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David Collado y la pregunta que ningún récord de turistas puede responder

David Collado y la pregunta que ningún récord de turistas puede responder

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Administrador HES 1ADMINISTRADOR HES 1/14 AGO DE 2026/1 MIN/9 VISTAS
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David Collado ha construido una de las narrativas políticas más eficaces de los últimos años: más turistas, más inversión, más empleos y más divisas.

Los números existen. En el primer semestre de 2026, República Dominicana recibió casi 5 millones de visitantes internacionales y los ingresos por turismo alcanzaron US$6,716 millones, un aumento de 15.3 % respecto al mismo período de 2025. El Banco Central también registra al turismo como uno de los principales destinos de la inversión extranjera directa.

Pero precisamente porque esos números son reales, la pregunta debe ser más incómoda:

¿Cuánto de ese crecimiento está quedándose realmente en manos dominicanas?

Nadie discute que el turismo genera riqueza. El problema es que medir el éxito únicamente por la cantidad de personas que llegan permite evitar la discusión más importante: quién controla, quién captura y quién distribuye el valor económico generado por esas visitas.

La República Dominicana mantiene un régimen de incentivos turísticos que permite a determinados proyectos acogidos a la Ley 158-01 disfrutar de importantes beneficios fiscales durante diez años a partir de la terminación de la construcción y equipamiento.

Y aquí aparece la responsabilidad política de Collado.

No porque él haya creado la Ley 158-01. No porque sea responsable personalmente de cada exoneración. Y tampoco porque el Ministerio de Turismo sea quien deba sustituir al Ministerio de Trabajo o a Migración.

La cuestión es otra:

Después de tantos récords, ¿qué política estructural ha convertido ese crecimiento turístico en mayor participación económica de los dominicanos?

Porque atraer inversión extranjera es una política legítima. El problema comienza cuando el Estado se acostumbra a medir el éxito por la inversión que llega, pero no mide con la misma intensidad la propiedad nacional, los encadenamientos productivos, los salarios, la formalidad laboral, la participación de proveedores dominicanos y la riqueza que permanece en las comunidades donde se construyen los grandes proyectos.

Tampoco basta con decir que el turismo crea empleos.

La legislación dominicana establece que, como regla general, al menos el 80 % de los trabajadores de una empresa debe estar integrado por dominicanos, con excepciones específicas para determinadas funciones técnicas, directivas y administrativas.

Si existen empresas que incumplen esa obligación, la responsabilidad de fiscalización laboral corresponde a las autoridades competentes. Pero eso no elimina una pregunta política para quien dirige el principal ministerio encargado de promover el sector:

¿Dónde está la política turística que haga del cumplimiento laboral, la capacitación dominicana y la calidad del empleo una parte visible del éxito turístico?

Porque un país no transforma su economía simplemente porque lleguen más visitantes.

La transforma cuando sus ciudadanos adquieren mayor capacidad para participar en el negocio que esos visitantes generan.

Y aquí está la debilidad de la narrativa de Collado:

él puede responder con 5 millones de visitantes, con millones de dólares en ingresos, con nuevos hoteles y con inversión extranjera.

Pero ninguna de esas cifras responde cuánto de esa riqueza termina en manos de los dominicanos.

Puede decir que el turismo genera empleos.

La pregunta será: ¿qué calidad de empleo, qué salarios, qué formalidad y qué porcentaje del valor agregado queda en trabajadores y empresas dominicanas?

Puede decir que la inversión extranjera crea desarrollo.

La respuesta será: ¿qué condiciones exige el Estado para que esa inversión produzca también mayor propiedad, proveedores y capital dominicano?

Puede decir que las exenciones son una ley aprobada por el Estado.

La respuesta será: precisamente por eso, ¿cuál es la contraprestación económica y social que el Estado exige a cambio de esos incentivos?

Y puede decir que Turismo no es Trabajo ni Migración.

Correcto.

Pero nadie está diciendo que lo sea.

La discusión es si el ministro que presume los récords del sector también está dispuesto a medir públicamente aquello que determina si esos récords se convierten en prosperidad nacional.

Ese es el punto que no puede resolverse con otra cifra de visitantes.

Porque 11 millones de turistas pueden demostrar que el modelo creció. No demuestran que el modelo cambió.

Y esa diferencia es fundamental.

La República Dominicana tiene playas, territorio, cultura, ubicación geográfica y recursos naturales que no fueron creados por ninguna cadena hotelera.

El capital extranjero puede aportar financiamiento, tecnología, mercados y capacidad empresarial. Es bienvenido cuando genera valor.

Pero el objetivo de una política turística nacional no debería ser simplemente conseguir que más personas vengan a consumir el país.

Debería conseguir que cada vez más dominicanos tengan capacidad de producir, participar y beneficiarse de esa riqueza.

Por eso, la pregunta que debería acompañar cada récord anunciado por David Collado no es cuántos turistas llegaron.

Es mucho más sencilla:

¿Cuánto de ese récord le pertenece realmente al dominicano?

Mientras esa pregunta siga sin un indicador claro, una estadística de visitantes será un dato de crecimiento.

No necesariamente una prueba de desarrollo.

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