Hackeando el Sistema
Y si a demás de Dominicanos Primero llevar a Ricardo Nieves como su candidato a la presidencia lo acompaña con la Periodista Rosa Encarnación, eso es el fin del juego

Y si a demás de Dominicanos Primero llevar a Ricardo Nieves como su candidato a la presidencia lo acompaña con la Periodista Rosa Encarnación, eso es el fin del juego

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En la primera parte planteamos una hipótesis que, si algún día se convierte en realidad, obligaría a los partidos tradicionales a tirar varias páginas de su manual de campaña a la basura:

¿Qué pasaría si Santiago Matías y Dominicanos Primero llevan a Ricardo Nieves como candidato presidencial?

Ahora agreguemos una pieza.

Rosa Encarnación como candidata vicepresidencial.

Ahí la hipótesis deja de ser solamente interesante.

Se vuelve políticamente explosiva.

Pero antes de continuar hay que hacer una precisión periodística: al 22 de agosto de 2026 no existe confirmación pública de que Ricardo Nieves haya aceptado ser candidato presidencial de Dominicanos Primero ni de que Rosa Encarnación haya sido escogida como candidata vicepresidencial. Lo confirmado es que Santiago Matías formalizó ante la JCE la solicitud para registrar Dominicanos Primero y que la organización continúa trabajando para obtener su reconocimiento de cara a 2028. La propia plataforma del proyecto se presenta como un partido ciudadano rumbo a esas elecciones.

Por tanto, esto es lo que debe ser:

un escenario político hipotético.

Y precisamente por eso resulta fascinante.

Porque Alofoke no necesariamente tiene que ser el candidato

Aquí está la parte que muchos podrían no entender.

Santiago Matías construyó una máquina de comunicación.

No necesariamente necesita convertir esa máquina en una candidatura personal.

De hecho, podría ser mucho más inteligente políticamente hacer lo contrario.

Que él sea el vehículo y no el destino.

Si Dominicanos Primero consigue reconocimiento, estructura territorial y alianzas suficientes, Matías podría desempeñar un papel extraordinariamente poderoso:

ser el brazo mediático y de movilización del proyecto, pero con controles institucionales.

Eso cambiaría completamente la discusión.

Porque una cosa es:

“Alofoke quiere ser presidente”.

Y otra muy distinta:

“Alofoke creó un partido, puso a una figura presidencial con credenciales profesionales y construyó una plataforma de comunicación para llevarla al poder”.

La segunda hipótesis es mucho más difícil de combatir.

Ricardo Nieves: el candidato que cambia la conversación

Ricardo Nieves no necesitaría reinventarse para entrar en una campaña.

Ya tiene una trayectoria pública construida durante décadas en los medios y en la academia. Es médico, abogado, periodista y comunicador, y ha ejercido labores docentes y de análisis político.

Pero hay algo todavía más importante:

Nieves tiene una identidad política anterior a Dominicanos Primero.

Eso puede convertirse en una ventaja.

No sería un producto creado por el partido.

El partido tendría que intentar convencerlo.

Y esa diferencia importa.

Porque permitiría construir una narrativa como esta:

“No estamos buscando a un influencer para gobernar. Estamos utilizando la capacidad de comunicación de una nueva estructura para impulsar a una persona con trayectoria profesional y criterio propio”.

Eso es muchísimo más sofisticado.

Y entonces aparece Rosa Encarnación

Aquí está, para mí, la cereza del pastel de esta hipótesis.

Si Ricardo Nieves fuera el candidato presidencial y Santiago Matías la estructura de comunicación, Rosa Encarnación como candidata vicepresidencial completaría una fórmula que tendría una lógica política difícil de ignorar.

¿Por qué?

Porque Nieves y Encarnación no son dos nombres que aparecieron ayer.

Han trabajado juntos en medios y han compartido espacios de análisis periodístico. Incluso fueron parte del equipo de El Despertador, donde participaron en coberturas de alto impacto nacional.

Y los dos tienen otro elemento en común:

han demostrado que están dispuestos a abandonar espacios de poder cuando consideran que existe un conflicto con sus principios.

En 2025, ambos dejaron RCC Media tras la tragedia del Jet Set. Encarnación explicó públicamente su salida apelando a razones éticas, mientras Nieves también confirmó que no regresaría al grupo.

Eso, electoralmente, tiene un valor enorme.

No porque una renuncia convierta automáticamente a alguien en buen gobernante.

Eso sería absurdo.

Sino porque permite construir un relato político muy potente:

“Hay personas que han demostrado que pueden renunciar a un espacio de poder cuando consideran que sus principios están comprometidos”.

En una campaña presidencial, eso se convierte en capital político.

Y aquí aparece una fórmula muy difícil de caricaturizar

Pensemos la estructura.

Presidente: Ricardo Nieves

El abogado.

El médico.

El periodista.

El académico.

El analista.

La figura con décadas de exposición pública.

Vicepresidenta: Rosa Encarnación

La periodista.

La investigadora.

La reportera.

La comunicadora.

La mujer con experiencia en medios nacionales e internacionales.

Estructura mediática: Santiago Matías

El empresario digital.

El creador de una de las plataformas de comunicación de mayor alcance del país.

El hombre capaz de transformar una declaración política en millones de impresiones.

Organización: Dominicanos Primero

Una estructura política nueva que actualmente intenta completar su proceso de reconocimiento ante la JCE y que se presenta como una alternativa ciudadana rumbo a 2028.

Ahora agreguemos:

Cinco, seis o siete organizaciones aliadas.

Aquí debemos ser particularmente cuidadosos.

No he encontrado confirmación pública suficientemente sólida para afirmar que ya exista una alianza formal de cinco a siete partidos con Dominicanos Primero.

Pero como hipótesis electoral, es perfectamente razonable preguntarse qué ocurriría si la organización consigue reunir a varias fuerzas pequeñas, emergentes o sectores políticos descontentos con el Gobierno del PRM.

Y ahí comienza el verdadero problema para el sistema.

Porque ya no sería “Alofoke contra los partidos”

Sería algo mucho más grande.

Una coalición electoral alrededor de una figura presidencial con trayectoria propia.

Y Santiago Matías quedaría en una posición curiosa.

No tendría necesariamente que convencer a todos de que él es un estadista.

Tendría que convencerlos de algo mucho más sencillo:

“Yo puedo llevarlos hasta allí”.

Eso es mucho más parecido a una operación política moderna.

La ecuación sería comunicación + credibilidad + estructura

Y esa combinación es difícil de conseguir.

Los partidos tradicionales tienen estructura.

Pero muchas veces tienen problemas de credibilidad.

Los comunicadores tienen credibilidad.

Pero generalmente no tienen estructura electoral.

Los influencers tienen audiencia.

Pero no necesariamente tienen cuadros políticos.

Los partidos pequeños tienen candidatos.

Pero no necesariamente tienen capacidad de comunicación nacional.

Esta fórmula hipotética intentaría juntar las cuatro cosas.

Nieves aporta credibilidad institucional.

Rosa aporta credibilidad periodística.

Alofoke aporta distribución y audiencia.

Dominicanos Primero aporta la estructura política.

Y los aliados aportarían votos, territorio y organización.

Eso sí podría ser una amenaza electoral.

El PRM tendría un problema particularmente delicado

Porque el argumento más fácil contra un outsider es:

“No está preparado”.

Pero si el candidato fuera Nieves, habría que cambiar el ataque.

Tendrían que cuestionar sus ideas.

Su programa.

Su equipo.

Sus propuestas.

Sus posiciones económicas.

Su política exterior.

Su modelo de seguridad.

Su visión institucional.

Su capacidad administrativa.

Y eso es exactamente lo que debería ocurrir en una democracia.

Pero hay una diferencia:

eso obliga a debatir.

Y los partidos tradicionales son mucho más cómodos atacando personas que debatiendo modelos.

Y Rosa Encarnación complica todavía más el ataque

Porque una candidatura presidencial necesita también resolver una pregunta:

¿Quién acompaña al presidente?

Una vicepresidencia no debería ser un premio de consolación.

Debe tener funciones reales.

Y una figura como Rosa Encarnación permitiría construir una narrativa de complementariedad:

Nieves en el terreno jurídico, institucional y político.

Rosa en comunicación, investigación, transparencia y control público.

Y eso podría convertirse en una de las fórmulas más singulares de la política dominicana reciente.

Además, Rosa tiene una trayectoria que trasciende el comentario político: trabajó durante años en Grupo SIN, fue corresponsal de Telemundo y posteriormente ocupó la dirección de Prensa y Comunicaciones de RCC Media.

No sería una candidata escogida simplemente porque “queda bien en la foto”.

Tendría que existir una explicación política de por qué está allí.

Y esa explicación podría ser bastante convincente.

Pero aquí está el peligro

Porque una fórmula atractiva puede convertirse rápidamente en una fantasía política.

Y ahí es donde hay que aterrizar.

Nieves no ha dirigido un gobierno.

Rosa no ha dirigido un gobierno.

Alofoke no ha dirigido un gobierno.

Y tener una extraordinaria capacidad comunicacional no equivale a saber administrar el Estado.

Esa será precisamente la prueba.

Dominicanos Primero tendría que pasar de:

contenido → política

audiencia → militancia

viralidad → votos

influencia → institucionalidad

protesta → programa de gobierno

Ese es el salto verdaderamente difícil.

El gran desafío sería controlar a Alofoke

Y aquí está probablemente el detalle más importante de toda esta segunda parte.

Si Santiago Matías quiere que una fórmula como esta sea creíble, tendría que aceptar algo que no es fácil para ningún fundador:

no ser el centro de todo.

Si Nieves es candidato, tiene que ser candidato.

Si Rosa es vicepresidenta, tiene que ser vicepresidenta.

Si existe un partido, el partido debe tener órganos.

Si existen aliados, deben tener reglas.

Y si Alofoke es el brazo mediático, ese brazo también debe tener límites.

Porque si cada crítica contra Nieves termina convirtiéndose en una guerra desde las plataformas de Matías, el proyecto podría destruir precisamente la imagen institucional que intentaba construir.

La fuerza de la fórmula sería también su mayor riesgo.

La ironía sería extraordinaria

Santiago Matías podría terminar haciendo algo que los políticos profesionales llevan décadas intentando hacer:

convertir una audiencia en una organización política.

Pero para que eso funcione tendría que hacer algo todavía más difícil:

convertir una organización personalista en una institución.

Y ahí estaría la verdadera prueba de Dominicanos Primero.

No en cuántas personas siguen a Alofoke.

No en cuántas reproducciones tiene un programa.

No en cuántas firmas consiguen.

No en cuántos políticos molestos con el Gobierno anuncian su apoyo.

Sino en si pueden construir una organización capaz de sobrevivir incluso cuando Santiago Matías no esté hablando.

¿Y qué pasa con los cinco o siete partidos?

Si ese escenario llegara a concretarse, habría que mirar cuidadosamente qué partidos son, qué representan y qué están negociando.

Porque no toda alianza es crecimiento.

Algunas alianzas son lastre.

Un partido pequeño puede aportar votos.

Pero también puede aportar problemas.

Un dirigente puede traer estructura.

Pero también puede traer rechazo.

Una organización puede aportar financiamiento.

Pero puede exigir posiciones.

Y aquí volveríamos a la filosofía inicial de Dominicanos Primero:

“sin compromisos económicos”.

La propia organización afirma que pretende financiarse exclusivamente mediante aportes ciudadanos y romper con intereses económicos particulares.

Si después construye una alianza con cinco, seis o siete partidos, tendrá que explicar qué compromisos existen y cuáles no existen.

Porque la transparencia no puede ser solamente un eslogan.

El verdadero “efecto nuclear”

Y entonces llegamos al punto central.

El escenario más disruptivo para 2028 quizá no sea:

Santiago Matías presidente.

Quizá sea:

Ricardo Nieves presidente.

Rosa Encarnación vicepresidenta.

Santiago Matías como principal arquitecto comunicacional.

Dominicanos Primero como plataforma política.

Varios partidos aliados como estructura electoral.

Eso sería mucho más difícil de clasificar.

No sería exactamente la política tradicional.

Tampoco sería simplemente populismo digital.

No sería solamente entretenimiento convertido en política.

Sería un experimento nuevo:

una estructura política nacida de la economía de la atención, pero encabezada por dos figuras provenientes del periodismo y el pensamiento institucional.

Y ahí sí los partidos tradicionales tendrían que sentarse.

No para burlarse.

No para decir que es un disparate.

No para preguntar cuántos seguidores tiene Alofoke.

Sino para hacer la pregunta correcta:

¿Cuántos votos puede conseguir esta combinación?

Y hay una pregunta todavía más incómoda

Si Ricardo Nieves y Rosa Encarnación aceptaran una candidatura de esa naturaleza, ¿quién estaría realmente utilizando a quién?

¿Santiago Matías estaría utilizando el prestigio de ambos para darle legitimidad a su proyecto?

¿O Nieves y Rosa estarían utilizando la maquinaria de Matías para llevar una propuesta institucional a sectores que los medios tradicionales ya no alcanzan?

Porque ambas cosas pueden ser ciertas simultáneamente.

Y esa sería precisamente la parte más fascinante del experimento.

Alofoke tiene lo que ellos no tienen.

Ellos tienen lo que Alofoke no tiene.

La pregunta es si pueden poner esas diferencias a trabajar juntas sin destruirse mutuamente.

De “Alofoke presidente” a algo mucho más serio

Tal vez esa sea la evolución que todavía nadie está mirando.

El primer escenario parecía una provocación:

Alofoke presidente.

El segundo empieza a parecer una estrategia:

Alofoke construye el vehículo y otro ocupa el asiento presidencial.

Pero el tercer escenario es el verdaderamente interesante:

Ricardo Nieves + Rosa Encarnación + Santiago Matías + Dominicanos Primero + una coalición de partidos descontentos con el poder.

Eso ya no sería una ocurrencia de redes sociales.

Sería una operación electoral nacional.

Y todavía no sabemos si ocurrirá.

No sabemos si Nieves aceptaría.

No sabemos si Rosa aceptaría.

No sabemos qué partidos podrían aliarse.

No sabemos si Dominicanos Primero conseguirá el reconocimiento definitivo.

No sabemos siquiera cuál será finalmente la estructura electoral de 2028.

Pero sí sabemos algo:

Santiago Matías ya dejó de hablar solamente de entretenimiento y comenzó a construir una organización política formal. La JCE ya recibió su solicitud y aceptó el depósito de los símbolos partidarios, mientras continúa el proceso para el reconocimiento.

Por eso, la pregunta dejó de ser si Alofoke está jugando a la política.

Ya está jugando.

Ahora falta descubrir si entiende que el juego más inteligente quizás no consista en ponerse él mismo en la boleta.

Quizás consista en poner a alguien que los adversarios no sepan cómo destruir.

Y si ese alguien fuera Ricardo Nieves, acompañado por Rosa Encarnación, con Santiago Matías detrás de la maquinaria de comunicación y Dominicanos Primero como vehículo electoral, entonces sí podríamos estar frente a algo que el sistema político dominicano todavía no ha aprendido a combatir:

una candidatura que no nació de los partidos, pero que podría aprender a jugar con las reglas de los partidos sin convertirse en uno de ellos.

Y eso, en 2028, podría ser mucho más peligroso para el establishment que cualquier candidatura de Alofoke.

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