En medio de la creciente tensión social en San Juan de la Maguana, el discurso de GoldQuest Mining Corp. —encabezado por su representante Luis Santana Pereyra— insiste en reducir el debate a un proyecto puntual: Romero.
Ese encuadre no es inocente.
Es estratégico.
Porque la realidad es otra: no estamos frente a un proyecto aislado, sino ante la posible conversión de todo el suroeste en un distrito minero.
Romero no es el proyecto, es la puerta
El llamado “Frente Romero” es apenas un punto dentro de un entramado mucho más amplio:
- Más de 20 concesiones en una misma zona
- Más de 40 concesiones desde Padre Las Casas hasta la frontera
- Áreas que abarcan prácticamente todas las fuentes de agua de la región
Reducir esto a “Romero sí o no” es, en el mejor de los casos, una simplificación peligrosa.
En el peor, una forma de ocultar la escala real del impacto.
La trampa técnica de Luis Santana Pereyra : “dejen que se haga el estudio”
Uno de los argumentos más repetidos por la empresa es:
“dejemos que se realicen los estudios de impacto ambiental”.
Ese planteamiento tiene un problema serio: está incompleto desde el punto de vista técnico y legal.
Antes de cualquier Estudio de Impacto Ambiental (EIA), lo que corresponde es una Evaluación Ambiental Estratégica (EAE), contemplada en la Ley 64-00 sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales y en las normas de ordenamiento territorial.
La diferencia es clave:
- El EIA evalúa un proyecto específico
- La EAE define si el territorio es apto para ese tipo de actividad
Sin esa evaluación previa:
- No se miden impactos acumulativos
- No se miden impactos sinérgicos
- No se entiende la presión total sobre el sistema hídrico
Evaluar Romero sin evaluar el territorio completo es analizar una parte ignorando el todo.
Un problema de legalidad, no solo ambiental
Cuando se autoriza avanzar hacia un EIA sin una evaluación estratégica previa, surge una interrogante legítima:
¿Se está cumpliendo el marco legal vigente?
La normativa dominicana establece que el ordenamiento territorial debe definir primero:
- La vocación del suelo
- Las áreas protegidas
- Las zonas incompatibles con actividades de alto impacto
Si ese paso se omite o se debilita, el proceso deja de ser solo técnico y se convierte en un problema de legalidad y planificación pública.
El punto crítico: agua y territorio
El área en discusión no es cualquier espacio geográfico. Está vinculada a sistemas que alimentan la presa de Sabaneta y al Río Yaque del Sur, eje hídrico fundamental para el sur del país.
Aquí entra una contradicción estructural:
Las leyes de ordenamiento establecen que las cuencas altas tienen como función principal producir agua.
Eso implica que:
- Deben ser protegidas
- Deben evitar actividades que comprometan su equilibrio
Cuando se introduce minería en ese contexto, no se trata simplemente de evaluar un proyecto económico.
Se trata de una colisión directa con la función territorial definida por la ley.
La consecuencia que no se está diciendo
Hay un aspecto clave que rara vez se menciona en el discurso público:
Cuando un territorio entra en concesión minera:
- Se redefine su uso
- Se limita la actividad agrícola
- Se restringe el desarrollo habitacional
Esto cambia completamente la dinámica económica y social de la zona.
Por tanto, no estamos hablando de “sumar minería” a una región agrícola.
Estamos hablando de sustituir un modelo por otro.
El verdadero conflicto
El debate no es:
- Romero sí vs. Romero no
El debate real es:
- Agricultura vs. minería
- Producción de agua vs. extracción de minerales
- Ordenamiento territorial vs. presión económica
Y en ese escenario, la reacción social no es irracional.
Es una respuesta coherente frente a un cambio estructural del territorio
El discurso de Luis Santana Pereyra presenta el proyecto como una oportunidad económica.
Pero evita el punto central:
no se está evaluando solo un proyecto, se está redefiniendo el uso de toda una región.
Y cuando una propuesta entra en conflicto con la función primaria del territorio —producir agua—, la discusión deja de ser económica.
Se convierte en una cuestión de:
- Legalidad
- Sostenibilidad
- Futuro nacional
Porque al final, la pregunta no es cuánto oro hay.
La pregunta es:
¿Qué estamos dispuestos a perder para sacarlo?
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