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El Monorriel de Santiago pasó de RD$33 mil a RD$66 mil millones: dos veces SeNaSa y Abinader calladito

El Monorriel de Santiago pasó de RD$33 mil a RD$66 mil millones: dos veces SeNaSa y Abinader calladito

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Administrador HESADMINISTRADOR HES/18 SEPT DE 2026/1 MIN/visibility6 VISTAS
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Por Melvin Sena | Hackeandoelsistema.net

No estamos hablando de un aumento del 10%.

Tampoco del 30%.

Ni del 60%.

Ni siquiera del 80%.

Estamos hablando de que el costo anunciado para el Monorriel de Santiago pasó de aproximadamente RD$33,000 millones a unos RD$66,000 millones.

Es decir: el proyecto prácticamente duplicó su costo original.

Y cuando una obra pública financiada con dinero de los contribuyentes duplica su factura, la pregunta no puede ser simplemente cuándo se inaugura.

La pregunta es: ¿qué pasó con los números?

Porque aquí hay algo que el Gobierno tiene que explicar con cucharita de compota.

De RD$33 mil millones a RD$66 mil millones

En 2022, cuando el Gobierno presentó el proyecto, el Ministerio de la Presidencia hablaba de una inversión de RD$33,000 millones para el Monorriel de Santiago.

La estructura contractual inicial también permite entender de dónde salía esa cifra.

En la licitación, la ingeniería de detalle y construcción de las obras fueron adjudicadas por RD$25,028.5 millones, mientras que los componentes electromecánicos estaban calculados en unos RD$8,557.5 millones. La suma rondaba los RD$33,586 millones.

Hasta ahí, todo parecía relativamente sencillo.

Pero la historia financiera del proyecto cambió.

En 2024, Diario Libre reportó que el presupuesto total destinado al Monorriel ascendía a RD$61,207 millones. Para julio de ese año, ya se habían ejecutado RD$32,675 millones, equivalentes al 53.39 % de ese presupuesto.

Y posteriormente, en 2025, el director de FITRAM, Jhael Isa, situó el costo del proyecto en alrededor de RD$66,000 millones.

Traducido al lenguaje que entiende cualquier ciudadano:

Lo que comenzó siendo una obra de unos RD$33 mil millones terminó siendo presentada como una obra de aproximadamente RD$66 mil millones.

Cien por ciento de diferencia.

No fue un pequeño ajuste

Aquí es donde la discusión debe abandonar la propaganda y entrar en las matemáticas.

Si una obra presupuestada inicialmente en RD$33,000 millones termina costando RD$66,000 millones, la diferencia es de aproximadamente:

RD$33,000 millones adicionales.

Eso equivale a otro proyecto del mismo tamaño que el originalmente anunciado.

Por eso la comparación resulta tan contundente: el incremento del costo equivale aproximadamente al valor completo de la obra originalmente presentada al país.

No estamos hablando de que el Gobierno haya tenido que agregar unos cuantos miles de millones por inflación, ajustes técnicos o circunstancias imprevistas.

Estamos hablando de aproximadamente otro Monorriel de Santiago en términos financieros.

Y eso merece una explicación pública detallada.

¿Dónde están esos RD$33 mil millones adicionales?

Esta es la pregunta central.

Porque el Gobierno tiene que explicar, con documentos, no con discursos:

¿Cuál era exactamente el presupuesto inicial?

¿Cuál fue el presupuesto modificado?

¿Cuáles contratos fueron ampliados?

¿Cuáles componentes fueron agregados?

¿Cuánto corresponde a obra civil?

¿Cuánto a sistemas electromecánicos?

¿Cuánto a trenes?

¿Cuánto a financiamiento?

¿Cuánto corresponde a intereses, seguros, comisiones y otros costos financieros?

¿Cuánto se ha pagado realmente?

¿Cuánto está comprometido?

¿Cuánto falta por pagar?

Y, sobre todo:

¿por qué el ciudadano terminó pagando por una obra cuyo costo se acercó al doble de lo anunciado inicialmente?

Porque hay una diferencia enorme entre decir que una obra cuesta RD$33 mil millones y terminar explicándole al país que ahora cuesta RD$66 mil millones.

El dato que hace todavía más importante la explicación

En diciembre de 2024, una resolución relacionada con el financiamiento del proyecto documentó operaciones por US$500 millones, estructuradas mediante dos contratos por valores equivalentes a aproximadamente EUR464.95 millones y EUR41 millones.

Además, la Ley 366-22 ya contemplaba para el proyecto un financiamiento máximo de US$500 millones, más la prima de seguro de exportación cuando correspondiera.

Es decir, existe una arquitectura financiera considerable detrás del proyecto.

Por eso no basta con decir que "el monorriel avanza".

La población necesita conocer cuánto costará finalmente.

Porque avance físico y costo financiero son dos cosas diferentes.

Una obra puede estar al 90 % de ejecución y todavía tener obligaciones financieras pendientes.

Y precisamente eso es lo que hace necesario publicar el estado financiero completo.

El Gobierno dice que la obra está prácticamente terminada

El propio Gobierno ha informado avances muy elevados.

En diciembre de 2025, el Ministerio de la Presidencia reportó un avance general de 87.8 %.

En mayo de 2026, el Ministerio informó que la ejecución había llegado al 95 %.

Y en junio de 2026, FITRAM reportó un avance global de 92.6 %, señalando que continuaban trabajos relacionados con la fase electromecánica, ferroviaria, alimentación eléctrica, señalización y telecomunicaciones.

Ahora, en septiembre de 2026, el director de FITRAM informó que los trenes comenzarían a circular en octubre como parte del período de pruebas, con una apertura progresiva antes de finalizar el año.

Perfecto.

Pero precisamente porque el proyecto está llegando a su etapa final, este es el momento para presentar las cuentas completas.

No confundamos costo con dinero efectivamente gastado

Y aquí hay que ser rigurosos.

Decir que el Monorriel "cuesta RD$66 mil millones" no es exactamente lo mismo que decir que ya se gastaron RD$66 mil millones.

Los datos públicos que hemos podido verificar no permiten afirmar responsablemente que los RD$66 mil millones hayan sido desembolsados en su totalidad.

Lo que sí está documentado es que el costo anunciado pasó de aproximadamente RD$33 mil millones a unos RD$66 mil millones.

Y eso, por sí solo, ya es suficientemente importante.

Porque significa que la referencia financiera del proyecto prácticamente se duplicó.

Por tanto, la pregunta correcta no es solamente:

"¿Ya se gastaron los RD$66 mil millones?"

La pregunta completa es:

¿Por qué una obra presentada inicialmente en unos RD$33 mil millones terminó teniendo un costo estimado de alrededor de RD$66 mil millones y cuál es exactamente la composición de esos RD$33 mil millones adicionales?

Esa pregunta sí está plenamente justificada por los datos disponibles.

¿Y Abinader?

El presidente Luis Abinader ha supervisado personalmente los trabajos del Monorriel.

En junio de 2026 encabezó una visita al proyecto, mientras FITRAM reportaba un avance de 92.6 %.

El Gobierno también ha defendido el proyecto por su impacto esperado: aproximadamente 500,000 beneficiarios directos y una capacidad proyectada de hasta 200,000 viajes diarios.

Pero una cosa es explicar para qué sirve una obra y otra muy distinta explicar cuánto terminó costando.

El beneficio esperado no elimina la obligación de rendir cuentas sobre el costo.

Y mientras más grande sea la diferencia entre la cifra original y la cifra final, mayor debe ser la transparencia.

Dos veces SeNaSa

Aquí está la dimensión política y social del asunto.

El país acaba de vivir uno de los mayores escándalos financieros relacionados con una institución pública de los últimos años: SeNaSa.

Por eso, cuando el ciudadano escucha que otra gran obra pública pasó de aproximadamente RD$33 mil millones a RD$66 mil millones, la reacción natural no debería ser defender al Gobierno ni atacar a la oposición.

Debe ser exigir información.

Porque RD$33 mil millones adicionales no son una cifra abstracta.

Son recursos públicos.

Son impuestos.

Son deuda.

Son financiamiento.

Son compromisos que, de una manera u otra, terminan siendo asumidos por el Estado dominicano.

Y si la obra finalmente cuesta aproximadamente el doble de lo que se anunció inicialmente, el Gobierno tiene la obligación de explicar por qué.

La pregunta que queda sobre la mesa

El Monorriel puede ser una obra necesaria.

Puede transformar la movilidad de Santiago.

Puede reducir los tiempos de traslado.

Puede transportar cientos de miles de pasajeros.

Todo eso puede ser cierto.

Pero ninguna de esas cosas responde la pregunta financiera.

¿Cómo pasamos de RD$33 mil millones a RD$66 mil millones?

Ese es el dato.

No el discurso.

No la inauguración.

No la fotografía del presidente montado en el tren.

No el video de la prueba.

Los números.

Y si la diferencia se debe a financiamiento, inflación, ampliaciones, componentes adicionales, adquisición de trenes, sistemas electromecánicos, seguros, intereses o cualquier otra razón técnicamente justificable, entonces que el Gobierno publique el desglose.

Con contratos.

Con adendas.

Con certificaciones.

Con desembolsos.

Con pagos realizados.

Con compromisos pendientes.

Con el costo financiero.

Con todo.

Porque cuando una obra pública pasa de unos RD$33,000 millones a aproximadamente RD$66,000 millones, la ciudadanía no está pidiendo un favor.

Está pidiendo una explicación.

Y esa explicación, desde la Presidencia de la República, el Ministerio de la Presidencia y FITRAM, debería darse con cucharita de compota.

Porque cuando estamos hablando de decenas de miles de millones de pesos del Estado, la transparencia no puede ser una opción editorial: tiene que ser una obligación pública.

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