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El dinero de los trabajadores y el poder empresarial: por qué el próximo presidente debe recuperar el equilibrio

El dinero de los trabajadores y el poder empresarial: por qué el próximo presidente debe recuperar el equilibrio

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Administrador HES 1ADMINISTRADOR HES 1/26 AGO DE 2026/1 MIN/visibility194 VISTAS
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Hay una pregunta que República Dominicana tendrá que enfrentar tarde o temprano: ¿para quién está diseñado realmente nuestro modelo económico y político?

La discusión vuelve a tomar fuerza después de la investigación publicada por Panorama el 23 de agosto de 2026 sobre el destino de una parte de los fondos de pensiones. Según el reportaje, al 30 de junio de este año había RD$23,165.4 millones de los fondos previsionales expuestos a cuatro estructuras privadas vinculadas a grandes grupos empresariales: Grupo Estrella, César Iglesias, Grupo Ramos y Pasteurizadora Rica. (Panorama)

Y aquí hay que hacer una precisión importante: invertir los fondos de pensiones en empresas privadas no es, por sí mismo, ilegal ni necesariamente malo. La Ley 87-01 establece mecanismos para que esos recursos sean invertidos y la Comisión Clasificadora de Riesgos y Límites de Inversión determina qué instrumentos son admisibles y sus límites. La propia SIPEN explica que supervisa y fiscaliza estas operaciones. (SIPEN)

El problema comienza cuando hacemos la pregunta que casi nunca se hace:

¿El sistema está diseñado para maximizar el beneficio de los trabajadores o para facilitar capital al sector empresarial?

RD$23,165 millones no son poca cosa

El reportaje de Panorama desglosa la exposición de esta manera:

  • Grupo Estrella: RD$7,118.2 millones.

  • César Iglesias: RD$3,742.1 millones.

  • Valores Accionarios Rica: RD$11,305.1 millones.

  • Fideicomiso Multiplaza: RD$1,000 millones.

Total: RD$23,165.4 millones. (Panorama)

En el caso de César Iglesias, además, existe un antecedente perfectamente documentado por la propia SIPEN: en agosto de 2023, tres AFP adquirieron 27,104,859 acciones por RD$3,492.2 millones, equivalentes al 70 % de las acciones emitidas en aquella oferta. Eso convirtió indirectamente a 3,072,249 afiliados en accionistas de la compañía. (SIPEN)

La operación fue aprobada dentro del marco regulatorio y la emisión tenía calificación AA. Por tanto, no estamos ante una denuncia de ilegalidad. Estamos ante un debate sobre el diseño del sistema y sobre quién termina teniendo acceso al enorme volumen de capital generado obligatoriamente por los trabajadores.

Y ese debate es legítimo.

El problema no es que las empresas reciban dinero; es el desequilibrio

La economía necesita empresas fuertes. Necesita inversión privada, crédito, infraestructura, empleos y mercados de capitales.

Pero una cosa es tener un sector empresarial poderoso y otra muy distinta es permitir que el poder empresarial termine condicionando demasiadas áreas de la vida nacional.

Ahí es donde mi crítica al modelo actual se vuelve política.

Durante los gobiernos del PLD, tanto en las administraciones de Leonel Fernández como en las de Danilo Medina, el sector empresarial tuvo una enorme influencia. Eso es parte de la realidad económica dominicana.

Pero en el gobierno de Luis Abinader la relación entre Estado y empresariado ha adquirido una centralidad particularmente visible.

Eso no demuestra que el Gobierno actúe en beneficio de empresarios específicos, y sería irresponsable afirmarlo sin evidencia individualizada. Pero sí podemos observar un modelo en el que la conversación con inversionistas, empresarios, zonas francas, grandes proyectos privados y mercados de capitales ocupa un espacio central en la política económica oficial. El propio Gobierno destaca reiteradamente la confianza empresarial, la inversión privada y la relación con inversionistas como componentes de su estrategia económica. (Presidencia de la República Dominicana)

Y justamente por eso necesitamos contrapesos.

Una economía sana necesita empresarios; una democracia sana necesita políticos

Mi preocupación no es que haya empresarios cerca del poder.

Mi preocupación sería que el poder termine pensando como empresario antes que como Estado.

El empresario tiene una función legítima: maximizar la rentabilidad de su inversión dentro de la ley.

El presidente tiene otra obligación: proteger el interés general, incluso cuando eso implique enfrentarse a intereses empresariales poderosos.

Ese es el equilibrio que estamos perdiendo.

Y aquí aparece el gran problema de la Ley 87-01.

Después de más de dos décadas, resulta evidente que el sistema dominicano de seguridad social necesita una revisión profunda. El propio Gobierno ha reconocido que la reforma de la seguridad social está entre las reformas pendientes. (Presidencia de la República Dominicana)

Mientras tanto, los fondos crecen y el sector privado encuentra mecanismos cada vez más sofisticados para captar ese capital.

SIPEN informó que entre 2020 y 2024 aumentó la participación de las inversiones de los fondos de pensiones dirigidas al sector privado. (SIPEN)

Eso puede ser bueno para el desarrollo económico.

Pero no puede ser bueno solamente para el desarrollo económico. Tiene que traducirse también en mejores pensiones para quienes ponen el dinero.

El próximo presidente debe ser un presidente de todos

Por eso creo que el próximo presidente de la República debe representar algo diferente.

No necesitamos un presidente antiempresarial. Eso sería absurdo.

Necesitamos un presidente que entienda que los empresarios son indispensables, pero no pueden convertirse en el centro alrededor del cual gira el Estado.

Necesitamos un presidente capaz de sentarse con los empresarios, pero también de decirles que no cuando el interés nacional lo exija.

Que pueda negociar con las AFP, pero recordarles que detrás de cada peso administrado hay un trabajador.

Que pueda defender la inversión privada, pero también preguntarse por qué una gran corporación puede acceder al ahorro colectivo mientras el trabajador que genera ese ahorro no puede disponer de él.

Que pueda promover el turismo, la construcción, las zonas francas y el mercado de capitales, pero sin olvidar al pequeño empresario, al trabajador, al pensionado y a la clase media.

Porque el problema de República Dominicana no es tener demasiados empresarios. El problema sería tener demasiado poder concentrado en cualquier sector.

Y cuando el poder económico, político y financiero comienza a mezclarse demasiado, la democracia necesita algo fundamental: balance.

El próximo presidente, por tanto, no debería ser simplemente proempresario ni antiempresario.

Debe ser prodominicano.

Y eso significa entender una verdad elemental: las empresas son parte del país; el país no puede convertirse en una empresa.

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