En el PRM comienza a surgir una contradicción política difícil de ocultar. Mientras Hipólito Mejía insiste públicamente en que el candidato presidencial del partido para 2028 debe salir de una convención democrática, abierta y competitiva, guarda un silencio absoluto frente a la extensión de las actuales autoridades internas del partido.
Y la pregunta es inevitable:
Hipólito Mejía, si la democracia interna es buena para elegir al candidato presidencial… ¿por qué no es buena para elegir las autoridades del propio PRM?
Ahí es donde muchos entienden que el discurso comienza a chocar con la realidad política.
Porque mientras se habla de convención para la candidatura presidencial, la cúpula del partido decidió extender:
- el mandato de José Ignacio Paliza,
- el de Carolina Mejía como secretaria general,
- y además congelar las direcciones municipales por dos años más.
Todo esto evitando procesos internos competitivos.
Entonces el silencio de Hipólito no parece casual.
Muchos dentro del PRM interpretan que Hipólito Mejía, no confronta la extensión porque políticamente le conviene que Carolina permanezca como secretaria general del partido mientras construye su proyecto presidencial hacia 2028.
Y desde la lógica estratégica eso tiene sentido:
- la secretaría general da estructura,
- acceso político,
- presencia nacional,
- capacidad de articulación,
- y control parcial del aparato partidario.
El problema es el costo político de esa jugada.
Porque mientras una parte importante de la base del PRM rechaza las extensiones y exige renovación interna, Carolina corre el riesgo de quedar asociada a una cúpula percibida como cerrada, impopular y temerosa del voto directo de la militancia.
Ahí está el verdadero dilema.
Hipólito parece querer dos cosas al mismo tiempo:
- convención democrática para escoger candidato presidencial,
pero - consenso y continuidad para proteger el control de las estructuras internas.
Y eso comienza a generar ruido incluso dentro del propio perremeísmo.
Porque la base está empezando a hacer una pregunta peligrosa:
¿La democracia interna aplica solamente cuando conviene políticamente?
El PRM enfrenta hoy un problema serio:
la militancia quiere participación,
quiere renovación,
quiere competencia real,
y quiere sentir que su voz importa.
Por eso muchos entienden que la extensión de mandatos no es una demostración de unidad, sino una señal de miedo político.
Miedo a medirse.
Miedo a perder estructuras.
Y miedo a descubrir que el rechazo interno hacia algunos sectores de la cúpula es más grande de lo que públicamente admiten.
Y mientras eso ocurre, el silencio de Hipólito Mejía sobre el tema comienza a hablar más fuerte que cualquier discurso sobre democracia interna.






