Cada vez que aparece una nueva encuesta electoral en República Dominicana ocurre el mismo fenómeno: durante unas horas, el país deja de hablar de los problemas nacionales para discutir los números de una firma encuestadora. Y quizás ese sea el verdadero objetivo. No necesariamente medir la opinión pública, sino convertirse en el centro de la conversación política. La más reciente encuesta de ACD Media vuelve a despertar más preguntas que respuestas.
Según sus resultados de ACD Media, el PRM lidera la intención de voto con un 29.1 %, mientras David Collado aparece como el aspirante presidencial mejor valorado con un 20.6 %. Sin embargo, cuando se profundiza en los mismos datos publicados por la encuesta, el relato comienza a perder consistencia.

¿Cómo puede hablarse de un liderazgo consolidado cuando el propio estudio reconoce que el 55.6 % de los consultados afirma no simpatizar con ningún partido político?
¿Cómo puede presentarse un escenario prácticamente definido cuando el 18.9 % todavía no sabe por cuál partido votaría y otro 11.9 % asegura que no acudiría a las urnas?

Es decir, casi un tercio del electorado permanece fuera de cualquier definición política.
Ese dato, por sí solo, describe un escenario abierto, no uno resuelto.
Más narrativa que estadística
Lo más llamativo del artículo que acompaña la encuesta no son los números.
Es la interpretación.
Los datos dicen una cosa.
El texto concluye otra.
Se afirma que David Collado representa un liderazgo consolidado. Pero obtener el 20.6 % significa, al mismo tiempo, que cerca de ocho de cada diez ciudadanos no lo escogieron como su opción presidencial.
Eso no descalifica su primer lugar.
Simplemente obliga a ponerlo en perspectiva.
También resulta llamativo que el artículo concluya que en la Fuerza del Pueblo Leonel Fernández y Omar Fernández «se complementan».
Los números únicamente muestran que Omar obtiene mayor respaldo entre la población general para ser candidato de la organización, mientras Leonel domina ampliamente entre la militancia.

Hablar de «complementariedad» ya no es una conclusión estadística.
Es una interpretación editorial.
Cuando la percepción importa más que la metodología
Hoy las encuestas ya no solo buscan medir preferencias.
También construyen percepciones.
Una encuesta ampliamente difundida puede instalar la idea de que existe un ganador inevitable, un candidato imparable o un liderazgo indiscutible.
Aunque los propios datos no lleguen a demostrarlo.
Por eso, más importante que el porcentaje publicado es la narrativa que se intenta construir alrededor de ese porcentaje.
El candidato que todos conocen… pero pocos pueden definir
Quizás el aspecto más interesante del momento político sea otro.
David Collado posee un altísimo nivel de reconocimiento público.
Sin embargo, cuando se pregunta cuáles son sus posiciones sobre los grandes debates nacionales, las respuestas suelen ser escasas.
¿Cuál es su propuesta para enfrentar la crisis del sistema eléctrico?
¿Qué plantea sobre la reforma fiscal?
¿Qué posición tiene respecto al endeudamiento público?
¿Cuál es su visión sobre la seguridad ciudadana?
¿Está a favor o en contra de una reforma constitucional?
¿Cuál sería su política migratoria?
¿Qué propone para el sistema de salud?
¿Qué plantea para la educación?
Más allá de su gestión en Turismo y de una estrategia de comunicación muy efectiva, el país conoce poco sobre su proyecto político.
Y esa diferencia es importante.
No es lo mismo administrar un ministerio que presentar una visión integral de nación.
La era del marketing político
Durante años, el marketing político ha evolucionado hasta convertir la imagen en un activo tan poderoso como las ideas.
Las redes sociales permiten construir figuras con enorme presencia pública sin necesidad de participar constantemente en debates de fondo.
No significa que el candidato carezca de propuestas.
Significa que la discusión pública gira mucho más alrededor de su imagen que de su programa.
Un público cada vez más escéptico
Quizás por eso, una parte importante de las reacciones en redes sociales no discutió los porcentajes.
Discutió la credibilidad de la encuesta.
Muchos usuarios en redes sociales cuestionaron la metodología de ACD Media, otros insinuaron sesgos y varios rechazaron la idea de que esos resultados reflejen la realidad política del país.
Independientemente de si esas críticas son correctas o no, revelan un hecho preocupante: la confianza pública en las encuestas parece deteriorarse.
Y cuando una encuesta genera más debate sobre quién la hizo que sobre lo que mide, pierde parte de su principal activo: la credibilidad.
Las encuestas deben servir para comprender, no para sustituir el debate
Las encuestas son herramientas útiles cuando ayudan a entender el estado de la opinión pública.
Pero dejan de cumplir esa función cuando terminan utilizándose para instalar relatos, alimentar estrategias de comunicación o convertir una fotografía parcial en una verdad definitiva.
En una democracia sana, los ciudadanos deberían elegir presidentes por sus propuestas, su capacidad de gobernar y la solidez de su visión de país.
No porque una encuesta les diga quién parece ir ganando.
Porque al final, ninguna medición reemplaza la pregunta más importante de todas:
¿Qué país propone construir cada candidato?
Y esa sigue siendo una respuesta que ninguna encuesta puede ofrecer.

La mayor contradicción de la encuesta no está en quién aparece en primer lugar, sino en quién realmente «va ganando»: la indefinición. El grupo más numeroso de la medición no es David Collado, ni Leonel Fernández, ni Omar Fernández. Es el 25.3 % de ciudadanos que respondió «No sabe/No responde«. Si además se suma el 5.8 % que dice no votar por ninguno de los candidatos presentados, el verdadero «líder» de la encuesta alcanza un 31.1 %. Sin embargo, esa realidad desaparece del relato para sustituirse por un mensaje distinto: que existe un candidato claramente consolidado.
Esa diferencia entre lo que muestran los datos y la forma en que se presentan es precisamente lo que alimenta el debate sobre si algunas encuestas buscan describir la realidad política o influir en ella.
Más allá de los porcentajes, David Collado enfrenta un reto que ninguna encuesta puede ocultar: renovar su estrategia política y de comunicación. La fórmula que durante años le permitió proyectar una imagen de gestor eficiente parece mostrar signos de desgaste. La exposición constante de actividades, inauguraciones y contenidos cuidadosamente producidos ya no genera el mismo impacto en un electorado cada vez más crítico y desconfiado del marketing político. Si realmente aspira a la Presidencia, probablemente ha llegado el momento de replantear su equipo de asesores y evolucionar hacia una comunicación centrada en las ideas, las propuestas y las respuestas a los grandes problemas nacionales.
La imagen puede abrir puertas, pero difícilmente sostendrá por sí sola una candidatura presidencial en un escenario donde la ciudadanía exige conocer qué piensa un candidato, cómo gobernaría y qué decisiones estaría dispuesto a tomar frente a los desafíos del país.
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