Las recientes declaraciones de Wellington Arnaud introducen un elemento que hasta ahora pocos dirigentes del PRM habían planteado de manera tan directa: el riesgo de utilizar las encuestas como una herramienta para construir la percepción de que existe un único candidato capaz de ganar las elecciones, aun cuando eso implique proyectar una imagen de debilidad del propio partido.
Más allá de la competencia interna entre precandidatos, sus palabras abren un debate estratégico sobre la marca PRM y sobre el impacto que determinadas narrativas pueden tener en la organización de cara al 2028.
«Ninguna encuesta que nosotros hemos hecho pone al PRM por debajo de un 40 %». Durante la entrevista, Wellington Arnaud afirmó:
«Yo respeto quienes utilizan las encuestas como herramienta de promoción, inclusive colocando al partido de una manera, vamos a decir, irresponsable… ninguna encuesta que nosotros hemos hecho el partido baja de un 40 %. Eso es mentira.»
La afirmación contrasta con estudios recientes como el difundido por ACD Media, donde el PRM aparece con un 29.1 % de intención de voto por partidos, acompañado por un discurso que presenta a David Collado como el principal activo electoral del oficialismo.
La diferencia entre ambas visiones no es simplemente estadística.
Es política.
La narrativa del «candidato salvador»
Quizás la parte más importante de la entrevista fue cuando Wellington explicó lo que, a su juicio, persigue esa estrategia.
«¿Qué se quiere? Utilizar las encuestas como una herramienta de promoción con doble propósito. Primero, querer decir que el partido está por debajo para traer un candidato salvador, de que con ese es el único que se puede ganar.»
Ese planteamiento coincide con una preocupación que desde hace meses viene creciendo dentro y fuera del PRM.
Cuando una estrategia de comunicación insiste en presentar a un precandidato muy por encima del resto y, al mismo tiempo, proyecta al partido con niveles relativamente bajos de respaldo, el mensaje que termina recibiendo la opinión pública es sencillo:
Sin ese candidato, el partido pierde.
Y esa percepción puede convertirse en un problema para la organización.
¿Quién fortalece a quién?
Tradicionalmente ocurre lo contrario.
En sistemas políticos con partidos fuertes, es la organización la que fortalece al candidato.
El candidato hereda una estructura, una identidad y un electorado construido durante años.
Sin embargo, cuando la comunicación gira alrededor de la idea de que solo una persona puede salvar al partido, el efecto comienza a invertirse.
El partido deja de ser el protagonista.
Toda la atención se concentra en el aspirante.
El riesgo para la marca PRM
Las organizaciones políticas no solo compiten por la Presidencia.
También necesitan mantener competitivos a sus candidatos a alcaldes, senadores, diputados, directores distritales y regidores.
Si la percepción pública comienza a ser que el verdadero activo electoral es únicamente un precandidato presidencial, inevitablemente la marca institucional pierde valor.
Y cuando una marca política se debilita, ese desgaste termina afectando a toda la boleta electoral.
Lo que muestran las encuestas… y lo que no muestran
Las mediciones publicadas hasta el momento coinciden en un punto: David Collado mantiene altos niveles de conocimiento y suele aparecer con una ventaja sobre otros aspirantes oficialistas.
Pero también muestran otra realidad.
En varias encuestas independientes, las diferencias entre Collado, Wellington Arnaud, Carolina Mejía y Guido Gómez Mazara son considerablemente menores que la imagen de liderazgo absoluto que algunas narrativas intentan proyectar.
Además, las encuestas nacionales no siempre reflejan un factor determinante en una convención partidaria:
La estructura.
Los presidentes municipales.
Los dirigentes provinciales.
Los equipos territoriales.
Los delegados.
La capacidad de movilización.
La política interna rara vez se decide únicamente por popularidad.
¿Puede una narrativa terminar afectando al candidato?
Paradójicamente, una estrategia diseñada para fortalecer a un aspirante también puede terminar perjudicándolo.
Cuando durante meses se construye la percepción de que existe un ganador inevitable, cualquier resultado distinto genera frustración entre sus propios seguidores.
Y si finalmente ese aspirante no obtiene la candidatura, el golpe no solo recae sobre él.
También afecta la imagen del partido que permitió que esa expectativa creciera sin equilibrio.
Una advertencia que merece atención. Las declaraciones de Wellington Arnaud no deben analizarse únicamente como parte de la competencia interna del PRM.
También representan una advertencia sobre el papel que las encuestas pueden desempeñar en la construcción de narrativas políticas.
Las encuestas son herramientas valiosas cuando ayudan a comprender la opinión pública.
Pero cuando se convierten en el eje central de una estrategia de posicionamiento, corren el riesgo de dejar de describir la realidad para empezar a influir sobre ella.
El verdadero desafío del PRM
Más allá de quién gane la candidatura presidencial, el mayor reto del oficialismo será llegar al 2028 con una organización fortalecida.
Porque ningún partido gana únicamente con una buena campaña de comunicación.
Se gana con estructura, con gestión, con liderazgo y con una marca política capaz de transmitir confianza más allá del nombre de un solo candidato.
Y esa parece ser, precisamente, la advertencia que Wellington Arnaud puso sobre la mesa: ningún proyecto político debería construir su fortaleza debilitando la percepción de la organización que pretende representar.
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