El Partido Revolucionario Moderno (PRM), organización que llegó al poder vendiéndose como una estructura democrática, moderna y distinta a los viejos partidos tradicionales, acaba de tomar una decisión que expone exactamente lo contrario: el miedo de su cúpula a someterse al escrutinio interno de su propia militancia.
Según ha trascendido, José Ignacio Paliza permanecerá un año más al frente del partido y Carolina Mejía continuará en la secretaría general por el mismo período. Pero la decisión más delicada es otra: las direcciones municipales del PRM también serían extendidas por dos años adicionales, eliminando en la práctica la posibilidad de renovación inmediata de las estructuras locales.
Es decir, no habrá elecciones internas municipales en el PRM hasta dentro de dos años.
Y eso tiene implicaciones políticas, legales y morales extremadamente serias
El problema central: la decisión contradice los estatutos y la ley
El primer punto que debe quedar claro es que esta medida entra en contradicción directa tanto con los estatutos internos del PRM como con la legislación electoral dominicana.
El artículo 152 de los estatutos del PRM establece claramente que los organismos de dirección tienen una duración de cuatro años. No habla de extensiones discrecionales ni de prorrogas indefinidas por conveniencia política.
Pero además, la propia Ley Electoral Dominicana también fija límites.
El artículo 28 establece que la duración de los organismos internos partidarios no puede exceder el tiempo constitucional establecido para los cargos de elección popular, es decir: cuatro años.
Entonces la pregunta es inevitable:
¿Con qué legitimidad una dirección partidaria decide extenderse a sí misma violando las reglas que dice defender?
La verdadera razón: el consenso fracasó
Aquí es donde entra el análisis político real.
La narrativa oficial hablará de “unidad”, “madurez política”, “consenso” y “estabilidad institucional”. Pero la realidad parece ser otra: los consensos no están funcionando dentro del PRM.
La base del partido está fracturada, inconforme y agotada de ver siempre a los mismos sectores controlando la estructura.
En muchos municipios —especialmente en Santo Domingo Este— existen tensiones profundas entre:
- La dirigencia tradicional
- Los nuevos liderazgos
- Los proyectos presidenciales
- Y las bases partidarias
Si el PRM abría elecciones internas con voto secreto y directo, el riesgo para la cúpula era enorme.
Porque una cosa es controlar estructuras desde arriba.
Y otra muy distinta es medirse frente a una militancia molesta.
El verdadero miedo: descubrir que la cúpula es impopular
Ese es el punto que nadie quiere decir públicamente.
La dirección del PRM entiende que hoy existe un desgaste interno significativo. Muchos dirigentes medios y de base sienten que:
- El partido se cerró
- Las oportunidades están concentradas
- Las decisiones se toman desde arriba
- Y el poder se reparte entre grupos específicos
En ese escenario, unas elecciones internas reales podían producir resultados incómodos:
- Derrotas de figuras tradicionales
- Ascenso de liderazgos no controlados
- Rupturas territoriales
- Y pérdida de control político
Por eso la extensión de mandatos no parece una decisión administrativa.
Parece una medida de supervivencia.
Un partido “moderno” actuando como estructura cavernícola
Aquí está la contradicción más fuerte.
El PRM nació criticando exactamente este tipo de prácticas en otros partidos. Criticaba:
- El control vertical
- Las imposiciones
- La falta de democracia interna
- La manipulación de organismos
Hoy, hace exactamente lo mismo.
Y peor aún: lo hace mientras controla el Estado y proyecta una imagen pública de institucionalidad democrática.
No se puede hablar de modernidad política mientras se bloquea la renovación interna.
No se puede hablar de democracia mientras se posponen elecciones para proteger grupos de poder.
Eso no es modernización.
Eso es conservación del control.
Santo Domingo Este: el epicentro del problema
El caso de Santo Domingo Este refleja perfectamente el conflicto.
Allí, dirigentes emergentes y sectores de base llevan tiempo cuestionando el dominio de las estructuras tradicionales. La lucha por el control municipal del PRM se ha vuelto una guerra silenciosa entre:
- Equipos presidenciales
- Funcionarios
- Alcaldes
- Legisladores
- Y operadores territoriales
Abrir elecciones internas ahora significaba abrir una caja de Pandora.
Por eso la extensión favorece principalmente a quienes ya ocupan posiciones de control.
El daño político: desmovilización y pérdida de credibilidad
La cúpula puede ganar tiempo.
Pero está perdiendo legitimidad.
Porque el mensaje hacia la militancia es devastador:
“Cuando las reglas no nos favorecen, las cambiamos.”
Eso genera:
- Frustración interna
- Desmovilización política
- Desconfianza estructural
- Y fuga silenciosa de dirigentes
Muchos no renunciarán públicamente.
Pero dejarán de trabajar políticamente.
Y en política, eso es incluso más peligroso.
El PRM está entrando en la misma lógica que prometió combatir
El problema ya no es solo legal.
Es simbólico.
El PRM está comenzando a parecerse demasiado a aquello que prometió sustituir.
La extensión de mandatos revela un partido que:
- Teme competir internamente
- Desconfía de su propia base
- Y prioriza el control antes que la democracia partidaria
Lo más irónico es que el partido que se presentó como “moderno” está recurriendo a prácticas políticas profundamente atrasadas.
Porque cuando una dirigencia necesita violar sus propias reglas para mantenerse en el poder, deja de actuar como una organización democrática y comienza a comportarse como una estructura cerrada, defensiva y agotada.
Y eso, tarde o temprano, tiene consecuencias políticas.
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