La historia política dominicana demuestra que ningún partido sobrevive indefinidamente cuando sustituye el debate interno por la obediencia absoluta a un solo líder. Mientras el liderazgo fuerte puede ser una ventaja para conquistar el poder, convertir ese liderazgo en la única fuente de decisiones termina debilitando las instituciones partidarias y anulando la capacidad de producir nuevos liderazgos. Hoy, observando el comportamiento del Partido Revolucionario Moderno (PRM), surgen interrogantes inevitables sobre si está reproduciendo un patrón que ya vivió el país con el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) durante la era de Joaquín Balaguer.
El PRSC: un partido que terminó siendo Balaguer
Durante décadas, el PRSC fue una maquinaria política extraordinariamente eficiente.
Ganó elecciones.
Construyó una estructura nacional.
Mantuvo el poder durante largos períodos.
Pero también desarrolló un problema que terminó siendo fatal.
Todo giraba alrededor de Joaquín Balaguer.
La última palabra siempre era la suya.
Pocos dirigentes se atrevían a cuestionar públicamente una decisión del líder.
No importaba si la decisión era acertada o equivocada.
La disciplina terminó convirtiéndose, en muchos casos, en obediencia absoluta.
El partido dejó de producir figuras con autonomía política.
Los principales dirigentes administraban el poder, pero muy pocos construían un liderazgo propio.
Mientras Balaguer estaba vivo, ese modelo funcionó porque su liderazgo mantenía unido al partido.
Sin embargo, cuando Balaguer salió definitivamente del escenario político, el PRSC nunca logró reconstruir una figura con capacidad de cohesionar a toda la organización.
El resultado es conocido.
El partido que durante años dominó la política dominicana perdió progresivamente su influencia hasta convertirse en una fuerza secundaria.
No murió únicamente por la ausencia de Balaguer.
Murió porque durante años no permitió que crecieran otros liderazgos con suficiente independencia.
¿Está ocurriendo algo parecido en el PRM?
Salvando las enormes diferencias históricas entre ambos partidos, existen comportamientos que merecen análisis.
Hoy el PRM transmite, en ocasiones, la imagen de un partido donde el criterio predominante es respaldar las decisiones del presidente Luis Abinader.
Las voces críticas internas son escasas.
Los debates públicos entre dirigentes de alto nivel casi no existen.
Las diferencias suelen resolverse en privado o simplemente no se expresan.
Eso puede proyectar unidad.
Pero también puede proyectar falta de deliberación.
En toda organización democrática resulta saludable que existan dirigentes capaces de disentir sin ser considerados enemigos.
Cuando el desacuerdo desaparece por completo, la democracia interna comienza a debilitarse.
Gobernar no siempre es igual que hacer oposición
Luis Abinader realizó una campaña exitosa.
Logró unir sectores diversos.
Capitalizó el desgaste del gobierno anterior.
Presentó un mensaje de cambio.
Y ganó las elecciones.
Eso constituye un hecho político indiscutible.
Sin embargo, gobernar exige capacidades diferentes a las necesarias para ganar una campaña.
Durante estos años, el Gobierno ha enfrentado decisiones que han generado críticas desde distintos sectores.
Entre ellas, cambios o rectificaciones en algunas políticas públicas, dificultades para implementar determinadas iniciativas, cuestionamientos sobre el crecimiento de la deuda pública y debates alrededor de reformas que luego fueron modificadas, retiradas o replanteadas.
En democracia, esas decisiones forman parte del ejercicio del poder.
Lo preocupante desde el punto de vista partidario sería que dentro del PRM casi no existan espacios visibles para evaluar críticamente esos resultados.
Un partido donde todos piensan igual
Ningún partido político serio puede depender exclusivamente del criterio de una persona.
Los grandes partidos necesitan intelectuales.
Dirigentes.
Técnicos.
Líderes territoriales.
Personas capaces de advertir cuando una estrategia no está funcionando.
Si todos aplauden todas las decisiones, el riesgo de cometer errores aumenta considerablemente.
La crítica responsable fortalece.
La adulación permanente debilita.
¿La meritocracia o la cercanía al poder?
Uno de los cuestionamientos que con mayor frecuencia recibe el PRM desde distintos sectores consiste en que determinadas designaciones responderían más a relaciones de confianza política, cercanía con el liderazgo presidencial o vínculos empresariales que a procesos competitivos abiertos.
Ese tipo de críticas no son exclusivas del PRM.
También fueron formuladas durante gobiernos del PLD, del PRD y del propio PRSC.
Precisamente por eso resulta llamativo que un partido que nació prometiendo romper con esas prácticas sea acusado de reproducir algunas de ellas.
Naturalmente, la valoración de cada nombramiento corresponde al debate político y ciudadano.
Los empresarios en política
La participación de empresarios en la política no constituye un problema en sí mismo.
Muchos países han tenido presidentes y funcionarios provenientes del sector privado.
Lo importante es que el acceso a posiciones de poder responda a capacidades para ejercer funciones públicas y no únicamente al nivel económico o a las relaciones personales.
La política exige habilidades distintas a las del mundo empresarial.
Construir consensos.
Negociar.
Comprender territorios.
Entender organizaciones sociales.
Escuchar.
Resolver conflictos.
No siempre quien ha sido exitoso administrando una empresa necesariamente posee experiencia política suficiente para dirigir instituciones públicas complejas.
¿Dónde está el pensamiento político del PRM?
Un partido moderno no debería limitarse a defender al Gobierno.
También debería producir ideas.
Propuestas.
Debates.
Doctrina.
Reflexión.
¿Cuáles son hoy las grandes discusiones ideológicas del PRM?
¿Qué modelo de Estado defiende?
¿Qué reformas estructurales propone para los próximos veinte años?
¿Qué visión tiene sobre el desarrollo económico, la descentralización, la institucionalidad o la reforma política?
Esas preguntas pocas veces ocupan el centro del debate interno.
El verdadero riesgo
El mayor riesgo para cualquier partido no es perder una elección.
Es perder la capacidad de generar liderazgo propio.
Cuando toda la legitimidad depende de una sola figura, el partido comienza a confundirse con el líder.
Y cuando eso ocurre, el futuro de la organización queda condicionado al futuro político de esa persona.
La historia del PRSC es una advertencia sobre ese peligro.
No porque el PRM sea idéntico al reformismo de Balaguer, sino porque ambos casos invitan a reflexionar sobre un principio fundamental de la democracia: los partidos fuertes no son los que tienen un líder incuestionable; son los que producen nuevos liderazgos, permiten el debate interno y sobreviven incluso cuando su principal figura deja el escenario.
Si el PRM aspira a consolidarse como una organización de largo plazo y no solo como el partido del presidente Luis Abinader, necesitará fortalecer su vida interna, promover el pensamiento crítico y demostrar que puede construir liderazgo más allá de una sola persona. De lo contrario, corre el riesgo de repetir una lección que la historia política dominicana ya enseñó.
A todos los medios y “comunicadores” que seguramente leerán este análisis y encontrarán en él insumos para sus propios contenidos: utilizar información es parte del ejercicio periodístico, pero el crédito también lo es. Reconocer a Hackeandoelsistema.net no solo es un acto de ética profesional, sino que además fortalece su propia credibilidad ante la audiencia, proyectándolos como comunicadores serios, con criterio, fuentes y capacidad real de análisis. Dar crédito no resta; al contrario, suma rigor, transparencia y respeto en un ecosistema mediático que cada vez exige más responsabilidad
Nota aclaratoria:
Algunas informaciones contenidas en este artículo tienen carácter especulativo, fundamentadas en el análisis de hechos públicos y en el comportamiento reciente de los actores mencionados, así como en una filtración genuina proveniente de una fuente de entero crédito. En virtud de los principios éticos del periodismo y del marco legal nacional e internacional, nos reservamos el derecho de proteger la identidad de dicha fuente, conforme a lo establecido en el Artículo 49 de la Constitución de la República Dominicana, que garantiza la libertad de expresión e información, así como el derecho a mantener el secreto profesional. Este derecho también está respaldado por instrumentos internacionales como el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y los principios establecidos por la UNESCO y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre la libertad de prensa. La protección de nuestras fuentes es no solo un derecho, sino un deber ético frente al interés público y la democracia.







