
HAITÍ, UNA E INDIVISIBLE: EL PARTIDO QUE DEJÓ AL DESCUBIERTO LA CONTRADICCIÓN MIGRATORIA DEL GOBIERNO DE ABINADER
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Hay imágenes que valen más que mil discursos.
Y la noche del 1 de octubre de 2026 dejó una de esas imágenes en el mismo corazón de Santo Domingo: el Estadio Olímpico Félix Sánchez, en una República Dominicana que recibió a Haití para un partido de la Liga de Naciones de Concacaf, terminó convertido en el escenario de una escena que inevitablemente abre preguntas sobre la realidad migratoria que vive el país.
No fue simplemente un partido de fútbol.
Fue una fotografía política.
Porque mientras el gobierno de Luis Abinader ha convertido el control de la migración irregular proveniente de Haití en una de sus principales banderas de seguridad nacional, miles de personas acudieron al principal estadio deportivo de la capital para presenciar un República Dominicana-Haití que terminó con una contundente victoria haitiana 4-1. Noticias Telemicro
Y las imágenes de las gradas hicieron el resto.
La discusión dejó de estar únicamente en la frontera.
La frontera apareció dentro de Santo Domingo.
El Gobierno prometió 10,000 repatriaciones semanales
Hay que recordar las palabras oficiales.
El 2 de octubre de 2024, la Presidencia de la República informó que el Consejo de Seguridad y Defensa Nacional, encabezado por Luis Abinader, había acordado ejecutar inmediatamente un operativo con el objetivo de repatriar hasta 10,000 migrantes por semana.
La propia Presidencia explicó que la medida buscaba reducir lo que denominó el “exceso de población migrante” en las comunidades dominicanas y que estaba dirigida contra la migración irregular proveniente de Haití. Presidencia de la República Dominicana
Ese anuncio marcó un antes y un después en el discurso migratorio del Gobierno.
Diez mil.
Cada semana.
Una cifra suficientemente grande como para que cualquier ciudadano pudiera imaginar que, dos años después, la realidad visible en determinados espacios públicos de la República Dominicana debería ser sustancialmente distinta.
Pero entonces llegó el partido.
Y el país pudo observar otra realidad.
Más de 20,000 personas y una presencia haitiana imposible de ignorar
El partido se disputó en el Estadio Olímpico Félix Sánchez, en Santo Domingo.
Las entradas estaban agotadas y medios dominicanos reportaron una asistencia superior a 20,000 personas, con una importante presencia de aficionados haitianos que celebraron con cánticos, bailes y cornetas. Noticias SIN
Aquí aparece la contradicción que merece ser discutida.
No porque un haitiano esté en un estadio dominicano.
No porque un ciudadano haitiano tenga prohibido asistir a un partido.
Y tampoco porque pueda determinarse, solamente mirando las gradas, quién tiene o no una situación migratoria regular.
El problema político es otro:
¿Cómo se concilia la dimensión de la presencia haitiana visible en la capital con una política gubernamental que desde hace dos años coloca la reducción de la migración irregular como una prioridad nacional?
Esa es la pregunta que el Gobierno tiene que responder.
La noche en que los dominicanos parecíamos visitantes
Y aquí es donde el asunto deja de ser exclusivamente migratorio y adquiere una dimensión simbólica.
República Dominicana jugaba como local.
En Santo Domingo.
En el Estadio Olímpico Félix Sánchez.
En una instalación deportiva que lleva el nombre de Juan Pablo Duarte.
Pero las crónicas del partido describieron un ambiente en el que la afición haitiana tuvo una presencia particularmente visible y ruidosa. Diario Libre incluso señaló que, aunque República Dominicana era local, había mayor público haitiano en las gradas. Diario 1
Y después ocurrió lo deportivo.
Haití no solamente tuvo una afición numerosa.
También ganó el partido.
4-1.
Deedson abrió el marcador al minuto 9. Wilson Isidor marcó dos veces, a los minutos 51 y 67, y Yassin Fortuné completó la goleada al 76. Dorny Romero consiguió el único tanto dominicano. TUDN
El resultado fue demoledor.
Pero la imagen de las gradas fue todavía más poderosa.
¿Qué está pasando con la política migratoria de Abinader?
Aquí está el verdadero punto.
El gobierno de Luis Abinader tiene derecho a defender una política migratoria estricta.
Tiene derecho a controlar la frontera.
Tiene derecho a deportar a extranjeros que se encuentren irregularmente en territorio dominicano conforme a la legislación.
Y, de hecho, el Gobierno ha realizado deportaciones masivas.
Precisamente por eso la pregunta resulta más incómoda:
¿Qué está fallando para que, después de una política migratoria de esta magnitud, la presencia haitiana siga siendo tan visible en determinados espacios de la República Dominicana?
Porque deportar personas no necesariamente significa impedir nuevas entradas.
Tampoco significa impedir que quienes tienen residencia, documentación o autorización válida circulen libremente.
Y mucho menos significa que todo haitiano que aparezca en una multitud sea irregular.
Pero sí obliga a examinar la eficacia integral de la política.
Frontera.
Entrada.
Permanencia.
Mercado laboral.
Documentación.
Reingreso.
Tráfico de personas.
Controles internos.
Todo eso forma parte del problema.
Y todo eso corresponde a la capacidad institucional del Estado dominicano.
La paradoja del Félix Sánchez
Aquí aparece una paradoja difícil de ignorar.
El mismo gobierno que anunció que iba a repatriar hasta 10,000 migrantes semanalmente para enfrentar el “exceso de población migrante” terminó administrando un país donde, dos años después, una multitud superior a 20,000 personas pudo reunirse en Santo Domingo para un partido entre República Dominicana y Haití, con una presencia haitiana que fue descrita como mayoritaria o particularmente visible en las gradas.
Eso no demuestra que esas personas fueran irregulares.
Pero sí demuestra que la realidad social es mucho más compleja que cualquier anuncio gubernamental.
Y esa realidad merece explicaciones.
Porque una política migratoria no puede medirse solamente por cuántas personas son detenidas.
Debe medirse también por lo que ocurre después.
La historia vuelve a aparecer como fantasma
La provocación histórica del título “Haití, una e indivisible” tiene un origen que no puede ignorarse.
En 1801, Toussaint Louverture promulgó una Constitución que establecía que el territorio de Saint-Domingue comprendía toda la extensión de la colonia y, de hecho, su administración se extendió sobre la parte oriental de la isla. La Constitución hablaba de un territorio de una sola colonia. University of Perpignan
Décadas después, en 1822, Jean-Pierre Boyer unificó políticamente bajo el gobierno haitiano las dos partes de la isla. La historiografía dominicana estudia ese proceso como la unificación política de la isla bajo Boyer entre 1822 y 1843. Historia Dominicana
Pero hay algo fundamental:
aquello pertenece a la historia; la República Dominicana y Haití son hoy dos Estados soberanos.
La frontera existe.
La soberanía dominicana existe.
La soberanía haitiana existe.
Y ninguna fotografía de un estadio modifica ese hecho.
Entonces, ¿qué fue lo que realmente vimos?
No vimos la desaparición de la República Dominicana.
No vimos la desaparición de la frontera.
No vimos una nueva ocupación militar.
Y tampoco vimos una prueba de que todos los haitianos presentes fueran indocumentados.
Vimos algo diferente y, políticamente, mucho más interesante:
vimos la enorme distancia que puede existir entre el discurso de una política migratoria y la realidad cotidiana de un país.
Abinader hizo de la migración irregular una de las grandes prioridades de su gobierno.
Su administración anunció la meta de hasta 10,000 repatriaciones semanales.
Y el Estado dominicano ha ejecutado operaciones migratorias de gran escala.
Por eso, cuando un partido entre República Dominicana y Haití convierte el principal estadio de Santo Domingo en una enorme celebración haitiana y termina, además, con Haití goleando 4-1, la escena inevitablemente invita a preguntar:
¿Qué tan efectiva ha sido realmente la política migratoria del Gobierno?
No es una pregunta contra el haitiano que compró una boleta.
No es una pregunta contra el aficionado que fue a apoyar a su selección.
Es una pregunta dirigida al Estado dominicano y a quienes han dirigido su política migratoria.
Y durante los últimos años, esa responsabilidad política ha estado en manos del gobierno de Luis Abinader.
El partido terminó 4-1. La discusión apenas comienza
Quizás por eso la fotografía del Félix Sánchez resulta tan poderosa.
Porque mientras en la cancha Haití ganó 4-1, en las gradas quedó una imagen que trasciende el fútbol.
Una imagen que obliga a preguntarnos si el Estado está consiguiendo lo que prometió.
Si las deportaciones están acompañadas de controles efectivos de entrada y reingreso.
Si el mercado laboral continúa absorbiendo migración irregular.
Si las autoridades realmente conocen la dimensión del fenómeno.
Y, sobre todo, si las cifras oficiales reflejan lo que los ciudadanos están viendo diariamente.
Porque un gobierno puede anunciar miles de deportaciones.
Puede construir una verja.
Puede desplegar militares.
Puede realizar operativos.
Puede presentar estadísticas.
Pero si al final la realidad que observa el ciudadano sigue siendo radicalmente distinta a la que sugieren los discursos oficiales, entonces hay una pregunta que nadie puede seguir esquivando:
¿Está funcionando la política migratoria de Luis Abinader o simplemente estamos contando deportaciones mientras el fenómeno continúa creciendo por otra puerta?
El marcador del fútbol fue 4-1.
El marcador de la política migratoria todavía está pendiente de explicación. Diario Libre
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