
La diplomacia murió hace tiempo en República Dominicana; hoy manda el poder y el dinero
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Durante décadas en República Dominicana, nos enseñaron que las relaciones internacionales se construían sobre la amistad entre los pueblos, la cooperación y la diplomacia. La realidad demuestra otra cosa.
Los Estados no tienen amigos.
Tienen intereses.
Y cuando esos intereses cambian, cambian también las alianzas.
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La historia de la República Dominicana con Estados Unidos demuestra precisamente eso.
Trujillo: útil mientras servía
Hecho verificable
Rafael Leónidas Trujillo gobernó la República Dominicana entre 1930 y 1961. Durante buena parte de ese período fue reconocido y respaldado por Estados Unidos, especialmente porque representaba estabilidad regional y un fuerte muro contra la expansión del comunismo en el Caribe.
Sin embargo, la relación comenzó a deteriorarse después del atentado contra el presidente venezolano Rómulo Betancourt en 1960, las sanciones internacionales impulsadas por la OEA y el creciente aislamiento diplomático del régimen.
Documentos desclasificados muestran que funcionarios estadounidenses mantuvieron contactos con grupos conspiradores que buscaban derrocar a Trujillo y que Washington conocía de los planes contra el dictador antes de su asesinato.
Opinión
En mi opinión, Trujillo dejó de ser un aliado cuando dejó de ser útil para los intereses estratégicos de Washington. Mientras protegía esos intereses fue respaldado. Cuando comenzó a representar un costo político internacional, fue abandonado. Esa es la lógica del poder internacional.
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Juan Bosch: el presidente que duró siete meses
Hecho verificable
Juan Bosch ganó democráticamente las elecciones de 1962 y asumió la Presidencia en febrero de 1963.
Fue derrocado apenas siete meses después mediante un golpe de Estado militar.
En abril de 1965 estalló la Revolución Constitucionalista para restituir el orden constitucional, y Estados Unidos intervino militarmente con más de 20,000 soldados mediante la Operación Power Pack, alegando el riesgo de una segunda Cuba en el Caribe.
Estos hechos están ampliamente documentados por archivos estadounidenses desclasificados y por investigaciones históricas.
Opinión
En mi opinión, la caída de Bosch demuestra que, cuando los intereses geopolíticos de una potencia chocan con la soberanía de un país pequeño, la democracia pasa a un segundo plano.
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Balaguer entendió el juego
Hecho verificable
Joaquín Balaguer gobernó entre 1966 y 1978, y luego entre 1986 y 1996.
Durante la Guerra Fría mantuvo una relación estrecha con Estados Unidos, pero también defendió posiciones propias en momentos determinados.
En 1994, tras unas elecciones profundamente cuestionadas, se alcanzó el Pacto por la Democracia, que redujo su mandato y prohibió la reelección consecutiva. En 1996, Balaguer apoyó a Leonel Fernández mediante el Frente Patriótico.
Opinión
A mi juicio, Balaguer fue el presidente dominicano que mejor entendió cómo negociar con Washington. Cuando debía acercarse, lo hacía. Cuando debía resistir, escogía cuidadosamente sus batallas. No confundió cooperación con obediencia absoluta.
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Leonel Fernández
Hecho verificable
Durante los gobiernos de Leonel Fernández (1996-2000, 2004-2012), la República Dominicana fortaleció el DR-CAFTA, amplió la cooperación con Estados Unidos y promovió una política exterior enfocada en atraer inversión extranjera y fortalecer el comercio.
Opinión
En mi opinión, Leonel entendió que la mejor manera de aumentar el margen de negociación de un país pequeño era fortalecer su economía y diversificar sus relaciones internacionales.
Danilo Medina
Hecho verificable
Durante la gestión de Danilo Medina (2012-2020), la República Dominicana mantuvo una estrecha cooperación con Estados Unidos en materia de seguridad, comercio y lucha contra el narcotráfico.
En 2018, rompió relaciones diplomáticas con Taiwán y reconoció a la República Popular China.
Opinión
En mi opinión, esa decisión mostró que incluso gobiernos considerados cercanos a Washington pueden intentar ampliar su margen de maniobra cuando identifican oportunidades estratégicas.
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Luis Abinader
Hecho verificable
Desde 2020, el Gobierno de Luis Abinader ha reforzado la cooperación con Estados Unidos en seguridad, migración, inversiones y cadenas de suministro.
Durante su administración también se produjo la restricción de importaciones de azúcar de Central Romana por parte de autoridades estadounidenses y, más recientemente, la imposición de un arancel del 12.5 % a determinados productos dominicanos por decisión del Gobierno de Donald Trump.
Opinión
En mi opinión, el problema no es mantener una buena relación con Estados Unidos.
El problema es creer que una relación cordial garantiza reciprocidad.
La realidad demuestra que Washington continuará tomando decisiones en función de sus propios intereses, aunque afecten a uno de sus principales socios del Caribe.
La gran lección
La política internacional no premia la lealtad.
Premia la utilidad.
Los países respetan a quienes representan un valor estratégico o poseen capacidad de negociación.
Los débiles rara vez reciben concesiones por simpatía.
Las obtienen cuando logran construir influencia.
República Dominicana debe abandonar la idea de que una fotografía en la Casa Blanca, un comunicado conjunto o una visita oficial garantizan protección frente a decisiones económicas o comerciales.
La diplomacia sigue siendo importante.
Pero hoy la diplomacia funciona respaldada por poder económico, capacidad de negociación, diversificación comercial, instituciones fuertes y una estrategia nacional clara.
La historia dominicana enseña una lección incómoda.
Desde Trujillo hasta Abinader, todos los presidentes han tenido que lidiar con la enorme influencia de Estados Unidos.
Unos confrontaron.
Otros negociaron.
Otros se alinearon.
Pero todos descubrieron la misma realidad: las grandes potencias no toman decisiones por afecto, sino por intereses.
Mientras la República Dominicana no fortalezca su economía, diversifique sus mercados, reduzca su dependencia y construya una política exterior basada primero en el interés nacional, seguirá reaccionando a decisiones tomadas en otras capitales.
Porque en el sistema internacional, el respeto no se pide.
Se construye.
Por Melvin Sena
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