
República Dominicana, Haití y la disputa por la identidad: entre la historia, la genética y el mito político
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La discusión sobre la identidad dominicana suele quedar atrapada entre dos extremos:
de un lado, quienes presentan a la República Dominicana como una nación esencialmente hispánica y diferenciada de Haití; del otro, quienes interpretan buena parte de esa construcción identitaria como resultado de una larga negación de la herencia africana.
La realidad histórica es bastante más compleja.
La República Dominicana no puede explicarse exclusivamente por España, África, Haití, los pueblos indígenas ni por las migraciones posteriores. La identidad dominicana es el resultado de varios siglos de mezclas, conflictos, migraciones, esclavitud, emancipación, guerras y construcción política de la nación.
Y precisamente por eso, cualquier discusión seria debe separar los hechos históricos de las interpretaciones ideológicas.
Una población colonial mucho más compleja de lo que sugieren las narrativas actuales
Uno de los argumentos recurrentes del nacionalismo dominicano sostiene que la población de la parte oriental de La Española era originalmente predominantemente blanca y que posteriormente experimentó un proceso de “ennegrecimiento” como consecuencia de acontecimientos políticos y migratorios.
Existe un elemento histórico real detrás de esa percepción: durante finales del siglo XVIII y comienzos del XIX se produjeron importantes movimientos de población asociados a las guerras revolucionarias, el Tratado de Basilea de 1795, la cesión de Santo Domingo a Francia y posteriormente las transformaciones políticas de la isla. La Biblioteca del Congreso confirma que el Tratado de Basilea interrumpió siglos de dominio español continuo sobre la parte oriental. (Library of Congress Blogs)
También hubo emigración de sectores de la población hacia otras posesiones españolas del Caribe y Venezuela.
Pero convertir ese fenómeno en la explicación completa de la composición dominicana sería insuficiente.
La presencia africana en Santo Domingo no comenzó con Haití.
Existía desde los primeros siglos de la colonización española.
La esclavitud africana formó parte de la estructura económica y social de la colonia durante siglos. Por eso, la herencia africana dominicana es anterior por varios siglos a la República Dominicana y también anterior a la ocupación haitiana de 1822.
Ese hecho es fundamental.
1822-1844: una experiencia que sí forma parte de la identidad dominicana
Tampoco sería serio intentar borrar los 22 años de dominación haitiana.
Jean-Pierre Boyer ocupó Santo Domingo en 1822 y el territorio permaneció bajo gobierno haitiano hasta la proclamación de la independencia dominicana en 1844. La documentación histórica de la Biblioteca del Congreso recoge ese período y señala, entre otros acontecimientos, la abolición de la esclavitud durante la ocupación. También relaciona esa experiencia con el desarrollo de una identidad dominicana diferenciada y con el movimiento independentista de Juan Pablo Duarte. (Library of Congress Tiles)
La abolición de la esclavitud fue un acontecimiento de enorme trascendencia, pero no agota la historia de la ocupación.
Hubo conflictos políticos, económicos, religiosos y sociales. Hubo medidas sobre la propiedad y la organización institucional. Hubo sectores de la población que rechazaron el régimen haitiano y terminaron participando en el proceso que condujo a la independencia.
Por tanto, también es legítimo afirmar:
la experiencia de 1822-1844 constituye uno de los acontecimientos fundamentales para entender por qué surgió la República Dominicana como Estado separado de Haití.
Pero una cosa es reconocer esa historia y otra convertirla en una explicación racial de todos los dominicanos.
El error de convertir la independencia en una guerra racial
Aquí aparece uno de los problemas más importantes del debate.
La independencia dominicana fue, ante todo, un proceso político y nacional.
El objetivo de Duarte y de los independentistas era constituir una República Dominicana independiente.
Eso no puede reducirse a una supuesta lucha de “blancos dominicanos contra negros haitianos”.
La propia historia de Haití y de Santo Domingo hace mucho más complicada esa interpretación.
En la isla existieron personas de distintos orígenes, colores y posiciones sociales. Hubo blancos, negros, mulatos, mestizos, esclavos, libertos, comerciantes, campesinos y élites. Y las alianzas políticas cambiaron según las circunstancias.
La investigación histórica sobre la Hispaniola de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX insiste precisamente en estudiar la revolución, la emancipación y la reesclavización como procesos conectados entre ambos lados de la isla, y no como dos historias completamente aisladas. (The Library of Congress)
Por eso, presentar 1844 exclusivamente como una confrontación racial sería una simplificación.
¿Es el dominicano “50 % africano y 40 % europeo”?
Aquí también hay que tener mucho cuidado.
Existen estudios genéticos que demuestran claramente que la población dominicana posee una mezcla importante de ascendencias africanas, europeas e indígenas.
Un estudio publicado en Nature Communications, utilizando muestras de poblaciones de la diáspora africana, situó la ascendencia africana estimada de las muestras dominicanas dentro de un rango que llegaba aproximadamente al 49 %, dependiendo de la muestra y metodología. (Nature)
Pero de ahí no se puede concluir que:
“El dominicano promedio es exactamente 49 % africano, 40 % europeo y 11 % indígena”.
Eso sería convertir una estimación genética de determinadas muestras en una especie de fórmula racial nacional.
La genética poblacional no funciona así.
Los resultados dependen de:
la muestra estudiada;
la región geográfica;
el tamaño de la muestra;
los marcadores utilizados;
la metodología para estimar ascendencia;
y la definición de las poblaciones de referencia.
Otros estudios de ADN mitocondrial también han encontrado una importante presencia de linajes africanos y europeos, pero muestran que la composición puede variar considerablemente según la población y el método utilizado. (Nature)
La conclusión sólida es otra:
la población dominicana tiene una historia genética profundamente mezclada y una importante ascendencia africana.
Eso sí está respaldado por la investigación.
Entonces, ¿de dónde viene la idea de una República Dominicana esencialmente blanca?
Aquí entramos en el terreno de la construcción de la identidad.
La historiadora y antropóloga Ginetta Candelario ha estudiado precisamente cómo la identidad dominicana se construyó alrededor de categorías como “indio” e “hispano”, aun dentro de una población con una importante ascendencia africana. Su investigación muestra que durante buena parte de la historia dominicana la identidad nacional fue definida en oposición a la identificación como negra. (JSTOR)
Esto no significa que los dominicanos “se inventaran” una identidad de la nada.
Había elementos históricos reales:
la colonización española;
la lengua española;
el catolicismo;
instituciones heredadas de España;
una historia colonial diferente de la de Saint-Domingue;
y, posteriormente, la experiencia de la ocupación haitiana.
Esos elementos contribuyeron legítimamente a la identidad nacional.
El problema aparece cuando uno de esos componentes pretende explicar la totalidad de la identidad dominicana.
Trujillo y el problema del “blanqueamiento”
Aquí sí existe evidencia histórica considerable sobre la utilización política de las categorías raciales durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.
La historiografía académica ha estudiado cómo el régimen construyó una narrativa nacional fuertemente vinculada al hispanismo y al antihaitianismo. Ginetta Candelario, por ejemplo, documenta cómo las ideas de “indio” e “hispanidad” funcionaron dentro de los discursos dominicanos de identidad racial. (JSTOR)
Otros estudios han documentado políticas de Trujillo dirigidas contra la población haitiana, incluida la campaña que culminó en la masacre de 1937. La historiadora Amelia Hintzen sostiene, a partir de archivos, que el régimen había intentado previamente implementar deportaciones de haitianos y posteriormente desarrolló políticas diferentes según las necesidades económicas de las zonas azucareras. (JSTOR)
Incluso investigaciones sobre los libros escolares dominicanos han encontrado que durante décadas existió una dificultad para integrar coherentemente la herencia africana dentro de la narrativa nacional, al tiempo que la figura del “haitiano” era utilizada para definir la diferencia dominicana. (JSTOR)
Esto permite hacer una afirmación mucho más precisa que decir simplemente:
“Trujillo inventó que los dominicanos eran blancos”.
No.
La identidad dominicana ya tenía raíces hispánicas anteriores a Trujillo.
Lo que hizo el trujillismo fue radicalizar, institucionalizar y utilizar políticamente determinadas concepciones raciales y antihaitianas.
Esa diferencia importa.
El otro extremo también comete un error
Reconocer la herencia africana dominicana no significa que haya que aceptar automáticamente todas las interpretaciones contemporáneas sobre la identidad nacional.
También existe una tendencia a explicar prácticamente cualquier expresión de nacionalismo dominicano como “racismo” o “antihaitianismo”.
Eso tampoco es suficiente.
Un dominicano puede defender:
la soberanía nacional;
la existencia de una frontera;
la nacionalidad dominicana;
el control migratorio;
la deportación de extranjeros que se encuentren irregularmente en el territorio conforme a la ley;
la identidad cultural dominicana;
el español como lengua nacional;
sin que cada una de esas posiciones sea automáticamente una expresión de racismo.
La discusión seria consiste en examinar las razones y las políticas concretas, no en colocar una etiqueta antes de comenzar el análisis.
Tampoco se puede utilizar la genética para decidir quién es dominicano
Este punto merece especial atención.
Si aceptamos que la población dominicana tiene una importante mezcla africana, europea e indígena, la conclusión no puede ser que ahora debemos decidir quién es “más dominicano” según su ADN.
Eso sería repetir exactamente el error que se pretende combatir.
La nacionalidad es una categoría jurídica, histórica y política, no un porcentaje de laboratorio.
Un dominicano con ascendencia predominantemente africana es tan dominicano como uno con ascendencia predominantemente europea.
Y un dominicano de ascendencia haitiana puede ser jurídicamente dominicano.
Del mismo modo, un extranjero de ascendencia europea no se convierte automáticamente en dominicano por tener determinado color de piel.
La verdadera discusión es otra
La pregunta interesante no es:
“¿Somos blancos o negros?”
La pregunta es:
¿Cómo se construyó la identidad dominicana y por qué históricamente necesitó diferenciarse de Haití?
La respuesta incluye simultáneamente:
España.
África.
Los pueblos indígenas.
La esclavitud.
La abolición.
La Revolución Haitiana.
La ocupación de 1822-1844.
La independencia de 1844.
Las relaciones dominico-haitianas posteriores.
La dictadura de Trujillo.
La masacre de 1937.
Las migraciones laborales haitianas.
Y las transformaciones sociales de los siglos XX y XXI.
Eliminar cualquiera de esos elementos produce una historia incompleta.
Ni blanquear la historia ni ennegrecerla artificialmente
La República Dominicana no necesita una historia diseñada para demostrar que somos blancos.
Pero tampoco necesita una historia diseñada para demostrar que somos negros.
Necesita una historia verdadera.
Y esa historia es incómoda porque no cabe en una sola categoría.
Somos una sociedad caribeña formada por siglos de mezclas.
Tenemos una raíz hispánica profunda.
Tenemos una raíz africana igualmente real.
Tenemos una herencia indígena mucho menor demográficamente, pero importante en términos culturales e históricos.
Y tenemos una historia particular de separación política de Haití que desempeñó un papel decisivo en la construcción de la nacionalidad dominicana.
Todo eso puede coexistir.
La defensa de la dominicanidad no requiere negar África.
Y reconocer África tampoco requiere negar la existencia de la nación dominicana.
La madurez histórica comienza precisamente cuando dejamos de escoger entre una parte de nuestra historia y otra.
La República Dominicana no tiene que inventarse una ascendencia para justificar su existencia.
Tiene 182 años de historia como República.
Y antes de esos 182 años tiene siglos de historia colonial, africana, europea, indígena, caribeña y, desde luego, dominico-haitiana.
La tarea no es escoger cuál de esas historias nos gusta más.
La tarea es conocerlas todas y decidir qué significado tienen para la nación que existe hoy.
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