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¿A quién le hablan Guido y Deligne? Dos mensajes y un tercer destinatario que nadie menciona

¿A quién le hablan Guido y Deligne? Dos mensajes y un tercer destinatario que nadie menciona

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Administrador HES 1ADMINISTRADOR HES 1/02 SEPT DE 2026/1 MIN/visibility36 VISTAS
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Hay textos políticos que dicen exactamente lo que quieren decir. Y hay otros que, sin mencionar un nombre, parecen construirse alrededor de una persona que el lector atento puede identificar.

Los dos artículos publicados recientemente por Guido Gómez Mazara y Deligne Ascención Burgos pertenecen a esa segunda categoría. Los textos que sirven de punto de partida para este análisis fueron publicados en el periódico Hoy. El primero corresponde a Guido Gómez Mazara, autor de la reflexión titulada “La fábula de ‘El escorpión y la rana’”, mientras que el segundo es el artículo de Deligne Ascención Burgos, titulado “Un partido se conoce caminándolo”, publicado el 30 de agosto de 2026. Este análisis no atribuye a ninguno de los autores una intención específica respecto de una persona determinada; simplemente contrasta sus planteamientos, frases y referencias para explorar una posible lectura política de ambos textos. Crédito y reconocimiento al periódico Hoy y a sus autores por los contenidos originales utilizados como referencia.

Ninguno menciona a un precandidato presidencial del Partido Revolucionario Moderno (PRM). Ninguno dice explícitamente que esté hablando de una figura determinada. Pero cuando ambos textos se leen uno junto al otro, aparecen coincidencias suficientes para formular una pregunta políticamente inevitable:

¿Están Guido y Deligne hablándole a un tercero que podría ser el mismo?

Y si la respuesta fuera afirmativa, la siguiente pregunta sería todavía más interesante:

¿Podría tratarse de David Collado?

No como una afirmación de que ese sea el destinatario —porque ninguno de los dos lo identifica—, sino como una hipótesis política que surge de la naturaleza de las alusiones.

Guido habla del escorpión, pero describe un perfil político

Guido construye su artículo alrededor de la conocida fábula del escorpión y la rana.

Pero rápidamente abandona la fábula y pasa a describir un tipo humano que, según su relato, actúa desde la mezquindad, la insuficiencia y el resentimiento.

Habla de quienes intentan adquirir lo que creen merecer y, al mismo tiempo, buscan impedir que otros alcancen “las cuotas merecidas”.

La frase no es menor.

Guido no está hablando simplemente de una persona antipática. Está describiendo a alguien que aspira a una posición y que, según esa caracterización, intenta impedir que otros lleguen a ella.

Después enumera las supuestas carencias de ese personaje: no hizo la tarea, no invirtió tiempo en lecturas básicas, no se interesó por lenguas extranjeras, no tiene la comunicación como fortaleza y, especialmente, “desdeñaron conocer los barrios, callejones, patios, municipios, provincias”.

Ahí aparece una palabra que adquiere especial importancia cuando se lee el artículo de Deligne:

territorio.

Guido cuestiona al personaje por no conocerlo suficientemente.

Deligne, días después, convierte precisamente ese conocimiento territorial en el centro de su mensaje.

Deligne no responde a Guido: establece otro criterio

El texto de Deligne se titula:

“Un partido se conoce caminándolo”.

Y desde el primer párrafo comienza a reivindicar el contacto directo con las comunidades, municipios y provincias.

Habla de dirigentes que conocen el territorio porque viven en él, trabajan en él y han acompañado durante años las aspiraciones de su gente.

Luego introduce una idea todavía más política:

“Las bases no son una expresión abstracta.”

Tienen nombres, familias, historias y años de trabajo acumulado.

Y continúa reivindicando a quienes han trabajado por el partido sin necesariamente haber ocupado posiciones públicas.

El mensaje es bastante claro:

la legitimidad política no se obtiene únicamente desde una posición institucional; también se construye caminando el territorio, conociendo las bases y acumulando trabajo político.

Deligne incluso advierte que recorrer el país no debería ser una actividad reservada para los períodos electorales.

Es decir, está hablando de algo más que de organización partidaria.

Está hablando de cómo se construye un liderazgo antes de que llegue el momento de competir por una candidatura.

Y aquí aparece el tercero

Si ambos textos estuvieran dirigidos uno al otro, bastaría con encontrar la respuesta de uno en el otro.

Pero quizá no sea eso lo que está ocurriendo.

Una interpretación más interesante es que ambos estén hablando de un tercero.

Guido describe negativamente determinadas características que atribuye al “escorpión”: ambición, obstrucción, insuficiencia, resentimiento y falta de determinadas credenciales.

Deligne, sin confrontar directamente, establece las credenciales que considera relevantes dentro de un partido: trabajo territorial, conocimiento de las bases, escucha, organización y presencia permanente.

Uno describe lo que no debería representar un liderazgo.

El otro describe lo que sí debería representar.

Y ambos parecen estar colocando sobre la mesa una misma pregunta:

¿Quién tiene realmente los méritos para reclamar un espacio de liderazgo dentro del PRM?

¿Por qué David Collado aparece como una posibilidad?

Aquí conviene ser rigurosos.

Ninguno de los dos textos menciona a David Collado.

Por tanto, afirmar que Guido o Deligne están hablando de él sería convertir una inferencia en un hecho.

Pero tampoco sería razonable ignorar que, dentro de la conversación política del PRM rumbo a 2028, Collado es precisamente uno de los nombres que naturalmente aparece cuando se habla de una eventual candidatura presidencial.

Por eso, al leer estos dos artículos desde la perspectiva de la sucesión política, su nombre puede aparecer como una hipótesis de lectura.

Y la razón no está solamente en la candidatura.

Está en el tipo de liderazgo que ambos textos parecen estar discutiendo.

Collado posee un perfil político particularmente asociado a la gestión, la exposición pública y una imagen nacional construida durante años.

Pero el mensaje de Deligne introduce otra variable:

la relación orgánica con el partido y con sus bases.

No basta con ser conocido.

No basta con tener buena comunicación.

No basta con tener una imagen favorable.

No basta siquiera con tener posibilidades electorales.

El argumento de Deligne es que un partido se conoce caminándolo.

Y esa afirmación adquiere otra dimensión cuando se coloca dentro de una eventual competencia interna por la candidatura presidencial.

El detalle que conecta ambos artículos

Quizás la coincidencia más llamativa esté precisamente en el territorio.

Guido escribe:

“desdeñaron conocer los barrios, callejones, patios, municipios, provincias”.

Deligne escribe sobre recorrer:

“comunidades, municipios y provincias”.

Guido presenta el desconocimiento del territorio como una debilidad.

Deligne presenta el conocimiento del territorio como una fuente de legitimidad.

No es necesario que uno haya escrito pensando literalmente en el otro para que exista una lectura política conjunta.

Porque ambos están utilizando el territorio como una unidad de medida.

Y eso puede tener consecuencias importantes dentro del PRM.

El mensaje podría ser: no basta con querer ser candidato

La lectura más profunda de ambos textos podría resumirse de esta manera:

para aspirar a dirigir un partido no basta con ser una figura conocida; hay que demostrar que se conoce y se ha trabajado el partido.

Ese es precisamente el punto donde la eventual candidatura de cualquier figura externa o con fuerte perfil electoral puede encontrarse con una realidad diferente.

El PRM no es solamente una marca electoral.

Es una estructura política con dirigentes, organismos, militantes y bases que han construido carreras dentro de la organización.

Y quienes han trabajado durante años en esa estructura tienen una pregunta legítima:

¿Qué pesa más a la hora de escoger al candidato presidencial: el posicionamiento ante el electorado o el trabajo acumulado dentro del partido?

Deligne parece inclinar la balanza hacia el segundo elemento.

Guido, desde un lenguaje mucho más personal y agresivo, parece advertir sobre aquellos que pretenden alcanzar posiciones sin haber hecho la tarea que, a su juicio, corresponde.

¿Casualidad o señal?

La política también se comunica mediante silencios.

No mencionar un nombre puede ser deliberado.

Permite que el mensaje circule entre quienes conocen los códigos internos sin convertirlo en una confrontación abierta.

Eso es especialmente útil cuando todavía no ha comenzado formalmente una batalla electoral.

Por eso, más que preguntarnos únicamente “¿a quién están atacando?”, quizás habría que formular una pregunta diferente:

¿A quién están obligando a demostrar sus credenciales?

Si el destinatario fuera efectivamente un precandidato presidencial del PRM, el mensaje conjunto sería bastante sofisticado.

Guido estaría colocando bajo sospecha las motivaciones y capacidades del personaje.

Deligne estaría colocando bajo evaluación su legitimidad territorial.

Y el resultado sería una especie de advertencia política sin necesidad de pronunciar el nombre:

para reclamar la candidatura hay que demostrar que se hizo la tarea, que se conoce el territorio y que existe una relación real con las bases.

El nombre que el lector puede completar

Aquí es donde aparece David Collado.

No porque Guido lo mencione.

No porque Deligne lo mencione.

Y mucho menos porque exista, en estos textos, una prueba concluyente de que ambos estén hablando de él.

Su nombre aparece porque es una de las figuras que inevitablemente entra en la conversación cuando se habla de una eventual candidatura presidencial del PRM para 2028.

Y porque el contraste entre un liderazgo basado en reconocimiento público y capacidad electoral, frente a otro basado en organización partidaria y trabajo territorial, constituye precisamente uno de los debates que podrían definir la próxima competencia interna.

La verdadera incógnita, por tanto, no es solamente quién será el candidato.

Es qué tipo de candidato terminará imponiéndose.

¿El que tenga mayor reconocimiento?

¿El que tenga mejor posicionamiento electoral?

¿El que controle o movilice mejor la estructura?

¿El que tenga mayor conexión con las bases?

¿O una combinación de todos esos factores?

Los artículos de Guido y Deligne parecen plantear esa discusión desde ángulos diferentes.

Uno habla del escorpión.

El otro habla de caminar el partido.

Ninguno dice el nombre.

Pero en política, algunas veces, lo más interesante de un mensaje no es el nombre que aparece, sino el nombre que el lector termina colocando mentalmente donde los autores decidieron dejar un espacio en blanco.

Y si ese nombre fuera David Collado, entonces estos dos artículos podrían estar haciendo algo más que reflexionar sobre la naturaleza humana o sobre las bases del PRM.

Podrían estar enviando, desde dos posiciones diferentes, una misma advertencia a un aspirante presidencial: antes de reclamar el futuro, demuestre el trabajo que lo justifica.

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