
PRM 2028: nada está definido, y el nuevo padrón puede cambiarlo todo
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La reducción del padrón del PRM a 1.55 millones de afiliados cambia las reglas de la competencia interna y obliga a mirar más allá de las encuestas, los cargos públicos y las alianzas. David Collado, Wellington Arnaud y Carolina Mejía tienen estructuras importantes, pero ninguno puede afirmar que tiene asegurada la candidatura presidencial de 2028.
La política interna del Partido Revolucionario Moderno (PRM) entró en una nueva fase.
Después de la elección de sus autoridades nacionales para el período 2026-2030, distintos sectores comenzaron a interpretar el resultado como una especie de fotografía definitiva de la correlación de fuerzas dentro de la organización.
Y particularmente desde sectores cercanos al proyecto de David Collado se intenta instalar la idea de que la alianza con Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón habría producido una mayoría suficiente para convertir al exministro de Turismo en el candidato presidencial inevitable del PRM.
Ese análisis puede ser prematuro.
Porque la política interna no se gana solamente contando diputados, senadores, alcaldes o dirigentes.
Y mucho menos se gana por lo que una corriente consiga colocar en una plancha de consenso.
La verdadera prueba será otra:
¿Quién puede convertir su estructura política en votos dentro del padrón que finalmente participe en la elección interna?
El dato que cambia el tablero: el PRM redujo su padrón a la mitad
El PRM depositó ante la Junta Central Electoral un padrón de 1,551,727 afiliados, frente a los 3,092,289 que había depositado en 2023 para sus primarias.
La reducción es cercana al 50 %. (Diario Libre)
La dirección del PRM rechaza que esto responda a una estrategia política para favorecer a determinado candidato.
José Ignacio Paliza explicó que la reducción está relacionada con el proceso de depuración exigido por la JCE, incluyendo la identificación de personas que aparecían en más de un padrón partidario y la actualización de la militancia. La JCE, además, aprobó en febrero un reglamento destinado precisamente a eliminar los registros duplicados y las afiliaciones sin consentimiento. (Diario Libre)
Por tanto, no existe evidencia suficiente para afirmar que la reducción del padrón sea una maniobra para imponer a un candidato.
Pero eso no significa que el nuevo padrón carezca de consecuencias políticas.
Al contrario.
Puede cambiar completamente la matemática de una primaria cerrada.
Menos militantes no significa necesariamente menos competencia
Un padrón de 1.55 millones es mucho más pequeño que el utilizado en 2023.
Eso tiene una consecuencia evidente:
la capacidad de movilización de las estructuras territoriales adquiere todavía mayor importancia.
En una elección abierta, un candidato puede compensar una estructura partidaria débil con popularidad externa.
En una primaria cerrada, la situación cambia.
Hay que convencer al militante.
Hay que identificarlo.
Hay que mantenerlo dentro del padrón.
Hay que llevarlo al centro de votación.
Y, finalmente, hay que conseguir que vote.
Por eso, la reducción del padrón puede hacer que el voto de estructura pese más que el voto de simpatía pública.
Y esa es precisamente la razón por la que nadie debería cantar victoria en agosto de 2026.
nadie debería cantar victoria en agosto de 2026.
David-Yayo: una alianza poderosa, pero no una mayoría absoluta
David Collado recibió un impulso importante con el acercamiento de Yayo Sanz Lovatón.
No hay que minimizarlo.
Yayo tenía su propio proyecto presidencial y contaba con estructura política, particularmente en sectores empresariales, municipales y legislativos.
Su decisión de abandonar esa carrera para respaldar a Collado fortalece considerablemente al exministro de Turismo.
Pero una alianza política no es una suma matemática perfecta.
No todos los dirigentes se comportan como fichas que pasan automáticamente de una casilla a otra.
Un diputado que apoyaba a Yayo puede tener una aspiración propia.
Un alcalde puede estar preocupado por su reelección.
Un regidor puede tener un proyecto municipal.
Un dirigente provincial puede tener acuerdos anteriores.
Y un aspirante a una candidatura puede no estar dispuesto a sacrificar su proyecto simplemente porque dos figuras presidenciales decidieron ponerse de acuerdo.
Por eso, la alianza Collado-Yayo suma estructura, pero también genera nuevos intereses que deberán ser administrados.
intereses que deberán ser administrados.
La nueva dirección del PRM tampoco coronó a nadie
La nueva dirección nacional muestra una distribución política interesante.
Juan Garrigó Mejía, hijo de Carolina Mejía, quedó como secretario general.
Gloria Reyes asumió la Secretaría de Organización.
Luis Delgado quedó al frente de los asuntos electorales.
Y Rosa Santos fue incorporada a la estructura nacional como subsecretaria general, manteniendo además su peso político en Santiago.
La nueva dirección fue presentada como una plancha de consenso.
Y precisamente eso es lo importante:
fue una negociación entre fuerzas, no una elección del candidato presidencial de 2028.
El PRM eligió autoridades partidarias.
No eligió candidato presidencial.
Confundir ambas cosas es uno de los principales errores de la narrativa que intenta presentar el resultado como una coronación anticipada de David Collado.
El bloque Collado-Yayo tiene números para preocupar a sus adversarios
Según el conteo de estructura manejado por sectores internos, la alianza Collado-Yayo tendría aproximadamente 64 diputados, 15 senadores y 71 alcaldes.
Son números importantes.
Muy importantes.
Pero hay que entender qué significan.
No equivalen automáticamente a votos en una primaria.
Un diputado puede controlar una estructura electoral en su demarcación, pero no todos sus votantes necesariamente están inscritos en el PRM.
Un alcalde puede tener una enorme capacidad electoral, pero eso no significa que todos sus simpatizantes estén dentro del padrón cerrado.
Y un dirigente puede controlar una estructura municipal y aun así enfrentar dificultades para movilizarla el día de una primaria.
Por eso:
64 diputados no son 64 votos.
15 senadores no son 15 votos.
71 alcaldes no son 71 votos.
Son estructuras potencialmente movilizables.
Y ahí está la diferencia.
Carolina y Wellington: el bloque que podría cambiar la ecuación
El otro gran elemento de este tablero es la posibilidad de una articulación entre Carolina Mejía y Wellington Arnaud.
Los conteos que manejan sectores políticos atribuyen a una eventual suma de ambas estructuras alrededor de 84 diputados, 234 alcaldes y directores distritales y más de 330 regidores.
Estas cifras deben entenderse como estimaciones políticas y no como una medición electoral oficial.
Pero aun tomándolas con cautela, muestran algo evidente:
la alianza Collado-Yayo no tiene el monopolio de la estructura del PRM.
Carolina conserva una maquinaria política importante.
Wellington también.
Y ambos tienen presencia territorial.
La pregunta no es si pueden construir una alianza.
La pregunta es:
¿Pueden confiar el uno en el otro?
El problema no es la estructura: es quién encabezaría
Aquí aparece el principal obstáculo.
Carolina Mejía tiene razones para pensar que puede ganar.
Wellington Arnaud también.
Los dos tienen proyectos presidenciales propios.
Los dos han construido estructuras.
Los dos han demostrado capacidad para negociar dentro del partido.
Y ninguno parece estar haciendo todo ese trabajo para terminar subordinado al proyecto del otro.
Por eso una alianza Carolina-Wellington tendría que resolver primero la pregunta más difícil de cualquier pacto político:
¿Quién encabeza?
Mientras esa respuesta no exista, hablar de una alianza consolidada sería especulación.
especulación.
Wellington puede ser el candidato que menos ruido hace y más estructura acumula
Este es uno de los elementos que más fácilmente puede perderse en la discusión pública.
Wellington no tiene necesariamente la misma exposición mediática que David Collado.
Pero la política interna no se mide únicamente por presencia en televisión.
El proceso de Fedodim ofrece un ejemplo interesante de cómo distintos sectores han terminado negociando espacios. En junio de 2026, el PRM logró una plancha unitaria después de un impasse; el presidente electo pertenecía al sector de David Collado y el secretario general al sector de Wellington Arnaud, con respaldo también del sector de Hipólito Mejía. (Periódico elCaribe)
Ese tipo de negociación es importante porque demuestra que la estructura municipal no está completamente alineada detrás de una sola corriente.
Y en una primaria cerrada, esa capacidad de negociación puede ser decisiva.
La verdadera batalla será por el padrón
Aquí está el corazón de este análisis.
Si el PRM termina utilizando una primaria cerrada, el padrón de 1,551,727 afiliados será el universo de referencia.
Pero eso no significa que votarán todos.
La participación puede ser considerablemente menor.
Si, por ejemplo, votara alrededor del 40 %, estaríamos hablando de aproximadamente 620,000 electores efectivos.
Eso cambia completamente la competencia.
Porque una candidatura no necesitaría movilizar a cientos de miles de ciudadanos que simpatizan con el partido en general.
Necesitaría activar a una fracción relativamente pequeña de militantes debidamente inscritos.
Y ahí la maquinaria territorial adquiere un valor enorme.
La encuesta puede decir una cosa y la primaria otra
David Collado mantiene una ventaja importante en las mediciones de preferencia interna que se han publicado.
Una encuesta de CID Latinoamérica difundida en junio de 2026, por ejemplo, lo colocó encabezando las preferencias entre simpatizantes del PRM. (Central Noticias)
Pero esa ventaja no equivale automáticamente a una victoria en una primaria.
Porque una encuesta pregunta:
“¿Por quién simpatiza usted?”
Una primaria pregunta:
“¿Usted está inscrito, acudió a votar y escogió a ese candidato?”
Son comportamientos electorales diferentes.
Y la diferencia entre ambos puede ser enorme.
El escenario matemático que nadie debería ignorar
Tomando como ejercicio —no como pronóstico oficial— un universo de unos 620,000 votantes efectivos, el tablero podría ser extremadamente competitivo.
Una distribución hipotética como la que manejan algunos análisis internos coloca a Collado-Yayo alrededor de 36 %, Wellington alrededor de 37 % y Carolina cerca de 27 %.
Es decir:
ninguno alcanzaría por sí solo una mayoría absoluta.
Y aquí aparece una conclusión política mucho más interesante:
Carolina podría convertirse en la llave de la elección.
No necesariamente porque tenga que quedar tercera.
Sino porque en una competencia de tres, la distribución del voto puede hacer que el segundo o tercer bloque tenga la capacidad de definir quién termina imponiéndose.
Pero hay que insistir:
Estos porcentajes son un escenario hipotético construido a partir de estimaciones de estructura, no una encuesta ni una proyección estadística validada por la JCE.
¿Qué pasa si Collado logra consolidar todo el voto de Yayo?
Ese sería el mejor escenario para David.
Si consigue mantener unidos a los dirigentes de ambos proyectos, evitar conflictos de intereses y convertir la alianza política en una estructura electoral disciplinada, su posición podría fortalecerse considerablemente.
Entonces sí podría aparecer como favorito real.
Pero todavía tendría que superar un problema:
transformar popularidad y estructura en participación efectiva dentro del padrón.
¿Qué pasa si Carolina y Wellington se unen?
Ese escenario podría alterar completamente la carrera.
Una alianza entre ambos tendría una estructura territorial considerable, según los números que manejan sus sectores.
Pero necesitarían resolver sus diferencias antes de que la campaña interna se vuelva irreversible.
Si logran hacerlo, la competencia podría pasar de una ventaja aparente de Collado a una disputa abierta de tres grandes bloques o incluso a una confrontación de dos grandes alianzas.
Y aquí está la ironía:
la alianza que todavía no existe podría ser más poderosa que la que ya existe.
¿Qué pasa si los tres llegan hasta el final?
Este es probablemente el escenario más democrático y también el más incierto.
David.
Carolina.
Wellington.
Cada uno con su estructura.
Cada uno intentando movilizar su padrón.
Cada uno buscando convencer a los militantes.
En ese escenario, las encuestas podrían convertirse simplemente en una referencia.
El ganador sería quien tenga la mejor organización electoral interna.
Y aquí puede producirse una de las elecciones más cerradas de la historia del PRM.
¿Y si intentan evitar la primaria?
Este es otro escenario que comienza a discutirse.
Si uno de los proyectos logra construir una ventaja política suficientemente amplia, podría comenzar a venderse la idea de que una primaria sería innecesaria y que el partido debería buscar un candidato de consenso.
Pero esa discusión tiene un problema:
el consenso no puede confundirse con imposición.
Si existe un acuerdo voluntario entre los principales aspirantes, perfecto.
Pero si una corriente intenta presentar como “consenso” lo que las otras consideran una imposición, el resultado podría ser exactamente el contrario:
una fractura interna.
El nuevo padrón también puede producir sorpresas
Hay algo que todavía nadie puede saber con precisión.
Qué corriente tiene realmente inscrita a su militancia dentro de esos 1.55 millones.
Porque una estructura política puede ser enorme fuera del padrón y relativamente pequeña dentro de él.
También puede ocurrir lo contrario.
Un dirigente que no parece dominar las redes sociales puede tener miles de militantes perfectamente identificados y organizados.
Por eso, el verdadero mapa de poder del PRM probablemente todavía no ha sido revelado.
Está escondido dentro del padrón.
La conclusión: nadie tiene la candidatura en el bolsillo
La nueva dirección del PRM no coronó a David Collado.
Tampoco enterró a Carolina Mejía.
Y mucho menos eliminó a Wellington Arnaud.
Lo que hizo fue mostrar que las distintas corrientes necesitan negociar para convivir dentro del partido.
David tiene una alianza poderosa con Yayo.
Carolina conserva una estructura política importante.
Wellington tiene una maquinaria territorial que no debe ser subestimada.
Y el nuevo padrón introduce una variable que puede cambiarlo todo.
1,551,727 afiliados.
No tres millones.
No todos los electores del país.
No todos los simpatizantes del PRM.
Un universo mucho más reducido y, potencialmente, mucho más controlable electoralmente.
Por eso, desde ahora hasta la definición de la candidatura, la pregunta no debería ser:
“¿Quién tiene más seguidores?”
Ni siquiera:
“¿Quién tiene más funcionarios?”
La pregunta correcta es:
¿Quién tiene más militantes dentro del padrón y quién puede llevarlos a votar?
Ahí estará la verdadera batalla.
Y si Carolina y Wellington logran superar su desconfianza, el tablero puede cambiar.
Si Collado consigue consolidar completamente la estructura de Yayo, también.
Y si los tres llegan solos hasta la primaria, cualquier pronóstico categórico sería irresponsable.
Hoy, en agosto de 2026, nada está definido en el PRM.
Lo único que sí está definido es que la carrera comenzó.
Y que, con un padrón cerrado y depurado, la candidatura presidencial de 2028 no la decidirán los titulares de los periódicos, las redes sociales ni las encuestas: la decidirán los militantes que aparezcan en el padrón y que finalmente acudan a votar.
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