Las encuestas no solo miden la opinión pública. También influyen en la percepción política. En comunicación política existe un principio bien conocido: la percepción puede convertirse en realidad si se administra correctamente. Ese parece ser el objetivo de la estrategia que, desde hace meses, acompaña la figura de David Collado.
Más que demostrar una ventaja definitiva, la narrativa intenta instalar una idea: que David Collado es el candidato inevitable del PRM.
El problema es que esa estrategia, aunque pueda beneficiar a un precandidato en el corto plazo, podría estar generando un efecto contrario sobre la marca del propio Partido Revolucionario Moderno (PRM).
La encuesta de ACD Media y la construcción de una narrativa
El artículo de ACD Media no se limita a publicar porcentajes.
Construye un relato.
Desde el titular hasta las conclusiones, el mensaje central es claro: David Collado lidera la carrera presidencial y representa la principal carta electoral del oficialismo.
Sin embargo, cuando se leen los datos completos aparecen elementos que matizan considerablemente esa conclusión.



La propia encuesta reconoce que:
- El 55.6 % de los ciudadanos no simpatiza con ningún partido.
- El 18.9 % aún no sabe por cuál partido votaría.
- El 11.9 % afirma que no acudiría a votar.
- En la medición presidencial, el grupo más numeroso corresponde al 25.3 % que no expresa preferencia por ninguno de los candidatos evaluados.
Es decir, el principal dato del estudio no parece ser un liderazgo consolidado, sino un enorme nivel de incertidumbre.
Sin embargo, la narrativa se concentra casi exclusivamente en fortalecer la percepción de un candidato dominante.
Cuando el candidato parece más grande que el partido
Uno de los riesgos de una estrategia de posicionamiento excesivamente personalizada es que el partido comienza a quedar en un segundo plano.
La conversación deja de ser sobre el PRM.
Todo gira alrededor de David Collado.
Y eso tiene consecuencias.
Los partidos no solo compiten por la Presidencia.
También necesitan ganar alcaldías, senadurías, diputaciones, regidurías y direcciones distritales.
Cuando toda la fortaleza institucional se concentra en la imagen de un solo aspirante, el resto de la organización pierde protagonismo.
La fortaleza mediática no siempre coincide con la fortaleza interna
Diversas mediciones públicas muestran que David Collado mantiene un alto nivel de conocimiento y suele aparecer con una ligera ventaja sobre otros aspirantes del PRM.
Eso no significa necesariamente que posea la estructura partidaria más fuerte.
Dentro de un partido político existen variables que las encuestas nacionales no siempre capturan:
- dirigencia provincial;
- alcaldes;
- legisladores;
- presidentes municipales;
- coordinadores territoriales;
- capacidad de movilización.
La popularidad y la estructura son activos diferentes.
Una elección interna puede decidirse más por la segunda que por la primera.
El riesgo de crear un candidato «inevitable»
Toda estrategia de comunicación busca construir percepciones.
Pero cuando una campaña intenta instalar constantemente la idea de que existe un ganador inevitable, también eleva enormemente las expectativas.
Si finalmente ese candidato no obtiene la nominación del partido, el impacto no recaería únicamente sobre él.
También afectaría la percepción pública del PRM.
Durante meses se habría transmitido la idea de que existía un liderazgo indiscutible.
Una derrota interna rompería esa narrativa y abriría espacio a interpretaciones de división, debilidad o fracaso estratégico.
El costo para la marca PRM
Los partidos políticos también son marcas.
Y como cualquier marca, su fortaleza depende de transmitir estabilidad, cohesión y confianza.
Cuando la comunicación se concentra excesivamente en un precandidato, el partido comienza a depender del éxito personal de esa figura.
Eso puede resultar conveniente mientras todo sale según lo previsto.
Pero si el desenlace es distinto, la marca institucional termina pagando un costo que pudo evitarse.
¿Dónde está el liderazgo político del PRM?
Este escenario también plantea una pregunta sobre la dirección estratégica del oficialismo.
Un liderazgo partidario sólido debería velar por el fortalecimiento del conjunto de la organización, no únicamente por la proyección de uno de sus aspirantes.
Las organizaciones políticas sobreviven a sus candidatos precisamente porque construyen una identidad propia.
Cuando esa identidad queda subordinada a una estrategia personal de posicionamiento, el equilibrio interno comienza a deteriorarse.
Una advertencia política
David Collado tiene derecho a desarrollar la estrategia política que considere más conveniente para alcanzar la candidatura presidencial.
Eso forma parte de la competencia democrática.
Pero el PRM también tiene la responsabilidad de preguntarse si la forma en que se está construyendo esa narrativa fortalece al partido o lo vuelve cada vez más dependiente de una sola figura.
Porque si toda la comunicación oficialista termina girando alrededor de un candidato y ese candidato no resulta ser el nominado, quien realmente habrá perdido no será únicamente un precandidato.
Habrá perdido la marca PRM.
Y recuperar una percepción pública deteriorada suele ser mucho más difícil que ganar una encuesta.
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