Los combustibles más caro no siempre es el petróleo: muchas veces son los impuestos. Cada vez que un dominicano llena el tanque de su vehículo, una pregunta vuelve a surgir: ¿realmente estamos pagando por el combustible o estamos pagando impuestos disfrazados de combustible?
La respuesta es incómoda.
En República Dominicana, una parte importante del precio que pagan los ciudadanos en las estaciones de servicio corresponde directamente a impuestos establecidos por las leyes 112-00 y 495-06. Dependiendo del tipo de combustible, entre un 30% y un 40% del precio final puede estar relacionado con cargas fiscales.
Y aunque la fórmula es completamente legal, el debate no es jurídico. El debate es político, económico y social.
La doble carga que molesta a los consumidores
Los combustibles dominicanos pagan simultáneamente:
- Un impuesto específico por galón.
- Un impuesto ad-valorem calculado sobre el precio de importación.
Para muchos ciudadanos esto representa una doble tributación sobre un producto esencial para la economía.
Según datos publicados por medios especializados y las estructuras oficiales del MICM, la gasolina premium puede cargar con más de RD$90 por galón en impuestos directos, mientras la gasolina regular supera ampliamente los RD$80 por galón.
El resultado es simple:
Cada vez que sube el combustible, aumenta el costo de transporte, alimentos, servicios y prácticamente toda la cadena productiva nacional.
Cuando baja el petróleo, la gente no siente el alivio
Uno de los principales cuestionamientos de la población es la percepción de asimetría.
Cuando el petróleo internacional sube, el aumento suele reflejarse rápidamente.
Cuando baja, la reducción muchas veces llega lentamente o en pequeñas proporciones.
La explicación oficial suele ser que el Gobierno compensa subsidios aplicados anteriormente para evitar incrementos mayores. Sin embargo, desde la óptica ciudadana, la sensación es distinta:
Los aumentos llegan rápido.
Las rebajas llegan tarde.
Lo que decía la oposición y lo que dice el Gobierno
Aquí es donde el debate se vuelve político.
Durante años, dirigentes de la oposición criticaron el peso de los impuestos a los combustibles y el impacto de la fórmula de precios sobre la economía nacional.
Entre ellos estuvo Luis Abinader.
En febrero de 2022, siendo ya presidente pero manteniendo una posición crítica sobre el efecto económico de los combustibles, se recordaban declaraciones donde advertía que los impuestos sobre los hidrocarburos afectan la estructura de costos del país.
Sin embargo, cuatro años después, el discurso desde el poder es diferente.
El 28 de mayo de 2026, durante una conferencia en INTEC, el presidente explicó que República Dominicana mantiene altos impuestos a los combustibles porque el país no produce petróleo y depende totalmente de las importaciones. También sostuvo que eliminar esos ingresos afectaría las finanzas públicas y podría generar mayores presiones inflacionarias.
En esencia, el argumento actual es muy parecido al utilizado por gobiernos anteriores.
Hipólito Mejía lo defendió.
Leonel Fernández lo defendió.
Danilo Medina lo defendió.
Y ahora Luis Abinader también lo defiende.
La realidad del gobierno suele ser mucho más complicada que la realidad de la oposición.
El Estado tiene razones… pero el ciudadano también
Sería injusto ignorar un hecho.
El Gobierno ha destinado miles de millones de pesos en subsidios para evitar que los aumentos internacionales se reflejen completamente en las estaciones de servicio. Las autoridades sostienen que, sin esos subsidios, los combustibles serían significativamente más caros.
Pero también es cierto que los combustibles se han convertido en una de las principales fuentes de ingresos tributarios del Estado dominicano.
De acuerdo con cifras históricas de la DGII citadas por medios especializados, los impuestos a los hidrocarburos han aportado decenas de miles de millones de pesos al fisco cada año.
Por eso el debate sigue abierto.
El verdadero problema: una economía que recauda donde es más fácil
Quizás la discusión no debería centrarse únicamente en los combustibles.
Quizás la verdadera pregunta es:
¿Por qué el Estado necesita recaudar tanto dinero a través de productos que utiliza prácticamente toda la población?
La respuesta puede encontrarse en varios factores:
- Alta informalidad económica.
- Evasión fiscal.
- Exenciones tributarias permanentes.
- Regímenes especiales para sectores privilegiados.
- Dependencia excesiva de impuestos indirectos.
Cuando una parte importante de la economía opera fuera del sistema formal, el Gobierno termina recaudando donde resulta más sencillo hacerlo.
Y pocas cosas son más fáciles de gravar que el combustible.
Una discusión pendiente
La pregunta no es si el Gobierno necesita ingresos.
La pregunta es quién debe aportar más.
Mientras millones de dominicanos pagan impuestos cada vez que llenan un tanque, continúan vigentes exenciones fiscales que representan cientos de miles de millones de pesos en gasto tributario cada año.
Por eso la discusión sobre los combustibles no es solamente una discusión energética.
Es una discusión sobre justicia fiscal.
Porque al final del día, cada galón de gasolina cuenta una historia mucho más grande que la del petróleo.
Cuenta la historia de quién paga la cuenta de mantener funcionando el Estado dominicano.
Y esa discusión sigue pendiente.
Por Melvin Sena
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