La política latinoamericana cambió, pero gran parte de la dirigencia dominicana parece seguir haciendo campañas como si todavía estuviéramos en la década del 2000. Mientras en distintos países de la región los ciudadanos han castigado a los candidatos excesivamente fabricados por el marketing y han premiado a figuras que proyectan autenticidad, cercanía y liderazgo, en República Dominicana aún persiste la creencia de que una buena estrategia de comunicación, suficientes recursos económicos y una lluvia permanente de encuestas pueden convertir a cualquier aspirante en presidente.
Sin embargo, la historia reciente demuestra exactamente lo contrario: las campañas pueden construir una imagen, pero difícilmente pueden fabricar un liderazgo genuino. Y esa diferencia será determinante en la carrera hacia el 2028.
Durante décadas, la política latinoamericana estuvo dominada por grandes partidos, campañas multimillonarias y candidatos construidos alrededor del marketing.
El consultor definía el peinado.
El publicista escribía los discursos.
El equipo de imagen decidía qué debía sentir el candidato.
Todo estaba cuidadosamente calculado.
Pero algo cambió.
Hoy América Latina parece premiar otra cosa.
La autenticidad.
La cercanía.
La capacidad de conectar con la gente sin parecer un producto diseñado en una oficina de relaciones públicas.
El cambio ya ocurrió
Los ejemplos abundan.
En Argentina, Javier Milei derrotó a las principales estructuras partidarias hablando el lenguaje de millones de ciudadanos frustrados.
No parecía un político tradicional.
Parecía alguien indignado como ellos.
En México, Andrés Manuel López Obrador construyó durante años una relación cotidiana con la población.
No necesitó parecer perfecto.
Necesitó parecer cercano.
En El Salvador, Nayib Bukele rompió el protocolo tradicional de la política.
Su comunicación dejó de parecer institucional para convertirse en una conversación permanente con los ciudadanos.
En Ecuador, Daniel Noboa proyectó renovación frente a una clase política desgastada.
En Costa Rica, Rodrigo Chaves también capitalizó el voto de ciudadanos cansados del establecimiento político.
Y en Colombia, la elección presidencial de 2026 volvió a demostrar que la ciudadanía sigue buscando perfiles capaces de romper con los esquemas tradicionales, aunque cada país tenga dinámicas distintas y proyectos ideológicos diferentes.
Lo interesante es que ninguno ganó únicamente porque tuviera la mejor publicidad.
Ganaron porque lograron construir una conexión emocional con sectores importantes de la población.
República Dominicana todavía juega con reglas viejas
Mientras América Latina cambia, buena parte de la política dominicana sigue apostando al modelo tradicional.
Más publicidad.
Más encuestas.
Más posicionamiento.
Más consultores.
Más marketing.
Como si la gente todavía creyera que un candidato puede construirse únicamente con una campaña de imagen.
Sin embargo, la sociedad dominicana también está cambiando.
Los ciudadanos quieren sentir que conocen realmente a quien aspira a dirigir el país.
Quieren escuchar respuestas espontáneas.
Quieren ver cercanía.
Quieren autenticidad.
Los tres proyectos que hoy dominan el PRM
Dentro del oficialismo pueden identificarse tres proyectos con mayor actividad política.
David Collado: el candidato del posicionamiento
David Collado probablemente sea el dirigente con mayor nivel de reconocimiento público dentro del PRM.
Su proyecto se caracteriza por una intensa estrategia de comunicación.
Tiene una presencia constante en medios tradicionales, redes sociales y estudios de opinión.
Su fortaleza principal parece estar en el posicionamiento de imagen.
Sus críticos sostienen que esa estrategia ha privilegiado la percepción pública sobre el fortalecimiento de la estructura partidaria.
También señalan que parte de los dirigentes que hoy respaldan su proyecto provienen de distintos sectores del oficialismo, incluyendo figuras que abandonaron responsabilidades públicas en medio de cuestionamientos o presiones políticas. Esa es una crítica política frecuente, aunque la composición de cualquier proyecto suele cambiar con el tiempo.
El gran desafío de David Collado será demostrar que, además del reconocimiento nacional, puede construir una estructura suficientemente sólida y un proyecto político claramente definido.
Carolina Mejía: la fuerza de la estructura tradicional
El proyecto de Carolina Mejía responde a otra lógica.
Su principal fortaleza está en la estructura política construida alrededor del liderazgo histórico de Hipólito Mejía.
Existe una dirigencia que mantiene vínculos de muchos años con ese liderazgo.
Lealtades.
Relaciones políticas.
Compromisos históricos.
Además, Carolina posee un estilo propio que conecta con determinados segmentos del electorado.
Su reto consiste en ampliar esa base más allá del liderazgo histórico de su padre.
Wellington Arnaud: la política del contacto directo
El proyecto de Wellington Arnaud parece responder a una lógica distinta.
No es el más visible mediáticamente.
No suele aparecer encabezando todas las encuestas.
Pero ha invertido una parte importante de su tiempo en recorrer el país y fortalecer relaciones con la dirigencia del partido.
Quien revise sus actividades públicas encontrará reuniones con dirigentes locales, visitas a comunidades, encuentros con militantes y recorridos por municipios pequeños.
Su comunicación suele girar alrededor del contacto directo.
Hay un elemento que llama la atención.
Cuando habla del país, frecuentemente menciona municipios, distritos municipales, comunidades específicas, dirigentes locales y problemáticas muy concretas.
Ese tipo de detalles transmite la percepción de alguien que conoce el territorio y que ha construido relaciones políticas de manera presencial.
En una época donde la autenticidad gana valor, ese activo puede resultar importante.
El caso de la Fuerza del Pueblo
En la Fuerza del Pueblo ocurre un fenómeno distinto.
Leonel Fernández continúa siendo el líder histórico y quien conserva el mayor control sobre la estructura partidaria.
Sin embargo, Omar Fernández representa la renovación.
Su imagen genera menores niveles de rechazo que la de su padre.
Su principal fortaleza es conectar con sectores jóvenes y urbanos.
Pero también enfrenta un desafío evidente.
Una parte del electorado entiende que su ascenso político ha estado estrechamente ligado al liderazgo de Leonel Fernández.
Eso significa que hereda parte del capital político de su padre, pero también parte de las críticas acumuladas durante años.
Existe además una realidad política interesante.
Probablemente resulte más sencillo que los seguidores tradicionales de Leonel apoyen una candidatura de Omar que convencer a todos los jóvenes que hoy simpatizan con Omar de respaldar nuevamente a Leonel.
Esa diferencia puede influir en las decisiones estratégicas futuras del partido.
La nueva política ya llegó a la República Dominicana
La gran pregunta es si los partidos dominicanos están interpretando correctamente lo que ocurre en América Latina.
El electorado parece valorar cada vez más la cercanía, la autenticidad y la capacidad de comunicar con naturalidad.
Eso no significa que la estructura deje de importar.
Ni que el dinero pierda relevancia.
Significa que el marketing, por sí solo, ya no garantiza construir liderazgo.
Porque las campañas pueden fabricar una imagen.
Pero la autenticidad sigue siendo mucho más difícil de fabricar que un buen anuncio publicitario o una encuesta favorable.
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