
PRM 2028: si Collado gana la candidatura, el verdadero desafío será evitar que la historia del PRD vuelva a repetirse
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Hay una lección de la historia reciente del PRD que conviene recordar antes de dar por definida la carrera presidencial del PRM: una cosa es liderar la conversación pública y otra muy distinta es tener los votos suficientes para ganar una convención interna.
Existe otra pregunta, mucho más incómoda:
¿Qué ocurriría si Collado gana la candidatura y quienes terminan tomando otro camino son Carolina Mejía e Hipólito Mejía?
se escenario tampoco es inevitable. Pero, políticamente, merece ser analizado.
El PRM nació de una ruptura del viejo PRD y arrastra una cultura política marcada por fuertes enfrentamientos internos. La historia del perredeísmo está llena de ejemplos de dirigentes que, después de perder una disputa interna, terminaron enfrentados o separados de la organización.
Antonio Guzmán y José Francisco Peña Gómez. Salvador Jorge Blanco y Peña Gómez. Hipólito Mejía y Miguel Vargas. Son episodios diferentes, con circunstancias diferentes, pero dejan una enseñanza: en este espacio político, perder una candidatura no siempre significa automáticamente aceptar el resultado y trabajar disciplinadamente por quien ganó.
Por eso, en el PRM de 2028, la pregunta no será solamente quién gana.
Será qué hace el que pierde.
Collado tiene hoy la ventaja de la percepción
David Collado llega a esta etapa con una ventaja que sería absurdo negar.
Las encuestas lo colocan como el aspirante más conocido y, en varias mediciones, como el favorito dentro del PRM.
ACD Media publicó en agosto una medición en la que Collado alcanzó 59.9 % entre los miembros del PRM, frente a 20 % de Carolina Mejía y 2.8 % de Wellington Arnaud.
Pero existe otra medición reciente que ofrece una fotografía considerablemente distinta: RD Opinan colocó a Collado en 36 % y a Carolina en 34 %, prácticamente empatados. Wellington apareció con 2.5 %.
La conclusión no debería ser que una encuesta miente y otra dice la verdad.
La conclusión es mucho más sencilla:
la carrera todavía está abierta y la metodología, la muestra y el universo consultado importan muchísimo.
Y sobre todo, ninguna encuesta puede sustituir una primaria.
David ha construido percepción; ahora necesita construir una mayoría interna
Aquí está el punto que muchas veces se pierde en la discusión.
Collado ha conseguido algo políticamente extraordinario: convertirse en el aspirante más conocido del PRM y en una figura con fuerte reconocimiento fuera del partido.
Pero conocimiento no equivale automáticamente a organización.
Si la elección se realiza mediante un padrón cerrado, el candidato tendrá que convertir simpatizantes en afiliados y afiliados en votantes.
Y ahí Carolina Mejía tiene una ventaja importante.
También Wellington Arnaud.
Nuestra lectura en HackeandoElSistema.net es que, si la primaria se celebrara hoy, no existe suficiente evidencia para afirmar que Collado posee una estructura interna que le garantice la victoria.
Eso no significa que no pueda ganarla.
Significa que tendrá que conquistarla.
Y ahí comienza otra etapa de su proyecto.
¿Se puede construir una estructura alrededor de Collado? Sí
De hecho, sería ingenuo pensar que David permanecerá esperando que las estructuras existentes se alineen espontáneamente detrás de él.
Su proyecto puede:
- convencer dirigentes;
- incorporar alcaldes y legisladores;
- sumar sectores empresariales;
- atraer dirigentes territoriales;
- fortalecer su presencia dentro del partido;
- establecer acuerdos con otras corrientes.
Y, políticamente hablando, eso es completamente normal.
Cuando decimos que Collado podría “conquistar” la estructura no estamos hablando necesariamente de prácticas ilegales ni de compra de votos. Estamos hablando de política: negociación, alianzas, incentivos, acuerdos y construcción de poder.
La cuestión es cuánto de esa estructura será realmente suya cuando llegue el momento de votar.
Carolina tiene algo que las encuestas no siempre consiguen medir
Carolina Mejía posee una ventaja diferente.
Tiene estructura política, presencia institucional y, sobre todo, una conexión con una corriente histórica dentro del PRM que no depende exclusivamente de su nivel de conocimiento nacional.
Además, Hipólito Mejía continúa siendo un factor político importante dentro de ese espacio.
Y aquí aparece una de las variables más difíciles de medir mediante una encuesta:
la capacidad de construir organización electoral.
Una persona puede decirle a un encuestador que prefiere a David Collado y, seis meses después, votar por Carolina.
No necesariamente porque haya mentido.
Puede cambiar de opinión.
Puede cambiar la coyuntura.
Puede cambiar la estructura.
Puede aparecer una alianza.
Puede cambiar el método de elección.
Y puede ocurrir algo todavía más importante:
puede aumentar o disminuir la participación.
El eslabón perdido: Wellington Arnaud
Si hay una figura que hace imposible declarar cerrado el tablero, es Wellington Arnaud.
Las encuestas actuales no reflejan proporcionalmente la estructura que sus seguidores aseguran tener.
La medición de ACD Media de agosto le otorgó 2.8 % entre los perremeístas, mientras RD Opinan lo colocó en 2.5 %.
Eso es poco en términos de opinión pública.
Pero una primaria cerrada no se gana necesariamente con popularidad nacional.
Se gana movilizando afiliados.
Y ahí Arnaud puede tener una importancia mucho mayor que la que sugieren esos porcentajes.
Por eso lo hemos definido como el candidato del balance.
No necesariamente porque hoy sea favorito.
Sino porque puede convertirse en el punto de encuentro entre fuerzas que no quieran quedar subordinadas a David ni a Carolina.
¿Qué pasa si Carolina y Wellington se ponen de acuerdo?
Aquí aparece el escenario que podría cambiar completamente el tablero.
Una alianza Carolina-Wellington tendría una lógica política muy clara:
Carolina aporta una estructura histórica y territorial; Wellington aporta una estructura propia construida dentro del PRM y una capacidad de negociación que ya ha demostrado en distintos procesos internos.
Pero esa alianza tiene un problema enorme:
¿Quién sería el candidato?
Ambos tienen aspiraciones.
Ambos consideran que pueden ganar.
Y ninguno tiene razones evidentes para aceptar convertirse simplemente en acompañante del otro.
Por eso, aunque una alianza entre ambos sería políticamente poderosa, no es inevitable.
Y si Collado gana, ¿se van los Mejía?
Aquí debemos separar análisis de especulación.
No existe hoy evidencia suficiente para afirmar que Carolina o Hipólito estén preparando una salida del PRM si Collado gana.
También sería un error afirmar que necesariamente se integrarían a su campaña.
La respuesta dependerá de cómo se produzca la victoria.
No es lo mismo perder una primaria limpia, competitiva y transparente que aceptar una candidatura que una parte de la militancia perciba como impuesta.
Ese detalle puede determinar el comportamiento posterior.
Si el lema es:
el que ganó, ganó; el que perdió se integra,
el PRM tendría una oportunidad real de preservar su unidad.
Pero si una corriente interpreta que el resultado fue producto de una imposición, una exclusión o una negociación cerrada de cúpulas, el problema será mucho mayor.
¿Y qué dicen los movimientos de Abinader?
Los recientes cambios en el Gobierno han alimentado interpretaciones políticas sobre hacia dónde se mueve el poder.
El presidente Luis Abinader realizó en agosto una amplia reorganización del Gobierno, con cambios en Cancillería, Vivienda, INTRANT, APORDOM, INAIPI, organismos de seguridad y otras instituciones.
Desde algunos sectores se interpreta que determinadas designaciones favorecen indirectamente al proyecto de Collado.
Pero aquí conviene mantener la cabeza fría:
una designación administrativa no demuestra por sí sola que exista una estrategia presidencial para imponer un candidato.
Puede generar una lectura política.
Puede favorecer a determinados grupos.
Pero demostrar una operación coordinada requiere evidencia adicional.
Y esa distinción es importante.
El verdadero peligro para el PRM no es que gane Collado o Carolina
El verdadero peligro es que el que pierda decida que perdió el partido, y no solamente la candidatura.
Porque entonces se repetiría la vieja enfermedad del perredeísmo: la incapacidad de convertir una competencia interna en una transición ordenada.
El PRM todavía tiene tiempo para evitarlo.
Una primaria cerrada, competitiva, transparente y con reglas aceptadas por todos podría producir exactamente el efecto contrario:
el que gane obtiene legitimidad y los demás conservan espacio dentro del proyecto colectivo.
Y aquí puede aparecer Wellington
Paradójicamente, el candidato que hoy aparece más pequeño en las encuestas podría terminar siendo uno de los más importantes en la negociación final.
Si Collado y Carolina llegan a una competencia muy cerrada, Wellington podría convertirse en el tercer polo.
Si Carolina y Wellington consiguen un acuerdo, podrían alterar completamente la carrera.
Y si los tres llegan hasta el final, Arnaud podría convertirse en el factor que determine quién pasa primero y quién queda segundo.
Por eso reducir la carrera a “David ya ganó” es prematuro.
Y reducirla a “David no tiene estructura” también sería un error.
El PRM todavía no está decidiendo solamente un candidato
Está decidiendo cómo quiere administrar la sucesión de Abinader.
Si Collado logra construir una mayoría interna, tendrá que demostrar que puede mantener unidos a los sectores que hoy compiten contra él.
Si Carolina gana, tendrá que hacer exactamente lo mismo con el sector de David.
Y si Wellington logra convertirse en el candidato del balance, podría terminar demostrando que las encuestas pueden medir popularidad, pero no necesariamente poder político organizado.
La pregunta más importante de 2028 no es quién aparece primero hoy.
Es otra:
¿Quién tendrá suficientes votos el día que se cierre la puerta del centro de votación?
Porque hasta entonces, nadie en el PRM puede decir que tiene la candidatura en el bolsillo.
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