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REMESAS FRENTE AL TURISMO: ¿QUIÉN DEJA MÁS RIQUEZA EN LA REPÚBLICA DOMINICANA Y QUIÉN ASUME LOS COSTOS?

REMESAS FRENTE AL TURISMO: ¿QUIÉN DEJA MÁS RIQUEZA EN LA REPÚBLICA DOMINICANA Y QUIÉN ASUME LOS COSTOS?

Por Melvin Sena | HackeandoElSistema.net La República Dominicana suele presentar el turismo como uno de los grandes motores de su economía. Y existen razones para ello: genera empl...

Administrador HESADMINISTRADOR HES/06 NOV DE 2026/10 MIN/visibility0 VISTAS
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Por Melvin Sena | HackeandoElSistema.net

La República Dominicana suele presentar el turismo como uno de los grandes motores de su economía. Y existen razones para ello: genera empleos, atrae inversiones, produce divisas, impulsa la construcción y contribuye al posicionamiento internacional del país.

Sin embargo, detrás de las cifras de visitantes, habitaciones hoteleras y millones de dólares en ingresos existe una pregunta que pocas veces ocupa el centro del debate económico: ¿cuánto de esa riqueza termina realmente en manos de los dominicanos y cuánto le cuesta al país mantener ese modelo turístico?

La misma pregunta debe hacerse sobre las remesas, ese flujo de dinero que millones de dominicanos residentes en el extranjero envían a sus familiares y que termina convirtiéndose en alimentos, viviendas, educación, medicamentos y consumo en los barrios y comunidades.

No se trata de desconocer la importancia del turismo ni de enfrentar artificialmente dos sectores que cumplen funciones diferentes. Se trata de analizar quién captura el valor económico, cómo se distribuyen los beneficios y qué responsabilidades corresponden al Estado y al sector privado.

1. Las remesas: dinero que llega directamente a las familias

Las remesas tienen una característica económica y social que las diferencia de muchas otras actividades productivas: una parte importante de ese dinero llega directamente a los hogares dominicanos.

Cuando un dominicano que vive en Nueva York, Madrid, Boston o cualquier otra ciudad envía dinero a su familia, esos recursos pueden terminar pagando el alquiler, comprando alimentos en el colmado, financiando los estudios de un hijo, levantando una vivienda o cubriendo una emergencia médica.

Es decir, el dinero entra directamente en la economía cotidiana.

Su impacto no se limita al beneficiario. Cuando una familia recibe una remesa y compra en un comercio local, ese dinero se convierte en ingresos para el colmadero, el transportista, el distribuidor y otros actores de la cadena económica.

Esto produce un efecto multiplicador en comunidades que, en muchos casos, dependen parcialmente de esos recursos para mantener su nivel de consumo.

Pero las remesas tampoco están libres de costos. Las empresas que realizan los envíos tienen gastos operativos, obligaciones tributarias y estructuras comerciales que pueden incluir comisiones y márgenes cambiarios.

2. El costo de las remesadoras: ¿quién termina pagando los impuestos?

Las empresas remesadoras operan como negocios privados y, por tanto, deben cumplir con las obligaciones fiscales correspondientes a su actividad.

Entre ellas pueden encontrarse el Impuesto Sobre la Renta sobre sus beneficios, las obligaciones laborales y de seguridad social, los impuestos aplicables a sus activos y los tributos que correspondan a determinadas operaciones financieras.

Sin embargo, hay una diferencia importante entre que una empresa pague impuestos y que el beneficiario de una remesa esté obligado a pagar un impuesto por recibir dinero.

No son exactamente lo mismo.

En economía existe un concepto conocido como traslación impositiva. Se refiere a la posibilidad de que una empresa transfiera parte de sus costos fiscales u operativos a sus clientes mediante aumentos de precios, comisiones o modificaciones en sus márgenes comerciales.

En el negocio de las remesas esto puede ocurrir de varias maneras.

La primera es mediante las comisiones que paga quien envía el dinero desde el extranjero. La segunda es a través de la tasa de cambio aplicada al momento de convertir los dólares en pesos dominicanos.

Por ejemplo, si una remesadora recibe dólares y los entrega a una tasa inferior a la que podría obtenerse en otras condiciones de mercado, existe un diferencial cambiario que forma parte de su estructura de ingresos.

Ahora bien, no debe asumirse que cada peso de esa diferencia representa beneficio neto ni que todo ese margen se destina al pago de impuestos. También puede cubrir costos de operación, riesgos cambiarios, liquidez y otros gastos comerciales.

La pregunta relevante para el consumidor dominicano es otra: ¿cuánto dinero pierde al recibir una remesa por diferencias en las tasas de cambio y las comisiones?

El Estado debe procurar que exista transparencia y competencia suficiente para que las familias puedan identificar cuánto cuesta realmente enviar y recibir su dinero.

3. El turismo todo incluido: una economía que puede quedarse dentro del hotel

El turismo dominicano genera una actividad económica de enorme importancia, pero su modelo de comercialización merece una discusión más profunda.

El sistema de hoteles todo incluido permite que el visitante pague por adelantado alojamiento, alimentación, bebidas y entretenimiento. Desde el punto de vista del turista, representa comodidad y previsibilidad en sus gastos.

El problema aparece cuando ese modelo concentra una proporción considerable del consumo dentro de las instalaciones hoteleras.

Un visitante que ya tiene pagadas sus comidas, bebidas y actividades puede tener pocos incentivos para salir a consumir en los negocios de la comunidad.

Esto puede limitar las oportunidades de restaurantes independientes, pequeños comercios, vendedores de artesanía, transportistas, guías turísticos y otros trabajadores que dependen del gasto directo de los visitantes.

En destinos como Bávaro, Punta Cana, Bayahíbe y Las Terrenas, el debate no debería limitarse a cuántos turistas llegan cada año. También debería incluir cuánto dinero gastan fuera de los hoteles y qué proporción de ese gasto permanece en la economía local.

No significa que todos los hoteles operen de la misma manera ni que el modelo todo incluido sea necesariamente perjudicial. Muchos establecimientos compran productos nacionales, contratan trabajadores dominicanos y generan encadenamientos productivos.

Pero eso no elimina la necesidad de medir el impacto real.

Un país no debería conformarse con contar turistas; debe conocer cuánto valor económico queda en sus comunidades.

4. Los salarios y la distribución de la riqueza turística

Otro asunto que merece atención es la remuneración de los trabajadores del sector.

La industria turística emplea a miles de dominicanos en áreas como recepción, cocina, limpieza, mantenimiento, seguridad, transporte y entretenimiento.

Sin embargo, el crecimiento de los ingresos hoteleros no significa automáticamente que los salarios y las condiciones laborales mejoren en la misma proporción.

El salario base, las jornadas de trabajo, la carga laboral, las oportunidades de ascenso y la distribución de las propinas son aspectos fundamentales para evaluar la calidad del empleo turístico.

En la República Dominicana existe una propina legal del 10% aplicable a los servicios de hoteles, restaurantes y establecimientos sujetos a esa disposición. Su distribución está regulada y debe llegar a los trabajadores beneficiarios conforme a la legislación laboral.

Por eso, la discusión no puede quedarse en señalar que existe una propina obligatoria. También debe examinarse si los mecanismos de distribución funcionan correctamente, si los trabajadores reciben lo que les corresponde y si existe suficiente transparencia.

El turismo no puede considerarse plenamente exitoso solamente porque aumenten las inversiones y los ingresos del sector. También debe evaluarse cuánto mejora la vida de quienes hacen posible esa actividad.

5. La factura ambiental: playas, agua, residuos e infraestructura

Existe un costo adicional que suele quedar fuera de los discursos triunfalistas sobre el turismo: la presión que ejerce la actividad sobre los recursos naturales y los servicios públicos.

Los destinos turísticos necesitan carreteras, agua potable, energía, sistemas de alcantarillado, recogida de basura, tratamiento de aguas residuales y protección de los ecosistemas.

Cuando la infraestructura pública no crece al mismo ritmo que la actividad turística, las comunidades pueden terminar soportando parte de las consecuencias.

La presión sobre las fuentes de agua, la generación de residuos, el deterioro de las playas y la contaminación de los recursos costeros son problemas que deben abordarse con políticas públicas y controles ambientales efectivos.

No se puede responsabilizar automáticamente a cada hotel por todos los problemas ambientales de una zona. Pero tampoco se puede permitir que el crecimiento turístico se produzca sin exigir responsabilidades proporcionales a quienes se benefician de la actividad.

Aquí surge una pregunta esencial: ¿qué parte de los ingresos generados por el turismo se está destinando a proteger los territorios que hacen posible esa industria?

Las tasas aeroportuarias y los impuestos relacionados con el turismo tienen destinos y marcos legales específicos. Por tanto, no debe suponerse que todos esos recursos ingresan a un fondo ambiental o que están disponibles automáticamente para reparar daños ecológicos.

Lo que sí debe exigirse es transparencia sobre la recaudación, la inversión pública y los resultados ambientales en las comunidades turísticas.

6. ¿Por qué las remesas se sienten más directamente en los barrios?

La diferencia entre las remesas y el turismo no está únicamente en el volumen de dinero que generan, sino también en la forma en que ese dinero circula.

Una remesa de 200 dólares puede convertirse rápidamente en alimentos, pago de servicios, materiales de construcción o matrícula escolar.

Ese dinero entra directamente en el presupuesto familiar y, posteriormente, puede circular entre pequeños negocios y proveedores locales.

En el turismo, en cambio, el dinero atraviesa una cadena más compleja: operadores internacionales, agencias de viajes, propietarios, administradores, proveedores, trabajadores, intermediarios y comercios.

Una parte importante puede quedarse en el país mediante salarios, compras nacionales, impuestos e inversión, pero otra puede salir a través de importaciones, pagos de financiamiento, servicios contratados en el extranjero y beneficios empresariales remitidos fuera del territorio.

Esto no significa que las remesas sean siempre más beneficiosas que el turismo en términos macroeconómicos. Son actividades diferentes y no pueden compararse sin estudiar sus respectivos volúmenes, costos, encadenamientos y efectos multiplicadores.

Pero sí permite entender por qué una familia puede sentir de manera inmediata el impacto de una remesa, mientras que el crecimiento de las cifras turísticas no necesariamente se traduce en una mejora equivalente para todos los residentes de una comunidad.

7. ¿Debe revisarse el modelo turístico dominicano?

La República Dominicana no necesita eliminar el modelo todo incluido ni debilitar una industria que genera empleo y divisas. Lo que necesita es discutir cómo conseguir que una proporción mayor de sus beneficios llegue a las comunidades.

Entre las medidas que merecen consideración están:

  • Incentivar las compras de productos agrícolas, alimentos y servicios nacionales por parte de los hoteles.

  • Fortalecer los pequeños negocios turísticos y facilitar su acceso a los visitantes.

  • Promover excursiones y experiencias comunitarias que permitan al turista consumir fuera de los complejos hoteleros.

  • Mejorar la fiscalización laboral y la transparencia en la distribución de la propina legal.

  • Exigir planes verificables de gestión de residuos, consumo de agua y tratamiento de aguas residuales.

  • Publicar información que permita medir cuánto valor económico permanece en cada destino turístico.

  • Evaluar los incentivos fiscales concedidos al sector y sus resultados en términos de empleo, inversión y desarrollo local.

La discusión no debe convertirse en una confrontación entre empresarios y trabajadores, ni entre turistas y comunidades. Debe ser una conversación sobre cómo distribuir mejor los beneficios y las responsabilidades de una actividad económica que utiliza recursos naturales, infraestructura y territorio dominicanos.

CONCLUSIÓN: EL ÉXITO ECONÓMICO DEBE MEDIRSE POR LO QUE LE QUEDA AL PAÍS

La República Dominicana necesita tanto las remesas como el turismo. Ambos generan divisas, sostienen actividades económicas y contribuyen al funcionamiento de miles de hogares y empresas.

Pero existe una diferencia importante entre generar riqueza y conseguir que esa riqueza se distribuya de manera efectiva.

Las remesas tienen la particularidad de llegar directamente a las familias. El turismo, por su parte, puede generar inversiones de gran escala, empleos, exportaciones de servicios y oportunidades para numerosas actividades productivas. El desafío es evitar que sus beneficios queden excesivamente concentrados mientras las comunidades asumen costos que no siempre se reflejan en sus ingresos.

El debate económico dominicano debe superar la costumbre de celebrar cada récord de visitantes o cada aumento en la entrada de divisas sin preguntarse qué está pasando con los salarios, los pequeños negocios, los recursos naturales y la calidad de vida de la población.

Porque al final, la pregunta no es solamente cuánto dinero produce la economía dominicana.

La verdadera pregunta es cuánto de ese dinero se queda en el país, cuánto llega a los ciudadanos y quién termina pagando los costos del crecimiento económico.

¿Estamos construyendo un modelo turístico que desarrolla las comunidades dominicanas o uno que concentra los beneficios mientras distribuye los costos entre todos?

Melvin Sena | HackeandoElSistema.net

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