
Abinader dijo la verdad en buena parte de su discurso, pero hay datos que no cuadran: ¿mintió el presidente o le informaron mal?
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Por Melvin Sena
Hay una manera fácil de hacer oposición: decir que todo lo que afirma un Gobierno es mentira.
Y hay una manera mucho más incómoda de hacer periodismo: revisar los datos, reconocer los aciertos y señalar exactamente dónde comienzan las exageraciones, las imprecisiones o las afirmaciones que sencillamente no resisten una verificación.
Eso es lo que debería hacerse con el discurso de rendición de cuentas del presidente Luis Abinader.
Después de revisar las cifras presentadas por el mandatario y contrastar varios de sus principales planteamientos con estadísticas oficiales y documentos públicos, mi conclusión no es que Abinader haya mentido en todo.
Todo lo contrario.
Una parte importante de los números que presentó es cierta.
La economía creció 2.1% en 2025. Las exportaciones alcanzaron niveles récord. La inversión extranjera directa superó los US$5,000 millones. El país recibió más de 11.7 millones de visitantes. Se crearon más de 133,000 empleos. La pobreza monetaria bajó a 17.3%. Y en 2025 no se registraron muertes por dengue. Esos datos tienen respaldo oficial.
Por eso precisamente llaman más la atención los datos que no cuadran.
Porque cuando un presidente presenta decenas de cifras correctas y, dentro del mismo discurso, aparecen afirmaciones incorrectas, imprecisas o presentadas sin el contexto necesario, la pregunta inevitable es:
¿Quién está fallando?
¿El presidente está exagerando deliberadamente?
¿O sus funcionarios le están entregando información incompleta?
Porque una de las dos cosas tiene que estar ocurriendo cuando desde el Palacio Nacional se pronuncian afirmaciones que pueden ser desmontadas con documentos oficiales.
El caso más claro: “estamos a un paso del grado de inversión”
Este es, probablemente, el punto más delicado de todo el discurso.
Abinader afirmó que Moody's mejoró la calificación de República Dominicana y que el país estaba “a un paso de alcanzar el grado de inversión”.
El problema es que Ba2 no está a un escalón del grado de inversión en la escala de Moody's.
El grado de inversión comienza en Baa3.
Entre Ba2 y Baa3 todavía existe Ba1.
Es decir:
Ba2 → Ba1 → Baa3
Son dos escalones.
Y esto no es una interpretación política. Es la propia escala de la calificadora.
Por eso aquí no estamos frente a una simple exageración retórica.
La frase “a un paso” es incorrecta.
Ahora bien, ¿mintió deliberadamente Abinader?
No tenemos evidencia para afirmar eso.
Pero sí podemos afirmar algo mucho más responsable:
El presidente dio una información incorrecta sobre la distancia de República Dominicana respecto al grado de inversión.
Y si el dato llegó así preparado al discurso presidencial, entonces alguien dentro del equipo económico tiene que explicar cómo ocurrió.
Los US$600 millones del puerto espacial: el dinero que todavía no existe como inversión ejecutada
Este es otro caso particularmente llamativo.
Abinader anunció con entusiasmo que República Dominicana había firmado un acuerdo con LOD Holdings para desarrollar un puerto espacial comercial en Oviedo, Pedernales, “con más de 600 millones de dólares de inversión”.
El proyecto existe.
El acuerdo existe.
La empresa existe.
Y la cifra de US$600 millones tampoco fue inventada.
Pero hay una diferencia enorme entre decir:
“el proyecto tendrá una inversión estimada superior a US$600 millones”
y decir:
“tenemos una inversión de US$600 millones”.
El propio Ministerio de la Presidencia, posteriormente, describió el monto como una “inversión estimada” y explicó que el modelo financiero dependerá de inversión privada, alianzas estratégicas y mecanismos internacionales de financiamiento.
Entonces, ¿qué tenemos?
No tenemos US$600 millones depositados.
No tenemos US$600 millones ejecutados.
Tenemos un proyecto cuyo costo de inversión se estima en más de US$600 millones y cuyo financiamiento todavía debe estructurarse.
Eso cambia completamente la dimensión de la noticia.
Y aquí vuelve la pregunta:
¿Fue una exageración deliberada para hacer más espectacular el anuncio o al presidente le presentaron como “inversión” lo que técnicamente era una estimación de inversión?
La pobreza: el dato es real, pero hay que mirar cómo se cuenta
Aquí Abinader tiene uno de sus argumentos más sólidos.
La pobreza monetaria terminó 2025 en 17.3%, según las estadísticas oficiales.
Eso es cierto.
También es cierto que se ha producido una reducción importante de la pobreza.
El problema aparece cuando el Gobierno afirma que casi 1.5 millones de personas han salido de la pobreza desde el momento más duro de la pandemia.
La cifra depende del punto de comparación que se utilice.
Y aquí es donde el periodismo debe tener cuidado.
No es lo mismo comparar 2025 con el peor momento trimestral de la pandemia que compararlo con el año 2020, 2021 o 2019.
El boletín oficial de pobreza confirma el 17.3% para 2025, pero el análisis debe explicar desde qué punto de partida se calcula ese millón y medio de personas.
Por eso no recomendaría titular:
“Abinader mintió sobre la pobreza”.
Sería demasiado fácil de desmontar.
El titular correcto sería:
“La pobreza sí bajó, pero el Gobierno utiliza una comparación que amplifica el número de personas sacadas de la pobreza.”
Eso es mucho más preciso.
Monte Grande: aquí el problema no es lo que Abinader dijo en 2026, sino lo que prometió en 2021
Este punto también merece corregirse respecto al artículo anterior.
No sería correcto decir que Monte Grande nunca fue terminada.
Abinader anunció en febrero de 2021 que la presa estaría lista el 16 de agosto de 2022.
No ocurrió.
El embalse fue finalmente inaugurado el 25 de enero de 2024, y esa inauguración correspondió a la primera fase de la obra.
Por tanto, la crítica correcta no es:
“Abinader nunca terminó Monte Grande”.
La crítica correcta es:
“Abinader prometió terminar Monte Grande en agosto de 2022, pero la primera fase fue inaugurada en enero de 2024.”
Y eso está documentado por la propia Presidencia.
Esta diferencia es fundamental.
Porque si vamos a cuestionar al Gobierno, no podemos cometer el mismo error que estamos denunciando: utilizar una frase espectacular en lugar de una frase exacta.
La deuda: verdadero, pero no significa que el Gobierno deba menos dinero
Abinader también habló de una reducción de la deuda consolidada desde 69.1% del PIB en diciembre de 2020 hasta 58.5% al cierre de 2025.
El dato como proporción del PIB es real.
Pero hay una aclaración que el ciudadano debe conocer.
Deuda/PIB no es deuda absoluta.
Que la deuda pase de 69.1% a 58.5% significa que la deuda representa una proporción menor del tamaño de la economía.
No significa necesariamente que República Dominicana tenga menos dólares o pesos de deuda que en 2020.
Son dos cosas diferentes.
Por eso tampoco sería correcto acusar al presidente de mentir aquí.
El dato es verdadero; lo que falta es contexto.
El récord turístico sí es real
Aquí también hay que reconocer al Gobierno.
República Dominicana recibió más de 11.7 millones de visitantes en 2025, con un crecimiento interanual de 4.3%.
Los cruceros también alcanzaron casi tres millones de pasajeros.
Por tanto, sería intelectualmente deshonesto decir que Abinader inventó el récord turístico.
No lo inventó.
Existe.
Otra cosa es utilizar ese récord como evidencia automática de que todos los dominicanos están económicamente mejor.
Eso no se desprende de la estadística.
El empleo también es un dato que hay que reconocer
El Gobierno informó que en 2025 se crearon 133,915 nuevos puestos de trabajo, alcanzando 5,139,951 ocupados y una tasa de desempleo abierto de 5%.
Nuevamente:
el dato es real.
No tiene sentido periodístico negarlo.
La discusión interesante es otra:
¿Cuánto de ese empleo es formal?
¿Cuánto paga?
¿Cuánto aumentó el salario real?
¿Cuánto cuesta la vida?
¿Y qué capacidad de compra tiene hoy ese trabajador?
Porque una economía puede generar empleo y, al mismo tiempo, mantener enormes desafíos de productividad, informalidad y poder adquisitivo.
El salario mínimo: técnicamente correcto, políticamente susceptible de confusión
Abinader destacó que el salario mínimo de las grandes empresas alcanzó una cobertura de 106.8% de la canasta básica del primer quintil.
El número puede ser correcto.
Pero aquí hay una precisión fundamental:
la canasta del primer quintil no representa la canasta de consumo de una familia dominicana promedio.
Por eso decir simplemente:
“el salario mínimo ya supera la canasta básica”
puede inducir a una conclusión que el dato original no permite.
La formulación técnicamente correcta sería:
“El salario mínimo de las grandes empresas supera el costo de la canasta básica correspondiente al primer quintil.”
Eso es muy diferente.
Google: acuerdo real, inversión anunciada, no dinero gastado
El Gobierno también presentó el acuerdo con Google como una inversión superior a US$500 millones para desarrollar infraestructura digital, cables submarinos y un puerto internacional de intercambio digital.
El proyecto existe.
Pero nuevamente debemos distinguir:
inversión anunciada ≠ inversión ejecutada.
Esto parece convertirse en un patrón del discurso.
Se anuncian grandes proyectos con grandes cifras y el Gobierno los incorpora inmediatamente a la narrativa de transformación económica.
Pero para medir realmente el impacto habrá que preguntar:
¿Cuánto dinero se ha desembolsado?
¿Cuántos empleos se han creado?
¿Qué infraestructura está físicamente construida?
¿Cuál es el calendario de ejecución?
Ahí comienza la verdadera rendición de cuentas.
Entonces, ¿Abinader mintió?
Aquí está mi recomendación para HackeandoElSistema.net:
No utilizaría como tesis central que “Abinader mintió”.
No porque haya que protegerlo.
Sino porque los datos no sostienen una acusación general de ese tipo.
El discurso contiene demasiados datos verificablemente verdaderos.
La tesis mucho más poderosa es esta:
Abinader dijo muchas verdades, pero también presentó algunas verdades sin contexto, algunas proyecciones como grandes logros y al menos una afirmación objetivamente incorrecta.
Y eso abre una pregunta que el Gobierno debería responder:
¿Quién le preparó esos datos al presidente?
Porque si el presidente sabía que República Dominicana estaba a dos escalones del grado de inversión y dijo “a un paso”, entonces estamos frente a una exageración presidencial.
Pero si el presidente recibió un informe de sus funcionarios que le indicaba que estaba a un escalón, entonces tenemos otro problema:
un Gobierno que presume de modernización, datos, institucionalidad y toma de decisiones basada en evidencia no puede permitirse que el presidente llegue a la Asamblea Nacional con información económica incorrecta.
El verdadero problema del discurso
Lo más interesante no es descubrir que Abinader miente.
Lo más interesante es descubrir cómo funciona la maquinaria de comunicación del Gobierno.
Porque el patrón aparece repetidamente:
un dato real → un contexto favorable → un superlativo → una conclusión mucho mayor que el dato original.
Ejemplo:
11.7 millones de visitantes
↓
“récord histórico”
↓
“segundo mayor destino de América Latina”
↓
“hub turístico del Caribe”.
El primer dato es medible.
Los siguientes requieren metodología, comparación y contexto.
Otro:
US$600 millones de inversión estimada
↓
“inversión de US$600 millones”
↓
“economía espacial”.
El proyecto existe, pero el dinero todavía debe ser estructurado y financiado.
Y otro:
Ba2
↓
“Moody's mejoró la calificación”
↓
“estamos a un paso del grado de inversión”.
La primera parte es cierta.
La última, bajo la escala de Moody's, no lo es.
Y aquí está la conclusión
No sería serio afirmar que todo el discurso de Luis Abinader fue mentira.
No lo fue.
Tampoco sería serio ignorar los resultados positivos que efectivamente muestran las estadísticas oficiales.
Tampoco debemos hacerlo.
Pero precisamente porque hay tantos datos verdaderos, las imprecisiones adquieren mayor importancia.
Si el presidente dice que la pobreza bajó, los datos lo respaldan.
Si dice que el turismo alcanzó récords, los datos lo respaldan.
Si dice que aumentaron las exportaciones, los datos lo respaldan.
Si dice que aumentó la inversión extranjera, los datos lo respaldan.
Si dice que se crearon más de 133,000 empleos, los datos lo respaldan.
Pero cuando dice que estamos “a un paso” del grado de inversión, el dato no cuadra.
Cuando presenta los US$600 millones del puerto espacial sin dejar claro que se trata de una inversión estimada y cuyo financiamiento todavía debe estructurarse, la presentación es imprecisa.
Cuando habla de 1.5 millones de personas saliendo de la pobreza, la metodología de comparación necesita ser explicada.
Y cuando recordamos que prometió que Monte Grande estaría lista el 16 de agosto de 2022, pero la primera fase terminó inaugurándose en enero de 2024, queda demostrado que también existen promesas que el calendario presidencial terminó contradiciendo.
Por eso, la pregunta que debería quedar sobre la mesa no es simplemente:
“¿Abinader miente?”
La pregunta es mucho más seria:
¿Quién está diciendo la verdad: Abinader, sus funcionarios o los datos?
Porque si el presidente deliberadamente exageró, debe asumir la responsabilidad.
Y si no exageró deliberadamente, entonces alguien dentro de su Gobierno le está entregando información incorrecta o incompleta.
En ambos escenarios existe un problema.
Y eso, después de seis años de Gobierno, también forma parte de la rendición de cuentas.
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