En la teoría económica, el Efecto Cantillon explica una realidad incómoda: no todos reciben el dinero al mismo tiempo, y eso determina quién gana y quién pierde. En la República Dominicana de 2025-2026, esta dinámica no solo existe, sino que define el deterioro silencioso del poder adquisitivo de la mayoría.
Una economía donde el salario llega tarde
El problema no es únicamente que los salarios sean bajos; es que llegan después de que los precios subieron.
Mientras la canasta básica en República Dominicana ronda los RD$48,746, el salario mínimo más alto apenas logra cubrir el segmento más vulnerable, y con un margen prácticamente inexistente. En micro y pequeñas empresas, el ingreso ni siquiera alcanza para sostener lo esencial.
Esto revela una distorsión estructural: el ingreso del trabajador no está indexado a la realidad del mercado, sino rezagado frente a ella.
Inflación selectiva: el golpe está en la comida
La narrativa oficial suele centrarse en una inflación “controlada”, dentro del rango meta. Sin embargo, ese promedio oculta lo relevante: los productos que no se pueden dejar de consumir —alimentos y bebidas— suben por encima del índice general.
En términos prácticos, esto implica que la estabilidad macroeconómica no se traduce en bienestar. El ciudadano no consume “inflación promedio”; consume arroz, pollo, aceite y plátano.
Y esos ya subieron cuando el salario todavía no ha llegado.
El dinero fluye primero hacia arriba
Las decisiones del Banco Central de la República Dominicana —expansión de liquidez, reducción de tasas, estímulo al crédito— no impactan de forma homogénea.
El dinero entra primero al sistema financiero, luego al crédito corporativo, y de ahí a sectores como construcción e inmobiliaria. En ese trayecto:
- El crédito hipotecario crece a doble dígito
- El financiamiento empresarial se expande
- Los activos (viviendas, terrenos) suben de precio
Cuando ese mismo dinero finalmente llega al trabajador, lo hace en forma de salario ajustado… pero ya enfrentando precios más altos.
Vivienda: el síntoma más visible de la distorsión
El sector inmobiliario es donde el Efecto Cantillon se vuelve tangible.
El acceso a vivienda se deteriora porque:
- Los precios suben impulsados por crédito barato
- La demanda de inversión supera la demanda de uso
- Los salarios no siguen el ritmo del mercado
Resultado: quien tiene capital compra y acumula; quien depende de salario queda fuera o se endeuda en condiciones cada vez más exigentes.
El castigo silencioso al ahorro
El dominicano promedio ahorra en pesos, pero ese ahorro pierde valor por dos vías:
- Inflación acumulada
- Depreciación cambiaria
Con un tipo de cambio proyectado hacia los RD$66 por dólar, el ahorro local se erosiona, mientras quienes tienen acceso temprano al dinero lo refugian en activos dolarizados o bienes reales.
Esto no es accidental: es una consecuencia directa del orden en que el dinero entra a la economía.
Una economía mal gestionada o mal priorizada
Aquí es donde el análisis debe ser claro: el problema no es solo técnico, es de gestión.
El modelo actual prioriza:
- Estabilidad macro sobre bienestar micro
- Expansión del crédito sobre distribución del ingreso
- Protección de sectores dinámicos sobre equilibrio social
No se trata de que la política monetaria esté “equivocada” en términos clásicos; el problema es que está desconectada de sus efectos distributivos.
El resultado: una transferencia invisible
Lo que está ocurriendo en la práctica es una transferencia de riqueza:
- Del que vive de salario → al que accede primero al crédito
- Del que ahorra en pesos → al que invierte en activos
- Del consumidor → al tenedor de capital
Y todo esto sin una reforma explícita, sin una ley, sin un decreto. Es un proceso silencioso, pero constante.
La economía de la República Dominicana no está en crisis porque colapsó; está en crisis porque funciona… pero distribuye mal.
El ciudadano común es el último en la cadena. Recibe el dinero cuando ya perdió valor. Y esa es la esencia del problema: no es cuánto dinero hay, sino cuándo y a manos de quién llega primero.
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