
LULA Y BRASIL 2026: DIEZ LECCIONES POLÍTICAS QUE REPÚBLICA DOMINICANA DEBERÍA ANALIZAR RUMBO A 2028
La victoria de Lula deja una reflexión para la política dominicana: las encuestas, las redes sociales, el dinero y la edad importan, pero ninguno de esos factores sustituye la eval...
La victoria de Lula deja una reflexión para la política dominicana:
las encuestas, las redes sociales, el dinero y la edad importan, pero ninguno de esos factores sustituye la evaluación que hace el ciudadano de su propia realidad.
Por: Redacción de HackeandoElSistema.net
La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, el 25 de octubre de 2026, deja numerosas lecciones para los partidos políticos, los aspirantes presidenciales y los ciudadanos que comienzan a mirar hacia las elecciones dominicanas de 2028.
Lula, de 80 años, obtuvo 64,256,232 votos, equivalentes al 51,79 % de los votos válidos, frente a los 59,826,041 votos de Flávio Bolsonaro, quien alcanzó el 48,21 %. El resultado oficial confirmó una victoria estrecha en términos porcentuales, dentro de una sociedad políticamente polarizada.
¿Qué puede aprender República Dominicana de este resultado? ¿Es suficiente tener recursos económicos, seguidores en las redes sociales o una maquinaria partidaria? ¿Qué importancia tienen la experiencia, los resultados de una gestión y la capacidad de conectar con las preocupaciones cotidianas de la población?
Las respuestas no deben utilizarse para promover a un candidato dominicano ni para descalificar a otro. Deben servir para examinar, con lógica política, los factores que influyen en una elección.
1. Las encuestas no sustituyen las urnas, pero tampoco deben ignorarse
Una de las primeras lecciones es que ninguna encuesta, plataforma de predicción o tendencia en redes sociales debe confundirse con el resultado electoral.
En Brasil, el desenlace fue producto de una competencia real entre dos candidaturas que movilizaron a millones de votantes. La victoria de Lula no demuestra que todas las encuestas estuvieran equivocadas ni que las plataformas digitales carezcan de utilidad. Demuestra que los pronósticos no sustituyen el conteo oficial.
En República Dominicana, las encuestas pueden ayudar a identificar tendencias, niveles de reconocimiento, opiniones sobre la gestión gubernamental y preferencias partidarias. Sin embargo, sus resultados dependen de la metodología, el tamaño y la selección de la muestra, la fecha del levantamiento, la formulación de las preguntas y el comportamiento de los indecisos.
Las tendencias de las redes sociales presentan otra limitación: sus usuarios no representan necesariamente al conjunto del electorado. Una publicación puede alcanzar cientos de miles de visualizaciones sin que eso se traduzca en una cantidad equivalente de votos.
Por tanto, la lección no es ignorar las encuestas. Es aprender a interpretarlas, contrastarlas y reconocer sus límites.
De cara a 2028, los partidos dominicanos necesitarán información confiable, trabajo territorial y contacto permanente con la ciudadanía. Ninguna de esas herramientas, por separado, garantiza la victoria.
2. La edad no decide por sí sola una elección
Lula tiene 80 años y ganó la presidencia frente a Flávio Bolsonaro, de 45 años. Este contraste demuestra que la edad, por sí sola, no determina el resultado de una elección.
La experiencia puede ser valorada por sectores del electorado, mientras que otros ciudadanos pueden preferir la renovación generacional. Pero ninguna de esas preferencias constituye una regla universal.
En República Dominicana, donde la competencia presidencial de 2028 comenzará a definirse mediante procesos internos, acuerdos partidarios y debates sobre el desempeño de los dirigentes, la pregunta relevante no debería limitarse a cuántos años tiene cada aspirante.
También deberían examinarse su trayectoria, sus propuestas, su capacidad administrativa, su conducta pública, su equipo de trabajo y su disposición para responder a los problemas nacionales.
La edad no garantiza experiencia útil. La juventud tampoco garantiza renovación efectiva.
Lo importante es evaluar las capacidades, las ideas y los resultados que cada candidato pueda demostrar.
3. La gestión pública debe evaluarse por sus resultados y por quiénes se benefician
La tercera lección es probablemente una de las más importantes: los resultados de una gestión deben formar parte central de la evaluación electoral.
Lula construyó una parte importante de su trayectoria política alrededor de políticas sociales, programas de transferencia de ingresos y medidas dirigidas a reducir la pobreza y ampliar el acceso a oportunidades. Su trayectoria anterior en el Gobierno también ha estado vinculada a períodos de crecimiento económico y mejoras sociales, aunque los resultados han dependido de múltiples factores nacionales e internacionales.
En República Dominicana, el debate debe abordarse con la misma seriedad.
El Ministerio de Hacienda y Economía informó que la pobreza monetaria pasó del 19 % en 2024 al 17,3 % en 2025. El organismo indicó, además, que 172,346 personas superaron la línea de pobreza durante ese último año.
Es un dato relevante que debe incorporarse a cualquier evaluación de la política social. Pero también es necesario observar la inflación, los salarios reales, el costo de la canasta familiar, el empleo formal, la calidad de los servicios públicos y la capacidad de las familias para cubrir sus necesidades.
Una reducción estadística de la pobreza no significa que todos los hogares hayan experimentado la misma mejoría. Tampoco demuestra, por sí sola, que una política específica haya sido la única responsable del resultado.
La pregunta para el electorado dominicano debe ser concreta: ¿qué ha mejorado en la vida cotidiana de la población, qué continúa siendo insuficiente y qué propuestas existen para resolverlo?
En 2028, la evaluación de los candidatos debería incluir evidencias verificables sobre sus respectivas trayectorias y planes, sin sustituir el análisis por propaganda partidaria.
4. ¿Quién ha contribuido más a reducir la pobreza en República Dominicana?
Esta pregunta, planteada a partir del caso brasileño, merece convertirse en un eje del debate presidencial dominicano.
No basta con preguntar quién tiene más seguidores, quién llena más actividades o quién aparece con mayor frecuencia en los medios. También es legítimo examinar qué políticas han contribuido a mejorar las condiciones de vida de la población.
Pero para responder con rigor hay que definir los criterios.
¿Se medirá la reducción de la pobreza monetaria? ¿La disminución de la pobreza extrema? ¿La creación de empleos formales? ¿El aumento de los ingresos reales? ¿La ampliación del acceso a salud, educación y vivienda? ¿O una combinación de todos esos indicadores?
También hay que diferenciar entre el desempeño de un presidente, las políticas de un Gobierno, las acciones de una administración municipal y las iniciativas de un legislador.
Un funcionario municipal, por ejemplo, no tiene las mismas atribuciones presupuestarias ni las mismas responsabilidades que un presidente de la República.
Por eso, antes de establecer comparaciones entre posibles candidatos para 2028, sería necesario examinar sus responsabilidades concretas, los recursos que administraron, los resultados obtenidos y las condiciones económicas en las que trabajaron.
La discusión sobre la pobreza debe basarse en datos comparables y responsabilidades claramente identificadas.
La pregunta no es quién afirma haber ayudado más a la población, sino qué resultados verificables puede presentar y qué parte de esos resultados corresponde a sus decisiones.
5. La experiencia puede ser un activo, pero no es una garantía de buen Gobierno
La victoria de Lula permite observar que una parte mayoritaria de los votantes brasileños que emitieron votos válidos en la segunda vuelta optó por su candidatura, pese a su edad y a la intensa polarización política.
La experiencia acumulada durante sus anteriores períodos de Gobierno pudo formar parte de la valoración de algunos electores. Sin embargo, el resultado electoral no demuestra que todos los votantes hayan decidido por esa razón.
En República Dominicana, la experiencia gubernamental también será un elemento de evaluación.
Algunos ciudadanos pueden preferir dirigentes que ya han ocupado responsabilidades públicas y cuyos resultados pueden examinarse. Otros pueden valorar la renovación, las propuestas diferentes o la oportunidad de dar paso a nuevas generaciones.
Ambas preferencias forman parte de una competencia democrática legítima.
La cuestión fundamental es que la experiencia no debe convertirse en una credencial automática de capacidad. Haber gobernado antes permite evaluar decisiones reales, pero también exige examinar los errores, los aciertos, la transparencia y las consecuencias de las políticas implementadas.
De la misma manera, un aspirante sin experiencia presidencial puede presentar equipos competentes, propuestas viables y una trayectoria profesional o administrativa relevante.
El electorado tiene la responsabilidad de comparar esas evidencias y decidir qué considera más conveniente.
6. El voto se decide también en la vida cotidiana
Las elecciones no ocurren en el vacío. Los ciudadanos evalúan la política desde sus experiencias personales y familiares.
El precio de los alimentos, el acceso a medicamentos, el transporte, el empleo, la seguridad, la educación y la posibilidad de adquirir una vivienda pueden influir en la percepción que una persona tiene del Gobierno.
Por esa razón, los indicadores macroeconómicos y las cifras oficiales deben contrastarse con las experiencias concretas de los hogares.
Un país puede registrar crecimiento económico sin que todos los sectores sociales perciban los mismos beneficios. También puede reducir la pobreza monetaria mientras persisten dificultades relacionadas con el costo de la vida, la calidad de los servicios o la estabilidad laboral.
En el escenario dominicano, los partidos que aspiren a gobernar en 2028 tendrán que explicar cómo sus propuestas responderían a esas preocupaciones.
No será suficiente presentar cifras aisladas. Será necesario explicar qué significan, cómo se relacionan con las condiciones de vida de la población y qué medidas se proponen para resolver los problemas pendientes.
La evaluación ciudadana de una gestión depende de múltiples factores, pero la relación entre las políticas públicas y la vida cotidiana merece un lugar central en el debate.
7. El trabajo político permanente importa, pero debe producir resultados
La campaña electoral no comienza únicamente cuando se abre formalmente el período de propaganda.
Los partidos construyen relaciones con sus bases, presentan propuestas, participan en actividades comunitarias y organizan sus estructuras durante períodos mucho más amplios.
La elección brasileña también mostró la importancia de la movilización política y de la comunicación directa con los ciudadanos. La Agencia Brasil informó que la campaña de Lula utilizó formatos informales en redes sociales y mecanismos de movilización digital, además de las actividades presenciales.
En República Dominicana, el contacto permanente con las comunidades puede ayudar a identificar problemas y fortalecer la confianza. Sin embargo, ese trabajo debe evaluarse por su contenido y sus resultados.
Visitar un barrio no equivale a resolver sus problemas. Prometer una obra no equivale a ejecutarla. Mantener una estructura partidaria activa tampoco garantiza que los ciudadanos compartan sus propuestas.
El trabajo político resulta más valioso cuando permite escuchar a la población, formular soluciones realistas, rendir cuentas y dar seguimiento a los compromisos.
La movilización sin propuestas puede convertirse en actividad partidaria sin impacto duradero. Las propuestas sin organización, por otra parte, pueden tener dificultades para llegar a los ciudadanos y convertirse en acciones concretas.
La política necesita ambas dimensiones: ideas y capacidad de ejecución.
8. El voto útil: ¿cuándo se convierte en un factor decisivo?
El concepto de voto útil aparece cuando determinados electores consideran que deben apoyar a una candidatura que tenga posibilidades reales de alcanzar un objetivo político, aunque su primera preferencia sea otra.
En un sistema de segunda vuelta, este comportamiento puede manifestarse con especial claridad durante la etapa final de la competencia, cuando los votantes deciden entre las dos candidaturas que avanzan.
En República Dominicana, la posibilidad de una segunda vuelta presidencial está contemplada constitucionalmente. Si ninguna candidatura obtiene más de la mitad de los votos válidos emitidos, se celebra una segunda elección entre las dos que hayan alcanzado las mayores votaciones, conforme al artículo 209 de la Constitución.
El voto útil puede aparecer antes de esa segunda vuelta, cuando los electores comienzan a concentrar sus preferencias en las opciones que consideran competitivas. Sin embargo, no es posible dar por sentado que ese comportamiento favorecerá a un partido específico en 2028.
La decisión dependerá de las candidaturas, las propuestas, las alianzas, la evaluación del Gobierno y las preferencias de los ciudadanos.
Tampoco puede suponerse que los votantes de distintas organizaciones se trasladarán automáticamente a una candidatura común. Los acuerdos entre dirigentes no siempre producen una transferencia completa del respaldo de sus bases.
Por eso, las estrategias electorales deben distinguir entre un pacto formal, el apoyo de las cúpulas partidarias y el comportamiento efectivo de los electores.
9. ¿Qué papel desempeñan las alianzas y las estructuras partidarias?
Una de las lecciones que puede extraerse del análisis electoral es la importancia de la organización política.
Las candidaturas necesitan equipos capaces de coordinar actividades, comunicar propuestas, movilizar a sus simpatizantes y cumplir las reglas electorales.
Pero una estructura numerosa no garantiza automáticamente la victoria. También importan la cohesión interna, la credibilidad de sus dirigentes, la calidad de sus propuestas y la capacidad de mantener una relación efectiva con la ciudadanía.
En República Dominicana, el PRM tendrá que gestionar sus diferencias internas y definir sus procedimientos de selección de candidaturas. La oposición, por su parte, deberá tomar sus propias decisiones sobre sus aspirantes, alianzas y estrategias.
Las posibles coaliciones pueden ampliar las bases de apoyo, pero también generan negociaciones sobre posiciones, programas y prioridades.
Una alianza sostenible requiere algo más que sumar nombres conocidos. Necesita acuerdos comprensibles, objetivos comunes y mecanismos para resolver las diferencias.
De cara a 2028, conviene analizar cómo se forman esas alianzas, qué compromisos públicos asumen sus integrantes y qué propuestas ofrecen al electorado.
La existencia de una estructura política fuerte es un factor relevante, pero su importancia electoral debe evaluarse junto con otros elementos, sin convertirla en una garantía de triunfo.
10. La primera vuelta no debe darse por ganada antes de votar
El último planteamiento del texto original sostiene que una mayoría podría formarse desde el PRM y resolver la elección presidencial dominicana en primera vuelta.
Esa es una hipótesis política, no un resultado que pueda anticiparse como seguro.
La Constitución dominicana establece que una candidatura presidencial debe obtener más de la mitad de los votos válidos emitidos para ganar en primera vuelta. Si ninguna lo consigue, corresponde celebrar una segunda vuelta entre las dos candidaturas más votadas, según las condiciones constitucionales.
La historia electoral demuestra que el país ha celebrado elecciones presidenciales resueltas en primera vuelta y también ha tenido una segunda vuelta, como ocurrió en 1996. Por tanto, no es correcto afirmar que la República Dominicana carece de tradición de segunda vuelta.
La configuración política de 2028 dependerá de factores que todavía pueden cambiar: las candidaturas definitivas, las decisiones de los partidos, la evaluación de la gestión gubernamental, la participación electoral y la distribución de los votos.
Ninguna organización debería asumir que su victoria está garantizada. Tampoco debería descartarse la posibilidad de una segunda vuelta sin contar con evidencia suficiente.
La competencia democrática exige reconocer la incertidumbre y respetar el resultado que determinen los electores.
Conclusión: la lección brasileña es evaluar, comparar y decidir con información
La reelección de Lula ofrece una oportunidad para reflexionar sobre la política dominicana, pero no proporciona una fórmula que pueda trasladarse mecánicamente de Brasil a República Dominicana.
Los contextos económicos, las instituciones, los sistemas partidarios y las circunstancias de cada elección son diferentes.
Las principales lecciones son más generales: las encuestas no sustituyen las urnas; la edad no determina por sí sola la capacidad de gobernar; la experiencia debe evaluarse mediante resultados; la reducción de la pobreza requiere análisis de políticas y responsabilidades; la popularidad digital no equivale automáticamente a respaldo electoral; y las alianzas partidarias no garantizan que todos sus simpatizantes voten de la misma manera.
Rumbo a 2028, República Dominicana necesita un debate público centrado en propuestas, datos verificables, desempeño gubernamental y soluciones concretas.
Los ciudadanos deben poder comparar a los aspirantes con criterios claros, sin asumir que un candidato está destinado a ganar ni que otro está condenado a perder.
La decisión corresponde al electorado.
La tarea del periodismo y del análisis político es ofrecer información suficiente para que esa decisión pueda tomarse con conocimiento, criterio y libertad.
La lección más importante no es que República Dominicana deba buscar un Lula dominicano. Es que debe evaluar a quienes aspiran a gobernarla a partir de sus propuestas, sus capacidades demostrables y los resultados que puedan presentar.
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