interno
- La dirigente que respetó los límites institucionales
- Y la aspirante que decidió no aferrarse al poder partidario
El cálculo político real: la presidencia vale más que la secretaría general
Desde una perspectiva estratégica, Carolina debe preguntarse qué pesa más:
- ¿Mantener una posición administrativa dentro del partido?
o - ¿Construir una candidatura presidencial con legitimidad propia?
Porque ambas cosas empiezan a entrar en contradicción.
La secretaría general hoy le da estructura.
Pero también le transfiere desgaste.
Y en política presidencial, la percepción suele ser más importante que el organigrama.
Carolina Mejía aún está a tiempo de redefinir su narrativa dentro del PRM
La extensión de mandatos dentro del PRM puede ser legalmente cuestionable y políticamente impopular. Pero el verdadero impacto estará en cómo reaccionen las principales figuras del partido.
Y Carolina Mejía todavía tiene margen para tomar una decisión inteligente.
Si renuncia a la secretaría general cuando corresponda legalmente, puede enviar un mensaje poderoso:
Que está dispuesta a respetar las reglas, escuchar las bases y diferenciarse de una lógica de control interno que hoy genera rechazo.
Eso no debilitaría su proyecto presidencial.
Probablemente lo fortalecería.
Porque en momentos de crisis interna, los liderazgos que sobreviven no son los que se aferran a los cargos.
Son los que entienden cuándo tomar distancia del desgaste para convertirse en alternativa.
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