Francisco Javier García insiste en que su reciente reunión con Gonzalo Castillo fue un acto de solidaridad, y probablemente lo fue. Pero en política las reuniones casi nunca comunican una sola cosa. La verdadera pregunta no es por qué se reunieron; la pregunta es ¿por qué hacer pública esa reunión precisamente ahora?
El propio Francisco Javier reveló un dato que ayuda a entender el contexto. Según explicó, hubo un momento en que Gonzalo Castillo le manifestó su disposición de apoyarlo políticamente. Sin embargo, Francisco Javier tenía un viaje programado a Nueva York con dirigentes del PLD. Cuando regresó al país, encontró que Gonzalo ya había estructurado su propio proyecto presidencial. Ese relato deja entrever que, en algún momento, ambos exploraron la posibilidad de caminar en la misma dirección.
Personalmente, encuentro creíble esa versión. Francisco Javier no suele hacer declaraciones de esa naturaleza para ganar simpatías momentáneas. Es razonable pensar que sí existió un acercamiento y que Gonzalo Castillo, enfrentando en ese momento un panorama judicial incierto, pudo haber considerado que Francisco Javier era la figura con mejores condiciones para representar al PLD. Con el tiempo, las circunstancias cambiaron y Gonzalo decidió asumir nuevamente un rol protagónico.
Ayer, durante una conversación con un dirigente del equipo de Francisco Javier, comenté que, antes del regreso de Gonzalo Castillo al escenario político, veía a Francisco Javier como el aspirante con mayores posibilidades de consolidarse dentro del PLD. Sin embargo, desde que Gonzalo volvió a la competencia, la contienda se ha equilibrado considerablemente y, en términos de percepción pública, incluso da la impresión de que Gonzalo ha logrado colocarse ligeramente por delante.
Ese cambio de escenario ayuda a explicar el tono utilizado por Francisco Javier cuando narra aquella historia. Más que una simple anécdota, transmite la sensación de que se sintió desplazado o traicionado políticamente. Y eso revela que, aunque el PLD proyecte una imagen de unidad, internamente existen tensiones propias de una organización que intenta reconstruirse después de haber perdido el poder.
Ahora bien, si la discusión es sobre capacidad para gobernar, mi valoración es distinta a la de la popularidad. Entre Gonzalo Castillo y Francisco Javier García, considero que Francisco Javier posee una mayor preparación política y administrativa para dirigir el Estado. Su trayectoria en la administración pública, su experiencia en planificación y su conocimiento del funcionamiento del gobierno le otorgan un perfil más completo para ejercer la Presidencia.
Pero si la pregunta cambia y es quién tiene hoy mayor nivel de popularidad dentro del electorado o de la militancia peledeísta, la respuesta probablemente favorezca a Gonzalo Castillo. Su paso por el Ministerio de Obras Públicas y su candidatura presidencial de 2020 le dieron un nivel de reconocimiento que sigue teniendo peso dentro del partido.
En definitiva, el debate no debería reducirse a quién llena más auditorios o genera más titulares. La decisión de un partido y, posteriormente, de los ciudadanos consiste en determinar qué valoran más: la popularidad de un candidato o su capacidad para gobernar. Esa será, probablemente, una de las principales discusiones que marcarán la competencia interna del PLD en los próximos meses.
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