Hackeando el Sistema
¿Y SI REPÚBLICA DOMINICANA DEJARA DE REGALARLO TODO? HAITÍ, LOS TRATADOS HISTÓRICOS Y LA OPORTUNIDAD DE DEFENDER NUESTROS INTERESES
HAITINEWS

¿Y SI REPÚBLICA DOMINICANA DEJARA DE REGALARLO TODO? HAITÍ, LOS TRATADOS HISTÓRICOS Y LA OPORTUNIDAD DE DEFENDER NUESTROS INTERESES

Mientras El Salvador proyecta una respuesta militar contundente frente a las pandillas haitianas, República Dominicana debe preguntarse cuánto ha cedido, cuánto ha aportado y qué b...

Administrador HESADMINISTRADOR HES/31 OCT DE 2026/8 MIN/visibility5 VISTAS
record_voice_over
Escuchar articulo
Lectura por voz del navegador

Mientras El Salvador proyecta una respuesta militar contundente frente a las pandillas haitianas, República Dominicana debe preguntarse cuánto ha cedido, cuánto ha aportado y qué beneficios concretos ha recibido a cambio. La soberanía también se defiende con memoria histórica, diplomacia y decisiones firmes.

Por Melvin Sena | HackeandoElSistema.net

La escalada de violencia en Haití y el creciente involucramiento de fuerzas extranjeras en su territorio deberían provocar una reflexión profunda en República Dominicana: ¿por qué nuestro país continúa asumiendo tantas consecuencias de una crisis que no ha provocado, mientras sus propios intereses nacionales parecen quedar relegados en las decisiones diplomáticas?

El Salvador, bajo el liderazgo de Nayib Bukele, ha decidido involucrarse de manera mucho más directa en las operaciones contra las organizaciones criminales haitianas. Su Gobierno ha proyectado una estrategia de seguridad que incluye el envío de personal, capacidades militares y recursos para enfrentar a las pandillas.

Mientras tanto, República Dominicana tiene que proteger su frontera, controlar la migración irregular, combatir las redes de tráfico y atender las consecuencias económicas y humanitarias de la crisis.

Y aquí surge una pregunta incómoda: ¿por qué nuestro país no aprovecha esta coyuntura para revisar su política hacia Haití y colocar sus propios intereses nacionales en el centro de la agenda?

No se trata de buscar una guerra ni de desconocer la soberanía haitiana. Se trata de abandonar una política exterior que muchas veces parece concentrarse más en evitar conflictos diplomáticos que en conseguir resultados concretos para los dominicanos.

1. ARANJUEZ Y LA HISTORIA QUE DEBEMOS CONOCER

La historia territorial de la isla no puede analizarse a partir de publicaciones virales ni de interpretaciones simplificadas.

El Tratado de Aranjuez, firmado el 3 de junio de 1777 entre España y Francia, estableció los límites de las posesiones coloniales de ambas potencias en la isla de Santo Domingo. Fue un instrumento importante para organizar territorialmente las colonias española y francesa.

Posteriormente, en 1795, el Tratado de Basilea dispuso la cesión de la parte oriental de la isla a Francia. Aquellos acontecimientos transformaron la configuración política y territorial de Santo Domingo.

Con la independencia dominicana de 1844 comenzó una nueva etapa histórica. La delimitación de la frontera entre los dos Estados fue objeto de negociaciones que culminaron en el Tratado de 1929 y su posterior revisión mediante el protocolo de 1936.

Es importante decirlo con claridad: Aranjuez no reconoce actualmente un 35 % del territorio haitiano como propiedad de República Dominicana. No existe fundamento suficiente para presentar esa cifra como un derecho territorial vigente.

Pero conocer nuestra historia sí importa. Un Estado que desconoce los procesos que dieron origen a sus fronteras termina dejando su política exterior en manos de interpretaciones ajenas.

La República Dominicana debe fortalecer sus investigaciones históricas, jurídicas y diplomáticas, preservar sus archivos y garantizar que cada acuerdo territorial sea respetado.

2. ¿QUÉ HA RECIBIDO REPÚBLICA DOMINICANA A CAMBIO DE SU SOLIDARIDAD?

Durante décadas, República Dominicana ha mantenido una relación económica, comercial y humanitaria considerable con Haití.

Nuestro territorio ha servido como espacio de atención médica, intercambio comercial, empleo y tránsito para miles de ciudadanos haitianos. También hemos contribuido a la discusión internacional sobre la crisis de ese país y hemos soportado consecuencias importantes de su inestabilidad.

Pero una relación bilateral no puede construirse sobre obligaciones unilaterales.

La solidaridad dominicana no significa renunciar al cumplimiento de nuestras leyes migratorias. La cooperación humanitaria no significa asumir indefinidamente responsabilidades que corresponden al Estado haitiano y a la comunidad internacional.

Tampoco podemos aceptar que cualquier decisión soberana dominicana sea presentada automáticamente como una agresión contra Haití.

La pregunta que debe plantear el Gobierno es sencilla: ¿qué compromisos concretos ha asumido Haití para garantizar el respeto a nuestra frontera, combatir las redes criminales, controlar sus territorios y evitar que sus problemas de seguridad se trasladen a nuestro país?

La diplomacia dominicana necesita exigir reciprocidad, compromisos verificables y mecanismos de seguimiento.

3. LA CRISIS HAITIANA CAMBIA EL TABLERO GEOPOLÍTICO

La presencia de organizaciones criminales que controlan sectores estratégicos de Haití ha convertido la crisis en un problema de seguridad regional.

La respuesta internacional también está cambiando. El Salvador ha anunciado su participación militar y logística en las operaciones contra las pandillas. Otros países han contribuido con personal y recursos a los esfuerzos internacionales.

Esto abre una oportunidad diplomática para República Dominicana.

Si otros Estados están dispuestos a involucrar recursos humanos, financieros y militares para estabilizar Haití, nuestro país debe exigir que esa cooperación incluya garantías concretas para la seguridad dominicana.

No podemos permitir que la comunidad internacional considere suficiente desplegar fuerzas en Haití mientras deja a República Dominicana como principal receptor de las consecuencias de una eventual desestabilización.

Nuestro Gobierno debería presentar una agenda clara:

  • Un compromiso internacional verificable para impedir que las organizaciones criminales utilicen la frontera dominicana como corredor de escape o abastecimiento.

  • Cooperación efectiva contra el tráfico de armas, municiones, drogas y personas.

  • Financiamiento internacional para fortalecer la vigilancia fronteriza.

  • Protección de las comunidades dominicanas próximas a la frontera.

  • Respeto a las decisiones soberanas de República Dominicana en materia migratoria.

  • Un mecanismo de evaluación de los compromisos asumidos por Haití y sus socios internacionales.

Eso es defender los intereses nacionales.

4. ¿Y SI TUVIÉRAMOS UN LIDERAZGO CON MAYOR DETERMINACIÓN?

La comparación con Nayib Bukele es inevitable.

El presidente salvadoreño ha proyectado una imagen de liderazgo dispuesto a asumir decisiones difíciles en materia de seguridad. Su estrategia puede ser objeto de debate, especialmente por sus consecuencias institucionales y los cuestionamientos sobre derechos humanos, pero su Gobierno ha conseguido colocar la seguridad como prioridad central de su política.

República Dominicana necesita un liderazgo que entienda que la soberanía no puede convertirse en una frase para los discursos patrióticos.

Luis Abinader y el PRM deben explicar cuál es el balance real de su política hacia Haití. No basta con anunciar soldados, construir infraestructura fronteriza y repetir que se protegerá el territorio nacional.

Hay que medir resultados: control migratorio, reducción del tráfico ilegal, persecución de redes de corrupción, seguridad fronteriza y capacidad de respuesta ante amenazas.

La firmeza no consiste en amenazar a otro país ni en apropiarse unilateralmente de su territorio. Consiste en tener una estrategia, defender los intereses nacionales y no retroceder ante presiones políticas cuando están en juego derechos legítimos de República Dominicana.

5. LO QUE DEBERÍA HACER UN GOBIERNO DOMINICANO CON VISIÓN DE ESTADO

La crisis haitiana debe ser una oportunidad para revisar toda nuestra relación bilateral.

Un nuevo Gobierno debería realizar una auditoría histórica, jurídica, diplomática y económica de los acuerdos y compromisos asumidos con Haití.

También debería evaluar los costos que representa para el Estado dominicano atender las consecuencias de la crisis, identificar los recursos internacionales que pueden destinarse a fortalecer nuestra frontera y establecer una política exterior basada en reciprocidad.

En materia territorial, cualquier reclamación debe sustentarse en documentos históricos, tratados vigentes y procedimientos jurídicos internacionales. No en porcentajes difundidos sin respaldo documental.

En materia de seguridad, República Dominicana debe conservar plena capacidad de proteger su territorio, sin involucrarse innecesariamente en una guerra que corresponde resolver a Haití y a los actores internacionales comprometidos con su estabilización.

Y en materia migratoria, el cumplimiento de nuestras leyes debe ser una política de Estado, no una decisión condicionada por los cambios de presión diplomática.

6. 2028: LA OPORTUNIDAD DE CAMBIAR LA POLÍTICA EXTERIOR

La República Dominicana necesita un proyecto político que coloque la soberanía, la seguridad y los intereses nacionales en el centro de sus decisiones.

No podemos continuar confundiendo solidaridad con obligación ilimitada, cooperación con subordinación ni prudencia diplomática con debilidad.

Si en 2028 los dominicanos me conceden la oportunidad de dirigir los destinos de la República Dominicana, mi compromiso será revisar profundamente la política hacia Haití, defender nuestra frontera, exigir reciprocidad y garantizar que cada decisión internacional responda a los intereses de nuestra nación.

No prometo recuperar territorios mediante una aventura militar ni desconocer tratados que comprometen jurídicamente al país. Prometo algo que considero igualmente importante: que ningún Gobierno vuelva a tratar la soberanía dominicana como un asunto secundario.

CONCLUSIÓN: REPÚBLICA DOMINICANA DEBE DEJAR DE ACTUAR A LA DEFENSIVA

Haití atraviesa una crisis histórica. Sus problemas institucionales, económicos y de seguridad no se resolverán únicamente con operaciones militares, por numerosos que sean los efectivos desplegados.

Pero República Dominicana tampoco puede quedarse esperando que otros decidan el futuro de la isla mientras nosotros asumimos las consecuencias.

La coyuntura exige una política exterior más firme, una frontera mejor protegida y una relación bilateral basada en el respeto mutuo.

La historia de Aranjuez, Basilea y los tratados fronterizos posteriores debe estudiarse con rigor. Nuestra soberanía no necesita mitos históricos para ser defendida: tiene fundamentos constitucionales, jurídicos y territoriales propios.

Yo quiero una República Dominicana que no tenga que pedir permiso para defender sus intereses, que no se deje intimidar diplomáticamente y que no confunda la paz con la renuncia a sus derechos.

Si Dios y el pueblo dominicano me dan la oportunidad de dirigir el país a partir de 2028, esa será una de las prioridades de mi proyecto nacional.

mode_comment0

forumComentarios de la red (0)

Cargando comentarios...

No hay comentarios registrados en este nodo. ¡Sé el primero en opinar!