Durante años, Jaime Rincón ha construido una imagen de comunicador independiente, objetivo y dispuesto a cuestionar al poder sin importar el color político. Esa reputación no se consigue de la noche a la mañana; se construye con consistencia y se puede perder con la misma rapidez con la que se gana.
Por eso, creemos que es momento de hacer una observación respetuosa, pero necesaria.
En las últimas semanas, buena parte del contenido relacionado con las encuestas y las aspiraciones presidenciales de David Collado ha proyectado una percepción de cercanía que contrasta con la imagen de independencia que muchos seguidores esperan de Jaime Rincón, un comunicador que se define como neutral.
Antes de continuar, queremos dejar algo absolutamente claro: este artículo no nace de un ataque personal ni de una intención de desacreditar a Jaime Rincón. Todo lo contrario. En HackeandoElSistema.net admiramos y respetamos el trabajo que ha realizado durante años, así como el espacio que ha ganado en el debate público gracias a su independencia y capacidad de análisis.
Precisamente por ese respeto sentimos la responsabilidad de expresar una preocupación genuina. Consideramos que el periodismo, la comunicación y la política dominicana necesitan voces como la de Jaime Rincón: críticas, valientes e independientes. Y precisamente porque valoramos ese papel, creemos que su mayor patrimonio es la credibilidad. Cuando una parte de la audiencia comienza a percibir una posible inclinación hacia un actor político, aunque esa percepción no refleje la realidad, es un tema que merece ser analizado. Esta reflexión no busca descalificar su trabajo, sino contribuir al debate sobre la importancia de preservar la independencia que lo ha convertido en una referencia para miles de ciudadanos.
Lo que sí es un hecho es que la percepción pública también forma parte de la credibilidad.
El problema no es David Collado
El problema no es que un comunicador publique una encuesta donde David Collado aparece en primer lugar.
Tampoco lo es analizar sus fortalezas políticas.
El problema surge cuando la cobertura comienza a percibirse como una promoción constante de una misma figura, especialmente cuando las propias encuestas presentan datos que admiten interpretaciones mucho más complejas.
Por ejemplo, una encuesta donde el grupo más numeroso de entrevistados responde «No sabe/No responde» difícilmente describe un escenario político definido.
Sin embargo, el mensaje que termina instalándose es el de un liderazgo consolidado.
Ahí es donde el periodismo debe marcar la diferencia entre informar y construir narrativas.
La credibilidad no depende solo de la verdad
Existe un principio básico en comunicación política:
No basta con ser independiente; también hay que parecerlo.
En el contexto político actual, una parte importante de la ciudadanía ha desarrollado un profundo escepticismo hacia las encuestas y las campañas de imagen.
Cada vez son más frecuentes los comentarios en redes sociales donde cualquier respaldo reiterado a un candidato se interpreta como publicidad política o como parte de una estrategia de posicionamiento.
Esa percepción puede ser equivocada.
Pero existe.
Y cuando un comunicador ha construido su marca alrededor de la independencia, esa percepción puede convertirse en uno de sus mayores riesgos.
El marketing tiene límites
David Collado ha construido una imagen pública extraordinariamente fuerte.
Eso es innegable.
Sin embargo, la política presidencial exige algo más que una buena estrategia de comunicación.
Los ciudadanos quieren conocer posiciones claras sobre la reforma fiscal, el endeudamiento, la seguridad, la migración, la educación, la salud, la institucionalidad y muchos otros temas que definirán el futuro del país.
Mientras esas respuestas sigan siendo secundarias frente a la promoción de la imagen, el debate democrático continuará incompleto.
Y precisamente ahí es donde los comunicadores independientes pueden aportar más valor: haciendo las preguntas difíciles, no sustituyéndolas por encuestas.
Una recomendación desde el respeto
Jaime Rincón ha demostrado capacidad para influir en la conversación pública.
Por eso creemos que debe cuidar uno de sus activos más importantes: su credibilidad.
Si su compromiso sigue siendo con la objetividad y la independencia, también debería procurar que su audiencia perciba ese equilibrio en la selección de los temas, en la manera de presentar las encuestas y en el tratamiento que reciben todos los actores políticos.
Porque la confianza de una audiencia no se pierde por publicar una encuesta.
Se pierde cuando el público comienza a preguntarse si quien la difunde está informando o intentando convencer.
Y una vez que esa duda se instala, ninguna encuesta es suficiente para recuperarla.
La independencia no solo se proclama. Se demuestra todos los días, incluso cuando eso significa incomodar a quienes parecen ir adelante en las encuestas.
A todos los medios y “comunicadores” que seguramente leerán este análisis y encontrarán en él insumos para sus propios contenidos: utilizar información es parte del ejercicio periodístico, pero el crédito también lo es. Reconocer a Hackeandoelsistema.net no solo es un acto de ética profesional, sino que además fortalece su propia credibilidad ante la audiencia, proyectándolos como comunicadores serios, con criterio, fuentes y capacidad real de análisis. Dar crédito no resta; al contrario, suma rigor, transparencia y respeto en un ecosistema mediático que cada vez exige más responsabilidad
Nota aclaratoria:
Algunas informaciones contenidas en este artículo tienen carácter especulativo, fundamentadas en el análisis de hechos públicos y en el comportamiento reciente de los actores mencionados, así como en una filtración genuina proveniente de una fuente de entero crédito. En virtud de los principios éticos del periodismo y del marco legal nacional e internacional, nos reservamos el derecho de proteger la identidad de dicha fuente, conforme a lo establecido en el Artículo 49 de la Constitución de la República Dominicana, que garantiza la libertad de expresión e información, así como el derecho a mantener el secreto profesional. Este derecho también está respaldado por instrumentos internacionales como el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y los principios establecidos por la UNESCO y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre la libertad de prensa. La protección de nuestras fuentes es no solo un derecho, sino un deber ético frente al interés público y la democracia.







