La política moderna ya no se libra únicamente en las calles. También se disputa en las encuestas, en las redes sociales, en los medios de comunicación y, sobre todo, en la construcción de percepciones. Quien logra imponer una percepción favorable, muchas veces termina condicionando la discusión pública, aunque esa percepción no necesariamente refleje la realidad. Ese parece ser el escenario que se ha desarrollado durante el pasado fin de semana en torno al ministro de Turismo, David Collado.
No se trata de hechos aislados. Cuando se observan cronológicamente, ambos acontecimientos parecen responder a una misma estrategia de comunicación política: construir la imagen de un dirigente con un respaldo popular espontáneo, en momentos en que se aproxima la publicación de una nueva encuesta electoral.
Primer acto: la controversia por las boletas del partido República Dominicana vs. Estados Unidos
La primera controversia surgió luego de las declaraciones del abogado Emilio López durante una intervención en Rumba 98.5 FM.
Según López, el ministro David Collado habría adquirido la totalidad de las mejores boletas para el partido entre las selecciones nacionales de República Dominicana y Estados Unidos que se celebrará en la Arena Banreservas.
La denuncia fue más allá del simple señalamiento de una compra masiva.
El abogado sostuvo que el supuesto objetivo sería garantizar que el funcionario reciba aplausos y muestras de apoyo durante el evento deportivo, construyendo una imagen de respaldo popular frente a miles de espectadores y ante las cámaras de televisión.
Asimismo, afirmó que esta situación habría dejado sin disponibilidad de entradas a numerosos revendedores y asociaciones deportivas que tradicionalmente obtienen recursos mediante la comercialización de esos boletos.
Hasta el momento de escribir este artículo, el Ministerio de Turismo no ha emitido una respuesta oficial sobre estas acusaciones.
Independientemente de que las denuncias puedan ser demostradas o descartadas posteriormente, el simple hecho de que se plantee una operación de esa naturaleza ya genera una discusión política importante.
Porque la pregunta deja de ser si alguien compró muchas boletas.
La verdadera pregunta es:
¿Por qué alguien necesitaría garantizar artificialmente una reacción del público?
Cuando un liderazgo es auténticamente popular, las manifestaciones de apoyo ocurren de manera natural.
No necesitan ser administradas.
Segundo acto: el malecón de Santo Domingo Este
Al día siguiente ocurrió otro hecho.
David Collado realizó una visita al malecón de Santo Domingo Este.
Las imágenes difundidas mostraban abrazos, fotografías, entusiasmo y personas acercándose constantemente al ministro.
Para quien solamente observa el video, la conclusión parece evidente:
«David Collado mueve masas.»
Pero la política obliga a mirar más allá de la imagen.
Diversas fuentes sostienen que el lugar había sido previamente movilizado con simpatizantes y empleados públicos para provocar precisamente esa percepción.
No sería la primera vez que ocurre algo similar en la política dominicana.
Las movilizaciones dirigidas, los equipos de avanzada, el transporte de simpatizantes y la convocatoria de empleados públicos forman parte de prácticas ampliamente conocidas durante décadas.
Lo que cambia es la manera de venderlas.
Hoy ya no se presentan como actividades organizadas.
Se presentan como «encuentros espontáneos».
Y ahí es donde comienza la construcción de la narrativa.
El contexto que no puede ignorarse
Estos dos acontecimientos ocurren apenas días antes de que la firma encuestadora ACD Media anuncie la publicación de un nuevo levantamiento electoral para el próximo lunes 13 de julio.
La coincidencia resulta políticamente interesante.
Primero aparecen imágenes donde el funcionario recibe supuestos baños de pueblo.
Luego podría aparecer una encuesta mostrando un crecimiento significativo.
Y posteriormente ambas piezas se utilizarían mutuamente como validación.
«La encuesta demuestra lo que vimos en el malecón.»
«El malecón demuestra lo que dice la encuesta.»
Es una técnica conocida dentro del marketing político.
La percepción alimenta la encuesta.
Y la encuesta fortalece la percepción.
El ciudadano termina creyendo que existe un fenómeno político porque todas las piezas parecen confirmarse entre sí.
El verdadero problema
Ningún dirigente tiene prohibido invertir en comunicación.
Todos los proyectos políticos lo hacen.
Lo cuestionable comienza cuando la comunicación deja de mostrar la realidad y empieza a fabricarla.
Existe una diferencia enorme entre comunicar liderazgo y producir escenarios.
Entre documentar apoyo y organizarlo.
Entre medir opinión y condicionarla.
Cuando la política comienza a depender exclusivamente del dinero para construir legitimidad, termina debilitando precisamente aquello que intenta fortalecer.
Porque el dinero puede alquilar escenarios.
Puede contratar publicidad.
Puede movilizar personas.
Puede llenar espacios.
Pero no puede fabricar legitimidad permanente.
El dinero tiene límites
Quizás el mayor error de algunos equipos políticos consiste en creer que toda percepción puede comprarse.
No es así.
La comunicación política funciona cuando existe un hecho real que amplificar.
Cuando se intenta sustituir la realidad por producción mediática, tarde o temprano aparecen las grietas.
Porque siempre habrá alguien que estuvo allí.
Siempre aparecerán fotografías.
Siempre surgirán testimonios.
Siempre existirá alguien dispuesto a contar cómo realmente ocurrieron las cosas.
Y entonces la narrativa comienza a desmoronarse.
El exceso también comunica
Existe otro elemento que suele pasar desapercibido.
Cuando un equipo político siente la necesidad de producir constantemente demostraciones de fuerza, también está enviando otro mensaje.
Está demostrando ansiedad.
Un liderazgo seguro de sí mismo no necesita validar diariamente su popularidad.
La confianza política se expresa con naturalidad.
La inseguridad, en cambio, suele traducirse en sobreexposición, eventos permanentes, fotografías constantes, videos cuidadosamente editados y una necesidad continua de demostrar algo.
Paradójicamente, mientras más se intenta convencer a la población de que un liderazgo es imparable, más preguntas comienzan a surgir sobre la necesidad de insistir tanto.
Las encuestas también deben leerse con espíritu crítico
Las encuestas constituyen herramientas importantes para conocer tendencias de opinión.
Pero ninguna encuesta debe convertirse en verdad absoluta.
Toda medición depende de su metodología, tamaño de muestra, universo consultado, margen de error, momento político y patrocinadores.
Por eso, los ciudadanos deben aprender a observar no solamente los porcentajes publicados, sino también el contexto en que aparecen.
Cuando una encuesta llega inmediatamente después de una intensa campaña mediática que proyecta fortaleza política, resulta inevitable preguntarse cuánto de esos números responde a la realidad y cuánto a una estrategia de posicionamiento previamente diseñada.
La política no es solamente presupuesto
Hay una frase que resume perfectamente este momento político.
No existe plan perfecto cuando todo el plan depende únicamente del dinero.
El dinero puede abrir muchas puertas.
Pero jamás sustituirá el ingenio político.
No reemplaza la lectura del momento.
No reemplaza la capacidad estratégica.
No reemplaza el carisma genuino.
No reemplaza la credibilidad.
No reemplaza la conexión auténtica con la población.
Quien apuesta exclusivamente al presupuesto termina creyendo que todo puede comprarse.
Y ese suele ser el error más costoso.
Reflexión final
En HackeandoElSistema.net seguiremos observando con atención los acontecimientos de los próximos días.
Si la publicación de la encuesta de ACD Media termina coincidiendo perfectamente con la narrativa construida durante este fin de semana, corresponderá a cada ciudadano sacar sus propias conclusiones.
Lo verdaderamente importante no es si un político aparece rodeado de personas o si una encuesta le atribuye determinado porcentaje.
Lo importante es preguntarse siempre:
¿Estamos observando una realidad política… o una realidad cuidadosamente producida para que parezca auténtica?
Porque en democracia, la diferencia entre ambas cosas puede definir no solamente una candidatura, sino también la calidad del debate público.
A todos los medios y “comunicadores” que seguramente leerán este análisis y encontrarán en él insumos para sus propios contenidos: utilizar información es parte del ejercicio periodístico, pero el crédito también lo es. Reconocer a Hackeandoelsistema.net no solo es un acto de ética profesional, sino que además fortalece su propia credibilidad ante la audiencia, proyectándolos como comunicadores serios, con criterio, fuentes y capacidad real de análisis. Dar crédito no resta; al contrario, suma rigor, transparencia y respeto en un ecosistema mediático que cada vez exige más responsabilidad
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