
Carolina Mejía comete un error que podría costarle la nominación presidencial
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La “regulación inteligente” sobre la inmigración puede convertirse en un problema político para Carolina Mejía, especialmente si sus adversarios internos logran convertir sus propias palabras en un contraste con el creciente reclamo de orden migratorio que existe en República Dominicana.
Carolina Mejía está construyendo una candidatura presidencial con una estructura importante dentro del PRM. Apenas esta semana afirmó contar con el respaldo de más de 50 diputados, ocho senadores, más de 120 alcaldes y directores, además de unos 8,000 dirigentes. Su objetivo está claramente definido: llegar a las primarias del 3 de octubre de 2027 con padrón cerrado. (Diario Libre)
Precisamente por eso, cada palabra comienza a tener un costo político mayor.
Y es en ese contexto donde su reciente intervención en El Sol de la Mañana merece ser analizada.
Carolina habló de la necesidad de regular la situación migratoria y afirmó:
“Hay que regularlo mismo y nadie puede aquí jugar con nuestro país, con nuestra nación y nuestro derecho a protegerlo.”
Hasta ahí, difícilmente alguien podría acusarla de estar desconectada del sentimiento de defensa de la soberanía nacional.
El problema aparece inmediatamente después, cuando comienza a explicar su concepto de una regulación “inteligente” y lleva la conversación hacia el sector agrícola y su experiencia privada trabajando junto a sus hermanos.
El problema no es solamente lo que dijo, sino cómo puede ser interpretado
Carolina puede haber querido plantear una política migratoria ordenada, acompañada de planificación económica y tecnificación agrícola.
Pero la política no se gana solamente con la intención del mensaje; también se gana con la percepción que produce.
Y ahí aparece el riesgo.
En una República Dominicana donde la inmigración haitiana se ha convertido en uno de los asuntos políticos más sensibles, cualquier discurso que parezca colocar la regularización antes que el control migratorio puede ser utilizado por sus adversarios para construir una narrativa muy sencilla:
“Carolina quiere regularizar, mientras otros quieren primero hacer cumplir la ley.”
¿Es necesariamente lo que Carolina está proponiendo? No.
Pero sí es una interpretación políticamente posible de sus palabras, y eso es lo que debería preocupar a su equipo.
El Gobierno de Luis Abinader, de hecho, ha incrementado significativamente las deportaciones de extranjeros en condición migratoria irregular. La Dirección General de Migración informó que al 20 de agosto de 2026 había procesado a 250,429 extranjeros indocumentados durante el año, incluyendo 186,139 deportaciones y 64,290 repatriaciones formales. (Diario Libre)
Es decir, el debate nacional ya está situado en un terreno donde control, deportación, frontera y soberanía forman parte del lenguaje político cotidiano.
Por eso una candidata presidencial debe medir cuidadosamente cómo presenta cualquier propuesta de “regularización”.
Hackeando el Sistema: no existe una “regulación inteligente” sin control previo
La posición de Hackeando el Sistema es más radical: el Estado dominicano debe comenzar por hacer cumplir sus propias leyes.
No puede existir una política migratoria seria si la frontera continúa siendo vulnerable.
No puede existir una política migratoria seria si el país no sabe con precisión quién entra, quién sale, quién permanece y bajo qué condición.
No puede existir una política migratoria seria si los mecanismos de documentación, fiscalización y deportación funcionan de manera insuficiente.
Y tampoco puede existir una política migratoria sostenible si el Estado pretende administrar indefinidamente una irregularidad que él mismo no ha conseguido controlar.
La discusión, por tanto, debería comenzar por otro punto:
primero control fronterizo; después aplicación efectiva de la ley; posteriormente deportación de quienes permanezcan ilegalmente; y finalmente cualquier mecanismo de regularización que la legislación permita.
No necesariamente porque todo extranjero represente una amenaza —esa sería una generalización injustificada—, sino porque un Estado que no controla su territorio pierde capacidad para diseñar cualquier política migratoria coherente.
El empleo dominicano también forma parte de la discusión
Aquí aparece otro punto que Carolina debería abordar con mucha mayor claridad.
La discusión migratoria dominicana no solamente es fronteriza.
También es económica.
Cuando existe una gran cantidad de trabajadores extranjeros en determinados sectores, particularmente en actividades intensivas en mano de obra, el Estado debe preguntarse qué impacto tiene eso sobre los salarios, las condiciones laborales, la contratación de dominicanos y la productividad.
Decir que “cada inmigrante le quita un empleo a un dominicano” como una verdad absoluta sería demasiado simplista.
Pero decir que la inmigración no tiene ningún efecto sobre el mercado laboral dominicano también sería intelectualmente irresponsable.
Ese debate necesita estadísticas, no consignas.
Y precisamente ahí una candidatura presidencial tiene una oportunidad: presentar números, sectores, salarios, productividad, necesidades reales de mano de obra y mecanismos de sustitución tecnológica.
Carolina habló de tecnificar el campo.
Perfecto.
Pero entonces debería explicar algo más:
¿La tecnificación agrícola sería utilizada precisamente para reducir la dependencia de mano de obra extranjera irregular?
Esa sería una propuesta mucho más potente.
Porque si el campo dominicano necesita trabajadores, la respuesta no tiene necesariamente que ser mantener indefinidamente una población laboral irregular. Puede ser aumentar productividad, mecanización, capacitación y empleo formal dominicano, mientras se aplica estrictamente la legislación migratoria.
Y aquí aparece el verdadero peligro electoral para Carolina
El problema de Carolina no es que haya cometido un error jurídico.
Es un error de posicionamiento político potencial.
Wellington Arnaud puede presentarse desde una posición mucho más sencilla: “que se cumplan las leyes”.
Su discurso de seguridad plantea precisamente firmeza con legalidad, capacidad operativa y respeto al debido proceso. (Wellington Arnaud)
Eso le permite ocupar un espacio político relativamente claro.
David Collado, por su parte, mantiene una posición mucho menos definida sobre este tema en el debate público.
Carolina, en cambio, acaba de abrir un flanco.
Y en una primaria interna con padrón cerrado, donde solamente votarán los miembros inscritos del PRM, los adversarios no necesitan convencer a todo el país; necesitan convencer a suficientes miembros del partido. El PRM ha confirmado que sus primarias de 2027 serán con padrón cerrado y voto universal para la selección de sus candidatos. (El Diario)
Por eso una frase puede convertirse en un arma interna.
¿Puede esto costarle la candidatura?
Por sí solo, no.
Sería exagerado afirmar que una entrevista va a destruir la candidatura de Carolina Mejía.
Tiene estructura, experiencia política y un proyecto organizado. Además, acaba de exhibir públicamente una maquinaria territorial considerable. (Diario Libre)
Pero sí puede convertirse en un punto vulnerable de su narrativa presidencial.
Imaginen el contraste:
Wellington: “Cumplamos las leyes.”
Carolina: “Regulación inteligente.”
David: silencio o ambigüedad.
En una campaña interna, eso puede ser suficiente para que un equipo político construya una campaña negativa alrededor de una sola idea.
Y hay algo todavía más importante.
Carolina no compite solamente contra otros candidatos.
Compite contra la percepción que los electores construyen de ella.
Si una parte del electorado interpreta que “regularización inteligente” significa regularizar primero y controlar después, sus adversarios tendrán una puerta abierta.
La frontera es el punto donde cualquier discurso debe comenzar
La República Dominicana necesita una política migratoria que sea simultáneamente legal, firme, humana y verificable.
El Estado tiene derecho a controlar sus fronteras.
Tiene derecho a deportar a quienes permanezcan ilegalmente, conforme a los procedimientos establecidos.
Tiene derecho a establecer quién puede trabajar y bajo qué condiciones.
Y tiene la obligación de hacerlo sin importar si el infractor es poderoso, pobre, dominicano o extranjero.
El propio Gobierno ha intensificado las deportaciones. Solo durante junio de 2026 fueron deportados 34,226 haitianos en condición migratoria irregular, según cifras de la DGM divulgadas por Diario Libre. (Diario Libre)
Por tanto, la pregunta política para Carolina no debería ser si está a favor o en contra de controlar la inmigración.
La pregunta es mucho más incómoda:
¿Qué significa exactamente para ella una “regulación inteligente”?
¿Quién sería regularizado?
¿Con qué requisitos?
¿Cuántos?
¿En qué sectores?
¿Durante cuánto tiempo?
¿Después de qué nivel de control fronterizo?
¿Y qué ocurrirá con quienes permanezcan ilegalmente?
Si Carolina responde esas preguntas con claridad, puede convertir una frase problemática en una propuesta de Estado.
Si no lo hace, sus adversarios harán la definición por ella.
Carolina Mejía acaba de demostrar que la migración será uno de los temas que pueden definir la batalla interna del PRM.
Su candidatura tiene estructura y músculo político. Pero precisamente porque está tan cerca de una eventual nominación, tiene menos margen para cometer errores de comunicación.
En una sociedad donde la soberanía, la frontera, la inmigración haitiana y el cumplimiento de la ley ocupan cada vez más espacio en la conversación pública, la ambigüedad puede ser más peligrosa que una posición impopular pero claramente definida.
La pregunta que queda sobre la mesa es simple:
¿Carolina Mejía está proponiendo primero controlar la inmigración ilegal para después ordenar y regular lo que la ley permita, o está proponiendo una “regulación inteligente” sin haber resuelto primero el problema del control territorial?
Porque si sus adversarios logran convertir esa segunda interpretación en la percepción dominante dentro del PRM, Carolina podría descubrir que una frase aparentemente técnica terminó convirtiéndose en uno de los mayores obstáculos de su camino hacia la candidatura presidencial de 2028.
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