
Si el PRM escoge su candidato presidencial por cualquier vía distinta a una primaria interna, estaría jugando a perder el poder
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La candidatura de David Collado no está definida, pero el método mediante el cual se escoja podría ser tan importante como el propio candidato. Un padrón cerrado, depurado y con participación directa de la militancia podría ser la diferencia entre una candidatura capaz de mantener unido al PRM y una imposición interna que termine provocando abstención, fracturas y deserciones.
Hay una discusión que el Partido Revolucionario Moderno (PRM) debería asumir con mucha seriedad antes de decidir quién será su candidato presidencial para 2028:
¿Cómo se va a escoger?
Porque si David Collado termina siendo el candidato presidencial del PRM mediante un proceso percibido por una parte importante de la militancia como una decisión tomada por la cúpula, el partido podría estar cometiendo un error estratégico de enormes consecuencias.
No porque Collado carezca de condiciones electorales.
No porque no tenga popularidad.
No porque no tenga estructura.
Sino porque un candidato puede ganar la candidatura y, al mismo tiempo, perder una parte importante de su partido en el camino.
Y eso es exactamente lo que el PRM debería evitar.
El PRM no está en la misma posición que en 2024
Primero hay que poner los números sobre la mesa.
En las elecciones presidenciales de mayo de 2024, Luis Abinader obtuvo 2,507,297 votos, equivalentes al 57.44 % de los votos válidos, contando al PRM y sus aliados. El PRM como organización obtuvo por sí solo 2,113,100 votos, equivalentes al 48.41 %.
La diferencia es importante porque suele presentarse el 57.44 % como si fuera exclusivamente el voto del PRM.
No lo fue.
Pero incluso tomando el resultado de la coalición oficialista, la victoria fue contundente.
Dos años después, el escenario es diferente.
La encuesta Gallup-Diario Libre publicada en mayo de 2026 colocó al PRM en 30.4 % de simpatía partidaria, mientras que una medición de ACD Media publicada en julio lo situó en 29.1 %.
Es decir, independientemente de las diferencias metodológicas entre las encuestas, existe una señal política que el oficialismo no debería ignorar:
el PRM ya no está en el nivel de respaldo que exhibió en las elecciones de 2024.
Y todavía faltan casi dos años para las elecciones.
El dato que debería preocupar a la dirección del PRM: el padrón
En agosto de 2023, el PRM entregó a la Junta Central Electoral un padrón de 3,092,289 afiliados, que fue utilizado para sus primarias presidenciales de ese año mediante padrón cerrado.
En 2026, el nuevo padrón depositado ante la JCE quedó en aproximadamente 1.55 millones de afiliados.
La reducción es cercana al 50 %.
Aquí hay que ser rigurosos.
No se puede afirmar que el PRM perdió literalmente 1.5 millones de militantes.
La dirección partidaria ha explicado que la reducción obedece a procesos de depuración, eliminación de duplicidades, actualización y verificación de la militancia. En febrero de 2026, Paliza aseguró que el padrón digital había sido sometido a un proceso de verificación y que estaba libre de duplicidades.
Por tanto, la reducción del padrón no demuestra por sí sola una pérdida equivalente de militantes.
Pero sí plantea una pregunta política legítima:
¿Cuántos de los que desaparecieron del padrón eran duplicados y cuántos simplemente dejaron de participar?
Esa respuesta importa muchísimo para 2028.
Porque si el partido perdió conexión con una parte significativa de su militancia real, el problema no se resuelve simplemente creando una nueva base de datos.
Hay que recuperar la confianza.
Y aquí entra la gestión de José Paliza
José Ignacio Paliza deja la presidencia del PRM después de dirigir el partido durante una etapa extraordinariamente importante: la organización pasó de la oposición al control del Poder Ejecutivo, obtuvo una amplia mayoría congresual y consolidó una enorme presencia municipal.
Sería injusto desconocer ese resultado.
Pero precisamente por la magnitud del poder alcanzado, también hay que evaluar qué ocurrió con el partido como organización política.
Durante estos años surgió reiteradamente un reclamo desde sectores de la militancia: la percepción de que el Gobierno se distanció de las estructuras políticas que trabajaron para llevarlo al poder.
Incluso en 2022 dirigentes del propio PRM reclamaban defender el derecho de los compañeros a participar en el Gobierno y cuestionaban la democracia interna de la organización.
El problema no es que todo militante tenga derecho automático a un puesto público.
Eso sería convertir el Estado en un botín partidario.
El problema es otro.
Un partido que llega al Gobierno no puede tratar a su estructura política como una herramienta que solamente necesita cuando llega el momento de votar.
El Gobierno ganó con la base, pero gobernó con una lógica cada vez más alejada de ella
Esta es una de las principales críticas que hoy se escuchan dentro del PRM.
La percepción de sectores de la militancia es que el Gobierno terminó privilegiando perfiles técnicos, empresariales y sectores de clase media y alta —los llamados popys en el lenguaje político dominicano— mientras numerosos dirigentes que habían trabajado durante años en la oposición quedaron relegados.
Eso no significa que todos los funcionarios deban ser militantes del partido.
Significa que el ala política necesitaba tener una voz mucho más fuerte dentro del Gobierno y dentro de la dirección partidaria.
Y ahí Paliza tenía una responsabilidad especial.
Porque era simultáneamente una de las principales figuras del Gobierno y el presidente del partido.
La pregunta era inevitable:
¿quién defendía al partido frente al Gobierno cuando el presidente del partido también formaba parte del núcleo del Gobierno?
El PRM ya tiene un antecedente que debería hacer sonar las alarmas
En mayo de 2026, el PRM decidió escoger sus nuevas autoridades internas mediante un mecanismo de consenso en lugar de una competencia electoral abierta.
La decisión provocó reclamos de exclusión y hasta conflictos que llegaron a la jurisdicción electoral.
El argumento a favor del consenso es comprensible:
evitar enfrentamientos y preservar la unidad.
Pero existe una paradoja.
Un partido puede estar unido porque sus dirigentes llegaron a un acuerdo.
O puede estar unido porque sus militantes participaron en la decisión y aceptaron el resultado.
No es exactamente lo mismo.
Y si ahora se pretende repetir esa lógica para escoger al candidato presidencial, el problema puede ser mucho mayor.
¿Qué pasa si David Collado es escogido por delegados?
Aquí hay que hacer una precisión fundamental.
El PRM no ha decidido que David Collado será candidato ni existe una decisión definitiva que establezca que la candidatura presidencial de 2028 será escogida necesariamente mediante una convención de delegados.
En 2023, el PRM aprobó para las elecciones de 2024 las primarias cerradas para escoger su candidato presidencial, y también estableció que para otros niveles podían utilizarse primarias cerradas, convención de delegados o encuestas, según correspondiera.
Por eso, afirmar hoy que “la única forma en que Collado puede ganar es mediante una convención de delegados” sería una conclusión política, no un hecho.
Pero precisamente ahí está la discusión que debemos abrir:
Si la dirección del PRM escogiera una convención de delegados para 2028, ¿qué percepción generaría entre los militantes?
Especialmente si el candidato favorecido por ese mecanismo fuera David Collado.
El problema no sería Collado; sería el método
David Collado tiene condiciones políticas evidentes.
Las encuestas lo colocan competitivo dentro del PRM.
La alianza con Yayo Sanz Lovatón le ha agregado estructura.
Tiene presencia legislativa y municipal.
Y cuenta con un nivel de reconocimiento público que pocos dirigentes del partido pueden igualar.
Todo eso es legítimo.
Pero precisamente por eso no necesita que nadie le regale la candidatura.
Si realmente tiene la mayoría dentro del PRM, debería poder demostrarla.
Y la mejor manera de hacerlo sería mediante una elección interna transparente.
Porque si Collado gana una primaria cerrada con el padrón oficial del PRM, nadie podría decir que fue impuesto.
Ganó.
Y quien pierda tendrá una obligación política:
sumarse.
Ese mecanismo es mucho más poderoso para construir unidad que cualquier negociación de despacho.
El peligro de una convención de delegados
Una convención de delegados no es antidemocrática por definición.
Es un mecanismo previsto por la legislación y utilizado por partidos democráticos en diferentes países.
El problema aparece cuando la selección de los delegados convierte la decisión final en una operación excesivamente controlable por las estructuras superiores.
Ahí nace la percepción que podría ser devastadora:
“No ganó el candidato; ganó quien controlaba a los delegados.”
Y esa percepción sería particularmente dañina para Collado.
Porque cualquier adversario interno podría argumentar que no perdió frente a Collado.
Perdió frente a la maquinaria.
Y una cosa es perder una elección.
Otra muy diferente es sentir que te quitaron la posibilidad de competir.
El militante que pierde la elección puede seguir trabajando
Aquí está la diferencia entre una primaria y una imposición.
Supongamos que Carolina Mejía obtiene 28 %, Wellington Arnaud 32 % y David Collado 40 %.
David gana.
Carolina perdió.
Wellington perdió.
Pero ambos saben que sus votos fueron contados.
Y saben que sus militantes participaron.
El resultado tiene legitimidad.
Entonces la dirección partidaria puede decir:
“Este es nuestro candidato. Todos juntos a trabajar.”
Y resulta mucho más difícil para los perdedores justificar una ruptura.
Ahora imaginemos el escenario contrario.
La dirección decide una convención de delegados.
Los delegados eligen a Collado.
Uno o dos sectores importantes denuncian que la estructura fue manipulada.
Otros dirigentes sienten que nunca tuvieron oportunidad.
Las bases perciben que la decisión ya estaba tomada.
¿Qué ocurre?
Puede que Collado gane la candidatura.
Pero el PRM podría comenzar la campaña presidencial con una herida interna abierta.
El PRM no puede darse ese lujo
Porque el oficialismo ya no parte del mismo nivel de respaldo de 2024.
La encuesta Gallup-Diario Libre de mayo de 2026 registró al PRM en 30.4 % de simpatía partidaria. ACD Media lo colocó en 29.1 % en julio.
No son resultados electorales.
No predicen quién ganará en 2028.
Pero sí describen un ambiente político en el que el PRM ya no puede asumir que la victoria está garantizada.
Y hay otra variable todavía más peligrosa:
la oposición tiene tiempo para crecer.
La base puede no votar por el candidato que no siente como suyo
Este es el escenario que debería preocupar a la dirección del PRM.
No necesariamente que los perremeístas se pasen todos a otro partido.
Puede ocurrir algo mucho más silencioso:
que se queden en sus casas.
El militante desencantado no necesita convertirse en opositor.
Solo necesita decidir que esta vez no va a trabajar.
No va a tocar puertas.
No va a organizar una actividad.
No va a movilizar a su familia.
No va a defender al candidato.
No va a buscar votos.
Y en una elección cerrada, especialmente cuando los márgenes pueden ser estrechos, la abstención de una estructura descontenta puede ser tan importante como el voto de la oposición.
El PRM tiene una oportunidad: convertir la primaria en una terapia interna
Por eso la propuesta de una primaria presidencial cerrada, participativa, transparente y competitiva no debería verse únicamente como un método electoral.
Puede convertirse en un mecanismo para reconstruir el partido.
El padrón ya está depurado.
La JCE puede supervisar el proceso.
Los aspirantes pueden competir.
Los militantes pueden votar.
El que gana, gana.
El que pierde, se integra.
Y todos salen con algo que una negociación de cúpula difícilmente puede proporcionar:
legitimidad.
¿Y si gana Collado?
Entonces habrá que reconocerlo.
Si David Collado obtiene la mayoría de los votos en una primaria cerrada del PRM, será el candidato legítimo del partido.
No importará cuánto control tenga Carolina.
No importará cuánto control tenga Wellington.
No importará cuántos diputados apoyen a Yayo.
No importará qué dirigente tenga más alcaldes.
Los militantes habrán decidido.
Y eso le daría a Collado una autoridad política mucho mayor para pedirle a todos los sectores que se incorporen a su campaña.
¿Y si gana Carolina?
Exactamente lo mismo.
Si Carolina Mejía gana una primaria competitiva, nadie debería poder decir que llegó por ser hija de Hipólito Mejía, por tener una posición determinada o por controlar una estructura.
Ganó la primaria.
Punto.
Y los demás tendrían que sumarse.
¿Y si gana Wellington?
La misma regla.
Si Wellington Arnaud demuestra que su estructura territorial y política se traduce en votos dentro del padrón cerrado, entonces será él quien tenga la legitimidad para encabezar el proyecto presidencial.
No la encuesta.
No la maquinaria.
No el Gobierno.
La militancia.
La verdadera prueba no será escoger al candidato: será conservar al partido
El PRM tiene ante sí una decisión que puede marcar su futuro.
Puede escoger el camino tradicional de los partidos dominantes:
negociación de cúpulas, acuerdos internos, control de delegados y candidato de consenso.
O puede hacer algo mucho más difícil:
dejar que su militancia decida.
La segunda opción tiene riesgos.
Puede ganar cualquiera.
Puede producir confrontaciones.
Puede obligar a los dirigentes a competir.
Puede dejar heridas temporales.
Pero tiene una ventaja enorme:
el resultado es legítimo.
Y después de la elección, todos tienen que reconocerlo.
La paradoja de David Collado
Precisamente porque Collado es uno de los dirigentes mejor posicionados dentro del PRM, él debería ser el primero interesado en una primaria cerrada.
Si gana, elimina la narrativa de que fue impuesto.
Si pierde, el partido habrá hablado.
Y si gana con una mayoría contundente, tendrá una herramienta política extraordinaria para reclamar la unidad de todos.
Pero si llega a la candidatura presidencial mediante un mecanismo que la militancia perciba como diseñado para favorecerlo, podría comenzar la carrera presidencial con una debilidad que ninguna encuesta puede medir:
el resentimiento de quienes sienten que nunca tuvieron la oportunidad de elegir.
Conclusión: el PRM no necesita un candidato impuesto; necesita un candidato elegido
El PRM ganó las elecciones de 2024 con una coalición que obtuvo el 57.44 % de los votos válidos.
Hoy las principales mediciones partidarias sitúan al PRM alrededor del 30 %.
Y su padrón oficial para 2026 quedó en aproximadamente 1.55 millones, frente a los más de 3.09 millones registrados en 2023, aunque esa diferencia no puede interpretarse automáticamente como pérdida de militantes porque existe un proceso de depuración y eliminación de duplicidades.
Estos datos no permiten afirmar que el PRM vaya a perder el poder en 2028.
Pero sí permiten afirmar algo:
el PRM no está en condiciones de cometer errores innecesarios.
Y uno de los errores más peligrosos sería confundir unidad de la cúpula con unidad del partido.
Si David Collado es realmente quien tiene la mayoría, que la obtenga.
Si es Carolina, que gane.
Si es Wellington, que gane.
Primaria cerrada. Padrón depurado. Participación amplia. Reglas claras. Supervisión. Transparencia.
Y después:
el que ganó, ganó; y el que perdió, se suma.
Porque el verdadero objetivo no debería ser que una corriente controle al PRM.
El objetivo debería ser que el PRM llegue unido a 2028.
Y si el partido quiere conservar el poder, primero tendrá que demostrar que todavía confía en la misma gente que lo llevó hasta allí.
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