Desde que el presidente Luis Abinader anunció que no buscaría una nueva reelección, comenzó una competencia silenciosa dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM). Aunque varios dirigentes han manifestado aspiraciones presidenciales, la realidad política indica que hoy existen tres proyectos trabajando de manera constante y con capacidad real para competir por la candidatura: Carolina Mejía, David Collado y Wellington Arnaud.
Hasta ahora, el presidente ha mantenido una posición de neutralidad. Esa actitud no solo es institucionalmente correcta, sino también políticamente inteligente. Como jefe de Estado y líder del principal partido de gobierno, su papel ha sido permitir que las aspiraciones se desarrollen sin inclinar la balanza públicamente.
Sin embargo, la historia política dominicana demuestra que, tarde o temprano, todo presidente saliente termina evaluando quién ofrece mayores garantías para preservar su legado, la estabilidad de su organización y sus propios intereses políticos.
La pregunta ya no es si Luis Abinader tomará una decisión.
La pregunta es: ¿quién reúne las condiciones para convertirse en su principal apuesta?
La opción Raquel Peña: continuidad sin expansión
Muchos consideran que la vicepresidenta Raquel Peña sería la heredera natural del proyecto de gobierno.
Sin embargo, continuidad no siempre significa competitividad.
Raquel representa fielmente la actual administración, pero precisamente por eso enfrenta una limitación política importante: difícilmente proyectaría una oferta de renovación hacia el electorado.
Después de ocho años de un mismo gobierno, los votantes suelen buscar cambios en el estilo, el liderazgo y la narrativa, aunque no necesariamente quieran cambiar de partido.
Además, desde el punto de vista electoral, su candidatura no parece aportar un segmento adicional del electorado. Su perfil fortalece la imagen de continuidad institucional, pero no necesariamente amplía la base política del PRM.
Carolina Mejía: una estructura fuerte, pero con un desafío interno
Carolina Mejía posee uno de los activos más importantes dentro del PRM: estructura política.
Cuenta con dirigentes, alcaldes, equipos organizados y una importante presencia territorial.
Sin embargo, su candidatura también presenta un elemento que Luis Abinader tendría que valorar cuidadosamente.
Carolina es hija del expresidente Hipólito Mejía.
Eso significa que una eventual victoria suya fortalecería nuevamente al llamado «hipolitismo» dentro del partido.
Históricamente, los liderazgos políticos procuran evitar que otra corriente interna concentre demasiado poder.
No se trata únicamente de ganar una elección.
También se trata del equilibrio interno de la organización.
A eso se suma que la oposición probablemente intentaría vincular su candidatura con aspectos negativos del gobierno de Hipólito Mejía, un período que todavía genera opiniones divididas en parte del electorado.
David Collado: reconocimiento nacional, pero desafíos políticos
David Collado mantiene altos niveles de conocimiento y una imagen positiva entre amplios sectores de la población.
Su perfil empresarial conecta con otro grupo empresarial diferente al de Luis Abinader en 2020.
Sin embargo, también enfrenta retos importantes.
Hasta el momento, su estrategia ha privilegiado el posicionamiento mediático y las encuestas sobre la construcción visible de una estructura partidaria.
Diversos dirigentes del PRM han insistido en que una candidatura presidencial no se gana únicamente con popularidad, sino con organización, compromiso territorial y capacidad de movilización.
También existe otro factor.
Dentro del partido han trascendido diferencias políticas entre distintos sectores cercanos a David Collado y otras corrientes del oficialismo.
Aunque toda organización grande tiene tensiones internas, el próximo candidato presidencial necesitará convertirse en un factor de unidad más que de competencia permanente entre grupos.
Otro aspecto que suele mencionarse es que el país conoce ampliamente la imagen pública de David Collado, pero todavía existe un debate sobre el nivel de conocimiento de sus posiciones respecto a temas estratégicos como la política migratoria, las reformas institucionales, la seguridad, la política fiscal o su visión integral de país.
Una candidatura presidencial, especialmente en una segunda vuelta, termina siendo evaluada mucho más por sus propuestas que por su nivel de reconocimiento.
Wellington Arnaud: el perfil de equilibrio
Dentro de este escenario aparece Wellington Arnaud.
Probablemente no sea hoy el dirigente con mayor nivel de conocimiento nacional.
Pero políticamente reúne varias condiciones que podrían resultar atractivas para un presidente saliente.
Tiene experiencia organizativa dentro del partido.
Mantiene relaciones con la dirigencia nacional.
Ha desarrollado una gestión visible al frente del INAPA.
Ha defendido públicamente la realización de primarias internas y el fortalecimiento institucional del PRM.
Ha insistido en recorrer el país, reunirse con las bases y explicar su visión política.
Wellington Arnaud fue precandidato presidencial en las primarias internas del PRM en octubre de 2019, compitiendo directamente contra Luis Abinader e Hipólito Mejía.
Hasta el momento, tampoco carga con niveles elevados de rechazo dentro del oficialismo.
Su principal desafío continúa siendo el posicionamiento nacional.
Pero precisamente esa parece ser la etapa en la que trabaja actualmente.
¿Qué suele buscar un presidente saliente?
La experiencia política dominicana muestra que los presidentes que concluyen su mandato normalmente valoran varios factores antes de respaldar, explícita o implícitamente, a un sucesor:
- Capacidad de ganar la elección.
- Posibilidad de mantener unido al partido.
- Relación de confianza personal.
- Capacidad para preservar el legado del gobierno.
- Estabilidad institucional después de la transición.
No siempre el dirigente más popular termina siendo quien mejor cumple con ese conjunto de condiciones.
La decisión llegará
Luis Abinader mantiene hoy una posición de prudencia.
Es lo correcto.
Pero conforme se acerque el proceso interno del PRM, las presiones políticas aumentarán y será inevitable que su liderazgo influya, de una forma u otra, en el desenlace.
A dos años de las elecciones, la competencia continúa abierta.
Los tres principales proyectos tienen fortalezas y debilidades.
Carolina Mejía ofrece estructura, pero implica un reequilibrio interno hacia el hipolitismo.
David Collado aporta reconocimiento público y una imagen consolidada, aunque enfrenta el reto de demostrar mayor capacidad de integración partidaria y de definir con más claridad su proyecto político.
Wellington Arnaud combina experiencia organizativa, presencia territorial y un discurso orientado al fortalecimiento institucional, aunque todavía trabaja en elevar su nivel de conocimiento entre el electorado general.
Al final, más que elegir al aspirante mejor posicionado en una encuesta, la gran decisión para el oficialismo será determinar qué perfil ofrece mayores posibilidades de conservar el poder, mantener la cohesión del PRM y enfrentar una elección que, hasta el momento, luce completamente abierta.
Porque la historia política dominicana demuestra que las encuestas cambian; las estructuras evolucionan; pero la capacidad de unir un partido y construir una mayoría suele ser el factor que termina definiendo quién llega al Palacio Nacional.
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