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República Dominicana no puede ser espectadora en las elecciones de Haití
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República Dominicana no puede ser espectadora en las elecciones de Haití

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Administrador HESADMINISTRADOR HES/28 SEPT DE 2026/1 MIN/visibility6 VISTAS
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Las elecciones presidenciales de Haití no son un asunto exclusivamente haitiano para la República Dominicana.

Aunque el principio de soberanía obliga a respetar que sean los haitianos quienes elijan a su próximo presidente, Santo Domingo tiene intereses nacionales directos y legítimos en lo que ocurra al otro lado de la frontera.

Y por eso considero que República Dominicana debe influir, pero hacerlo con inteligencia, discreción y estrategia.

No estoy hablando de intervenir en las elecciones haitianas, financiar candidatos, manipular votantes ni intentar imponer un presidente. Hablo de algo mucho más sofisticado: diplomacia, construcción de canales de comunicación y defensa de los intereses dominicanos antes de que se conozca el resultado electoral.

El escenario ya comenzó a moverse.

Una elección que todavía está abierta

El Consejo Electoral Provisional (CEP) mantiene abierto el proceso de inscripción. La lista publicada recientemente incluye nueve aspirantes, entre ellos Claude Joseph, Jocelerme Privert y Gary Bodeau. Pero esa nómina todavía es provisional y el CEP debe revisar los expedientes antes de publicar la lista definitiva. (Diario Libre) 

Además, el calendario electoral establece actualmente el 13 de diciembre de 2026 para la primera vuelta presidencial y legislativa, mientras que la segunda vuelta está prevista para el 21 de febrero de 2027. El propio CEP advierte que el cumplimiento del calendario depende, entre otros factores, de las condiciones de seguridad y de los recursos disponibles. (CEP HAITI) 

Es decir: todavía hay tiempo para observar, conversar y construir relaciones.

Y eso es precisamente lo que República Dominicana debería estar haciendo.

El caso Claude Joseph debe llamar la atención

De los nombres que aparecen en la lista provisional, Claude Joseph merece una atención particular desde Santo Domingo.

No porque República Dominicana deba decidir quién puede o no ser presidente de Haití, sino porque existe un historial público suficientemente documentado de confrontación política con las autoridades dominicanas.

Diario Libre recoge declaraciones anteriores de Joseph contra determinadas políticas dominicanas hacia Haití y los migrantes haitianos, incluyendo su reacción después de que República Dominicana le prohibiera la entrada al territorio nacional en 2022. (Diario Libre) 

Eso no significa que Claude Joseph sea automáticamente enemigo de República Dominicana, ni permite anticipar cómo gobernaría.

Pero sí significa que Santo Domingo tiene razones objetivas para estudiar cuidadosamente sus posiciones.

Y no solamente las de él.

La política exterior seria no espera a que el presidente electo tome posesión para empezar a conocerlo.

¿Qué debería buscar República Dominicana?

Aquí está el punto central.

La República Dominicana no necesita un presidente haitiano que sea dominicano ni uno que piense como Santo Domingo.

Necesita un gobierno haitiano con el cual pueda hablar.

Porque los problemas que comparten ambos países no desaparecen porque un gobierno dominicano cierre la frontera o porque un gobierno haitiano adopte discursos nacionalistas.

La migración continuará siendo un tema.

La seguridad fronteriza continuará siendo un tema.

El comercio bilateral continuará siendo un tema.

El tráfico de armas, drogas y mercancías continuará siendo un tema.

La situación de los haitianos en República Dominicana continuará siendo un tema.

Y mientras Haití no consiga construir instituciones capaces de controlar su territorio, República Dominicana seguirá recibiendo las consecuencias de esa inestabilidad.

De hecho, el propio Gobierno dominicano y las autoridades haitianas mantienen actualmente una agenda bilateral que incluye seguridad fronteriza, combate a economías ilícitas, migración, comercio, inversión y conectividad aérea. (Presidencia de la República Dominicana) 

Entonces, ¿cómo puede alguien sostener seriamente que Santo Domingo no tiene interés en quién gobierne Haití?

Influir no significa intervenir

Aquí debemos hacer una distinción fundamental.

Intervenir es intentar decidir por los haitianos.

Influir diplomáticamente es defender los intereses dominicanos ante los actores que eventualmente tendrán poder en Haití.

Son cosas completamente diferentes.

Estados Unidos hace diplomacia en América Latina.

Francia la hace en África.

China construye relaciones económicas y diplomáticas en diferentes regiones.

México observa cuidadosamente los procesos políticos de sus vecinos.

¿Por qué República Dominicana tendría que comportarse como si Haití estuviera a miles de kilómetros?

Tenemos una frontera terrestre de más de 300 kilómetros, millones de intercambios comerciales, una intensa movilidad humana y problemas de seguridad que inevitablemente tienen una dimensión binacional.

La ingenuidad también es una política exterior. Y generalmente termina siendo una política exterior muy cara.

Santo Domingo debe hablar con todos

Por eso considero que la estrategia dominicana debería ser mucho más amplia que escoger públicamente a un candidato.

Hay que hablar con todos los sectores que tengan posibilidades reales de participar en el futuro político haitiano.

Hay que conocer sus posiciones.

Hay que preguntarles directamente qué piensan sobre la frontera.

Qué piensan sobre las deportaciones.

Qué piensan sobre el comercio bilateral.

Qué piensan sobre las bandas armadas.

Qué piensan sobre la cooperación policial.

Qué piensan sobre la migración irregular.

Qué piensan sobre el río Masacre y los recursos hídricos compartidos.

Qué piensan sobre las relaciones económicas con República Dominicana.

Y, sobre todo, qué modelo de relación quieren construir con Santo Domingo.

Eso no es intromisión.

Eso es diplomacia.

El error sería esperar el resultado

El peor escenario para República Dominicana sería despertarse después de las elecciones y descubrir que el nuevo presidente haitiano es una persona con la que prácticamente no existen canales de comunicación.

La política exterior no puede funcionar así.

Cuando se anuncie el resultado, ya será demasiado tarde para comenzar a conocer al nuevo gobierno.

Por eso el trabajo debe comenzar ahora.

No necesariamente desde el Palacio Nacional.

También desde Cancillería, embajadas, empresarios, académicos, organizaciones internacionales, organismos de cooperación y todos aquellos sectores que puedan contribuir a construir puentes.

Y esos contactos deben mantenerse independientemente de quién avance en la carrera electoral.

República Dominicana también tiene que entender a Haití

Pero existe otro problema.

Durante demasiado tiempo, parte del debate dominicano sobre Haití ha sido reducido a una discusión migratoria.

Haití es mucho más complejo que eso.

Hay una crisis institucional, económica, de seguridad y de gobernabilidad que condiciona cualquier política migratoria.

Por eso República Dominicana necesita desarrollar una política haitiana permanente, no una política que cambie dependiendo de quién ocupe el Palacio Nacional en Santo Domingo.

El interés dominicano debería ser relativamente sencillo de definir:

un Haití institucionalmente estable, capaz de controlar su territorio, combatir las organizaciones criminales, administrar sus fronteras y mantener relaciones previsibles con República Dominicana.

Ese objetivo no depende de que gane un candidato específico.

Depende de que exista un interlocutor haitiano con capacidad política e institucional para cumplir acuerdos.

La pregunta que debe hacerse Santo Domingo

Por eso, más que preguntarnos ahora:

“¿Quién queremos que gane en Haití?”

La pregunta correcta debería ser:

“¿Con quién podremos construir una relación estable, permanente y verificable que proteja los intereses de República Dominicana?”

Esa es una pregunta completamente diferente.

Porque República Dominicana no tiene derecho a elegir al presidente de Haití.

Pero sí tiene derecho —y, desde una perspectiva de política exterior, tiene razones para hacerlo— a conocer a quienes aspiran a gobernar el país vecino y defender sus intereses ante cualquiera de ellos.

Y si existe un candidato cuya retórica hacia República Dominicana genera preocupación, Santo Domingo debe estudiarlo con mayor atención, no convertirlo automáticamente en enemigo.

Si existe otro candidato dispuesto al diálogo, tampoco significa que República Dominicana deba convertirse en su patrocinador.

La diplomacia no consiste en tener favoritos. Consiste en tener interlocutores.

Y ahí está el verdadero desafío.

Las elecciones haitianas de 2026 no solamente decidirán quién ocupará la Presidencia de Haití.

Para República Dominicana también abrirán una nueva etapa en una relación que ningún gobierno dominicano puede darse el lujo de ignorar.

Santo Domingo no debe escoger al presidente de Haití. Pero tampoco debe quedarse sentado esperando a que Haití lo escoja para entonces comenzar a preguntarse cómo relacionarse con él.

Esa sería una irresponsabilidad estratégica.

Consejo Electoral Provisional de Haití

Ministerio de Relaciones Exteriores de República Dominicana

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