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¿Y si el plan es “robarse” las primarias del PRM?

¿Y si el plan es “robarse” las primarias del PRM?

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Administrador HES 1ADMINISTRADOR HES 1/24 AGO DE 2026/1 MIN/visibility207 VISTAS
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Hay una hipótesis que debería preocupar al Partido Revolucionario Moderno mucho más que cualquier encuesta:

¿qué ocurriría si la verdadera estrategia de uno de los aspirantes no fuera convencer a la mayoría de los perremeístas, sino construir las condiciones para ganar la primaria?

La diferencia parece pequeña, pero no lo es.

Porque una primaria no se gana solamente con popularidad. Se gana con estructura, movilización, delegados, control territorial, capacidad de defensa del voto y credibilidad en el conteo.

Y ahí aparece el problema.

Uno de los aspirantes tiene, según la percepción que se ha instalado en el debate político, un respaldo económico considerable de familias poderosas y empresarios. Eso puede resolverle el problema más difícil de una campaña: el dinero.

Pero le crea otro problema mucho más delicado:

¿Quién gobernaría si llega a la Presidencia: el candidato o quienes financiaron su ascenso?

No estoy afirmando que exista un acuerdo de esa naturaleza. Sería irresponsable hacerlo sin pruebas.

Estoy señalando algo diferente: la percepción de dependencia económica puede convertirse en un problema político real.

Y mientras más dinero se utilice para construir la imagen de que un candidato es "inevitable", mayor será la necesidad de demostrar que esa inevitabilidad existe realmente en las bases del partido.

Porque una cosa es controlar buena parte de la conversación pública.

Y otra muy distinta es controlar una primaria.

Las redes y los medios no votan

Aquí puede estar el error estratégico.

Se puede contratar publicidad.

Se pueden financiar espacios de opinión.

Se pueden colocar comentaristas.

Se pueden producir encuestas.

Se puede repetir durante meses que determinado candidato "es el único que puede ganar".

Pero el día de la primaria ocurre algo mucho más sencillo:

votan los militantes.

Y si el proceso se realiza mediante un padrón cerrado, la capacidad de movilización territorial adquiere todavía mayor importancia.

Hay que buscar al militante.

Convencerlo.

Movilizarlo.

Llevarlo a votar.

Y defender ese voto.

Por eso una campaña puede dominar la opinión pública y, al mismo tiempo, tener una estructura interna mucho más débil que la de su adversario.

Ese es el punto que no deberían perder de vista quienes dirigen el PRM.

El verdadero peligro está después de las 4:00 de la tarde

Una primaria no termina cuando se cierra el centro de votación.

Ahí comienza la parte más delicada.

¿Quién cuenta?

¿Quién observa?

¿Quién levanta el acta?

¿Quién verifica los resultados?

¿Quién conserva las evidencias?

¿Quién puede impugnar?

¿Quién tiene delegados suficientes?

Porque si existe una diferencia estrecha entre dos candidatos, cualquier irregularidad puede convertirse en una crisis política.

Y entonces aparecerá la vieja discusión dominicana:

"¿Quién ganó realmente?"

Eso es precisamente lo que el PRM debe evitar.

El dinero no debería comprar una candidatura

Si existe preocupación de que el dinero pueda utilizarse para comprar movilización, votos o voluntades dentro de una primaria, la respuesta no puede ser otra campaña de propaganda.

Tiene que ser transparencia.

Cada candidato debe saber cuántos votos obtuvo en cada centro.

Cada delegado debe poder observar el conteo.

Las actas deben quedar debidamente documentadas.

Y el proceso debe permitir que las irregularidades sean identificadas y verificadas.

Incluso sería razonable discutir mecanismos tecnológicos de documentación —incluyendo fotografías o grabaciones donde sean legalmente permitidas— para dejar evidencia del cierre, conteo y levantamiento de actas, respetando naturalmente el secreto del voto y las reglas electorales.

Porque si el PRM quiere evitar repetir la historia del PRD, tiene que entender algo:

la legitimidad del ganador será tan importante como el ganador mismo.

El fantasma del PRD

Aquí aparece la comparación inevitable.

El PRD no perdió únicamente por las divisiones internas.

Perdió porque durante años permitió que sus conflictos internos fueran destruyendo la capacidad de la organización para actuar como un instrumento común.

El PRM no puede cometer el mismo error.

Después de ocho años de gobierno, el desgaste será inevitable.

Y si además existe una percepción de que el Gobierno se ha alejado de sectores políticos de su propia organización, el terreno puede quedar preparado para una confrontación interna.

La peor combinación sería:

desgaste gubernamental + exclusión interna + dinero concentrado en una candidatura + una primaria cuestionada.

Eso sí podría producir una crisis.

El PRM todavía puede evitarlo

La solución no es impedir que un candidato tenga dinero.

Tampoco impedir que empresarios apoyen políticamente a alguien.

La solución es garantizar que el dinero no sustituya la voluntad de los militantes.

Que el candidato con más recursos no tenga automáticamente ventaja para alterar el resultado.

Que el candidato con más medios de comunicación no pueda fabricar una victoria que las urnas internas no le dieron.

Y que nadie pueda comprar la legitimidad después de la votación.

Porque si el PRM termina convirtiéndose en una especie de PRD azul, después de ocho años de gobierno, podría descubrir que la verdadera oposición no estaba afuera.

Estaba dentro.

Y entonces la pregunta de 2028 no será quién tiene más dinero.

Será quién tiene más legitimidad.

Porque una primaria que todos aceptan puede producir un candidato.

Pero una primaria que muchos creen que fue manipulada puede producir algo mucho más peligroso:

la ruptura del partido que gobierna.

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