
El otro cristal: ¿de verdad Abinader ha resuelto más problemas en seis años que la oposición en veinte?
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Hay frases políticas que están diseñadas para ser recordadas.
Y hay otras que, además, están diseñadas para provocar una discusión.
La declaración de Luis Abinader en Nueva Jersey pertenece a la segunda categoría.
Ante más de 400 dirigentes y militantes del Partido Revolucionario Moderno, el presidente afirmó: “En seis años hemos resuelto más problemas que la oposición en 20 años”. También llamó a los perremeístas a defender su gestión utilizando datos y estadísticas. (Central Noticias)
Perfecto.
Si la defensa debe hacerse con datos, entonces hagamos exactamente eso.
Porque el problema de esta afirmación presidencial es que “problemas resueltos” no es un indicador estadístico. No existe una cuenta oficial que permita sumar problemas de un gobierno y compararlos con los de otros.
Por tanto, la frase pertenece al terreno de la valoración política.
Y ahí es donde aparece el otro cristal.
El Gobierno tiene números para presumir
Sería intelectualmente deshonesto negar que la administración Abinader puede presentar resultados positivos.
El presidente acaba de señalar ante Naciones Unidas que la pobreza monetaria bajó de 25.8 % en 2019 a 14.6 % en el primer semestre de 2026. También destacó que República Dominicana salió del umbral que la FAO utiliza para el llamado mapa del hambre, al registrar una prevalencia de subalimentación inferior al 2.5 %. La FAO confirmó ese dato. (Central Noticias)
También hay crecimiento de la inversión extranjera, exportaciones récord y avances en infraestructura.
Esos resultados existen.
Y el Gobierno tiene derecho a presentarlos.
Pero una evaluación seria no puede detenerse ahí.
Porque si vamos a hablar de estadísticas, hay que mirar también las estadísticas que no aparecen en el discurso de celebración.
El problema es cuando el supermercado cuenta otra historia
Entre octubre de 2020 y junio de 2026, la canasta familiar aumentó 36.5 % en promedio.
En la región Ozama pasó de RD$42,975.92 a RD$56,939.95.
En el Cibao, de RD$34,391.92 a RD$47,410.06.
En el Este, de RD$33,583.33 a RD$46,171.84.
Y en el Sur, de RD$28,750.30 a RD$39,903.91. (El Seis)
Entonces aparece una contradicción que no se puede resolver con propaganda de gobierno ni con propaganda de oposición.
El país puede haber reducido la pobreza monetaria y, al mismo tiempo, tener una canasta básica mucho más cara.
Las dos cosas pueden ser ciertas.
La pregunta interesante es otra:
¿Cuánto más tendría que aumentar el ingreso de una familia para que esa reducción estadística de la pobreza se traduzca también en una mejor sensación económica en su vida cotidiana?
Porque el ciudadano no come PIB.
No paga el colegio con crecimiento económico.
No llena el tanque del vehículo con inversión extranjera.
Y no compra arroz con récords de exportaciones.
La deuda tampoco desapareció
Aquí hay otro punto que merece precisión.
Decir que Abinader recibió una deuda alta es correcto.
Pero utilizar la deuda de 2020 para atribuirle toda la responsabilidad al Gobierno actual también sería incorrecto: 2020 fue un año extraordinario marcado por la pandemia y por un fuerte aumento del endeudamiento para financiar la respuesta económica y sanitaria.
El propio Banco Central documentó que la deuda externa del sector público no financiero aumentó en 2020 en US$7,319.4 millones respecto a 2019. (Central Bank of the Dominican Republic)
La deuda del SPNF cerró 2020 en US$44,622.3 millones, equivalente a 56.6 % del PIB bajo la metodología reportada entonces. (Crédito Público)
Pero seis años después tampoco estamos hablando de un país sin deuda.
Al 31 de julio de 2026, la Dirección General de Crédito Público reportó una deuda del sector público no financiero de US$67,827.8 millones, equivalente al 48.2 % del PIB estimado. (Crédito Público)
Aquí hay una diferencia fundamental que suele desaparecer en las discusiones partidarias:
el porcentaje deuda/PIB puede bajar mientras el monto absoluto de la deuda aumenta.
¿Por qué?
Porque el PIB también crece.
Por eso, cuando alguien dice “la deuda está controlada”, hay que preguntar: ¿hablamos del porcentaje del PIB, del monto absoluto, del servicio de la deuda o de todos esos indicadores?
Eso es mirar el otro cristal.
Y entonces llegamos a la electricidad
Aquí la frase presidencial se vuelve todavía más difícil de evaluar.
Porque uno de los problemas estructurales que República Dominicana lleva décadas intentando resolver es precisamente el eléctrico.
Y seis años después seguimos hablando de pérdidas, subsidios, generación, distribución, apagones y tarifas.
En 2021 comenzó el desmonte gradual del subsidio a la tarifa eléctrica, dentro del Pacto Eléctrico. Para noviembre-diciembre de ese año, la SIE anunció un ajuste promedio de 1.4 % por kWh. (Superintendencia de Electricidad)
En agosto de 2026, el propio ministro de Energía y Minas, Joel Santos, tuvo que salir a aclarar que no había planes inmediatos de incrementar la tarifa, aunque reconoció que los ajustes tarifarios forman parte del Plan Nacional Plurianual del Sector Público 2025-2028. (Energy Alternatives Ministry)
Y mientras tanto, Punta Catalina, una de las grandes apuestas estatales para fortalecer el sistema eléctrico, registró en el primer semestre de 2026 un aumento considerable de sus gastos operativos, según los datos que hemos analizado anteriormente.
Entonces, ¿problema resuelto?
No exactamente.
Problema administrado, quizá.
Problema parcialmente atendido, sí.
Pero resuelto es una palabra mucho más grande.
La infraestructura: aquí también hay que mirar los números
Otro argumento utilizado por el Gobierno es la inversión en infraestructura.
Y nuevamente, hay obras.
Pero decir que existe inversión pública no significa automáticamente que exista una inversión suficiente para resolver el déficit acumulado de infraestructura del país.
Los datos de ejecución presupuestaria muestran que en 2025 el Gobierno Central ejecutó RD$207,751.7 millones en gastos de capital, equivalentes al 2.6 % del PIB. En 2024 habían sido RD$186,661.6 millones, equivalentes al 2.5 % del PIB. (One)
En 2023, el gasto de capital ejecutado fue de RD$180,291.2 millones, mientras la inversión fija representó 1.6 % del PIB. (One)
Esto no significa que el Gobierno no haya construido.
Ha construido.
La discusión es otra:
¿Son suficientes esas inversiones frente a las necesidades acumuladas del país?
Porque construir algunas grandes obras no equivale automáticamente a resolver el problema nacional de infraestructura.
Educación: tampoco todo puede medirse con cemento
El Gobierno también puede mostrar programas y avances educativos.
Por ejemplo, el programa CON BASE se desarrolla en más de 5,000 centros educativos y el Ministerio de Educación reportó tendencias de mejora en los aprendizajes en la mayoría de las 18 regionales. (Ministerio de Educación)
Pero precisamente por eso hay que tener cuidado con las declaraciones absolutas.
Porque mejorar un indicador no significa que el sistema educativo haya resuelto sus problemas estructurales.
La educación dominicana todavía enfrenta desafíos de aprendizaje, calidad, formación docente, infraestructura y resultados.
Un gobierno puede mejorar.
Y al mismo tiempo puede tener problemas pendientes.
Las dos cosas caben perfectamente en la misma fotografía.
El CAID es otro ejemplo
Aquí hay incluso una contradicción interesante.
Se ha cuestionado que durante la administración Abinader no se haya construido una nueva red de grandes centros regionales del CAID al ritmo esperado. Un reporte publicado recientemente sostiene que el CAID de Santo Domingo Este fue inaugurado en 2023, pero que la edificación había sido levantada durante el gobierno anterior y posteriormente completada y puesta en funcionamiento por la administración actual. (Espacio Sanidad)
Pero el propio CAID informó en 2025 que proyectaba seis nuevas unidades territoriales y que para 2026 se contemplaban al menos 25 nuevos recintos en coordinación con otras instituciones. (Caid)
¿Entonces qué tenemos?
No una historia de “el Gobierno no hizo nada”.
Tampoco una historia de “el Gobierno resolvió el problema”.
Tenemos una realidad mucho más compleja:
hay expansión anunciada, hay servicios funcionando, hay necesidades enormes y todavía existe una demanda que supera ampliamente la capacidad disponible.
Eso es precisamente lo que debería hacer el periodismo: quitarle el filtro partidario a la realidad.
El gran problema de la frase de Abinader
Yo no creo que el problema sea que Luis Abinader diga que su gobierno ha sido bueno.
Es lógico que un presidente defienda su administración.
El problema está en convertir esa defensa en una comparación histórica que no tiene una metodología clara.
Porque, ¿cómo se cuentan los problemas?
¿Un hospital equivale a un sistema eléctrico?
¿Una carretera equivale a reducir la pobreza?
¿Un centro de formación técnica equivale a solucionar el desempleo?
¿Una reducción de la pobreza equivale a resolver el costo de la vida?
¿Una reducción de la deuda como porcentaje del PIB significa que el país está menos endeudado si el monto absoluto aumentó?
No existe una calculadora política para eso.
Y aquí está el verdadero peligro
En República Dominicana hemos convertido la política en una competencia de relatos.
Si el Gobierno dice que todo está bien, los oficialistas repiten que todo está bien.
Si la oposición dice que todo está mal, los opositores repiten que todo está mal.
Y mientras tanto, el ciudadano queda atrapado entre dos realidades fabricadas.
Una realidad oficial.
Y una realidad opositora.
Pero la República Dominicana real está en el medio.
Es la que celebra que la pobreza haya bajado, pero se queja cuando llega al supermercado.
Es la que reconoce que hay nuevas obras, pero pregunta por qué todavía hay problemas eléctricos.
Es la que puede tener más empleo y crecimiento, pero sigue preguntándose por qué el salario no alcanza.
Es la que puede salir del mapa del hambre según la FAO y simultáneamente enfrentar una canasta familiar que se ha encarecido 36.5 % desde octubre de 2020. (Presidencia de la República Dominicana)
Eso no es una contradicción. Es la realidad.
Abinader y el cristal
Ramón de Campoamor popularizó aquello de que “todo es según el color del cristal con que se mira”.
Y quizás eso es precisamente lo que está ocurriendo.
Desde el cristal del Palacio Nacional, hay suficientes estadísticas para construir una narrativa de éxito.
Desde el cristal de la oposición, hay suficientes problemas para construir una narrativa de fracaso.
Pero ninguno de los dos cristales debería ser suficiente para un periodista.
Porque nuestra obligación no es decidir quién tiene razón.
Es poner los números sobre la mesa.
Abinader dice que en seis años ha resuelto más problemas que la oposición en veinte.
Bien.
Que nos diga cuáles, cuánto costaron, qué indicadores utilizamos para determinar que están resueltos y cómo se comparan con la situación que encontró en 2020.
Y entonces hagamos lo mismo con los gobiernos anteriores.
Sin consignas.
Sin fanatismo.
Sin “PRM versus PLD”.
Porque si queremos hablar de resultados, necesitamos una línea base, indicadores, metas y resultados verificables.
De lo contrario, no estamos hablando de gestión pública.
Estamos hablando de propaganda.
Y quizás esa sea la parte más preocupante de todo esto.
Que mientras el país discute si Abinader tiene razón o no, la discusión termina convirtiéndose en otro espectáculo político que distrae de las preguntas verdaderamente importantes.
¿Bajó la pobreza? Sí.
¿Salió el país del umbral del hambre de la FAO? Sí.
¿Hay inversión y crecimiento? Sí.
¿La canasta básica está mucho más cara? También.
¿La deuda sigue siendo elevada? También.
¿La crisis eléctrica está resuelta? Los datos del sector todavía justifican la pregunta.
¿La educación tiene desafíos pendientes? Evidentemente.
¿El Estado ha construido obras? Sí.
¿Eso significa que todos los problemas estructurales fueron solucionados? No.
Entonces quizás la pregunta no sea qué cristal tiene la razón.
La pregunta es:
¿Cuándo vamos a dejar de medir los gobiernos por lo que dicen de sí mismos y comenzar a medirlos por lo que realmente cambió en la vida de la gente?
Porque en República Dominicana, históricamente, todos los gobiernos han encontrado la manera de explicar sus éxitos.
Lo verdaderamente difícil ha sido demostrar que esos éxitos llegaron a la casa del ciudadano común.
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