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Paliza pasaría a apoyar a Collado: ¿cuánto pesa políticamente quien nunca defendió al ala política ni a las bases del PRM?

Paliza pasaría a apoyar a Collado: ¿cuánto pesa políticamente quien nunca defendió al ala política ni a las bases del PRM?

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Administrador HES 1ADMINISTRADOR HES 1/14 AGO DE 2026/1 MIN/5 VISTAS
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Si finalmente José Ignacio Paliza decide respaldar públicamente a David Collado, el movimiento tendrá titulares, fotografías y una lectura política inevitable: muchos entenderán que detrás de Paliza también estaría Luis Abinader.

Pero hay que separar el impacto mediático de la realidad electoral.

Porque, políticamente hablando, Paliza y nada no necesariamente son cosas muy diferentes cuando se trata de estructura interna del PRM.

Paliza acaba de dejar la presidencia del partido después de ocho años al frente de su dirección nacional. El 9 de agosto de 2026, Luis Abinader fue elegido para ocupar esa posición y la nueva dirección quedó conformada mediante una plancha de consenso. 

Y ahí comienza el problema para cualquier análisis que pretenda presentar a Paliza como una estructura decisiva.

Presidir el PRM no es lo mismo que controlar el PRM

Paliza tuvo durante años el cargo más importante de la organización.

Pero el cargo no necesariamente se convirtió en una corriente política propia.

Su gran debilidad es precisamente esa: no construyó una estructura interna comparable con la que hoy tienen Carolina Mejía, Wellington Arnaud o la alianza David-Yayo.

Una cosa es tener acceso a los presidentes municipales, provinciales y dirigentes porque se ocupa la presidencia del partido.

Otra muy diferente es que esos dirigentes estén dispuestos a seguirte cuando ya no ocupas ese puesto.

Ese es el verdadero examen.

Y todavía no hemos visto que la estructura política de Paliza se mueva detrás de él.

Los números tampoco lo favorecen

Hay un dato particularmente revelador.

En la encuesta Gallup-Diario Libre publicada en mayo de 2026, cuando se preguntó a los simpatizantes del PRM por sus preferencias presidenciales, David Collado obtuvo 61.8 %, Carolina Mejía 21.1 % y José Ignacio Paliza apenas 1.3 %

Eso no significa que Paliza no tenga influencia.

Significa que su capacidad de generar simpatía presidencial propia es reducida.

Y si no consiguió convertirse en una figura presidencial competitiva mientras controlaba formalmente el partido, resulta razonable preguntar cuánto puede transferir ahora que ya no ocupa esa posición.

Ahí está la diferencia entre autoridad institucional e influencia electoral.

Paliza puede darle una foto a Collado; otra cosa es darle una estructura

Este es el punto central.

Si Paliza aparece junto a Collado, lo respalda y comienza a defender su proyecto, la fotografía tendrá valor.

Mucho valor.

Especialmente porque Paliza ha sido una figura cercana al presidente Abinader y ocupó posiciones centrales durante sus gobiernos.

Por eso muchos interpretarán:

Paliza → Collado → Abinader.

Pero esa cadena es una lectura política, no un hecho demostrado.

Hasta ahora no existe evidencia pública que permita afirmar que Abinader haya ordenado o coordinado un eventual respaldo de Paliza a Collado.

Y precisamente por eso hay que observar qué ocurre después.

Porque si Paliza se mueve solo, estamos frente a un respaldo individual.

Si detrás de él comienza a movilizarse una estructura, entonces estamos frente a otra cosa.

El verdadero problema es que Paliza no tiene hoy la llave de la estructura

La llave está repartida.

La nueva dirección del PRM refleja precisamente ese equilibrio: Juan Garrigó Mejía en la Secretaría General, Gloria Reyes en Organización y Luis Delgado en Asuntos Electorales, junto con representantes de diferentes sectores internos. (RC Noticias)

Es decir, el PRM no quedó organizado alrededor de Paliza.

Paliza salió.

Y las diferentes corrientes conservaron espacios.

Eso es importante porque demuestra que el partido entró en otra etapa.

La etapa de Paliza terminó.

Ahora comienza la etapa de la sucesión presidencial.

Y aquí está la verdadera prueba para David

David Collado no necesita que Paliza le diga que es buen candidato.

Las encuestas ya le dan una ventaja considerable dentro del PRM. Gallup lo colocó en 61.8 % entre los simpatizantes perremeístas, muy por encima de Carolina Mejía. (Acento)

Lo que Collado necesita es convertir esa ventaja de opinión en una estructura capaz de ganar una primaria.

Y eso no se consigue con Paliza.

Se consigue con alcaldes.

Diputados.

Senadores.

Regidores.

Presidentes municipales.

Dirigentes provinciales.

Y, sobre todo, con militantes que efectivamente vayan a votar.

Ahí es donde aparecen Carolina y Wellington.

Paliza puede ser un golpe mediático; Carolina y Wellington son el problema real

Si Paliza se suma a Collado, el movimiento será noticia durante varios días.

Pero si Carolina Mejía y Wellington Arnaud consiguen ponerse de acuerdo, ese sí sería un movimiento capaz de alterar la correlación de fuerzas dentro del PRM.

Porque ambos poseen estructuras propias.

Y porque juntos podrían poner sobre la mesa una cantidad de dirigentes territoriales y legislativos que Paliza, individualmente, no puede igualar.

Por eso la frase de que habrá que “contarle los votos” a Carolina, Wellington e Hipólito tiene sentido político.

La encuesta puede decir una cosa.

La estructura puede decir otra.

Y la urna dirá finalmente quién tenía razón.

El verdadero riesgo para Paliza

Paradójicamente, si Paliza respalda a Collado, podría terminar demostrando precisamente lo contrario de lo que algunos pretenden demostrar.

Podría demostrar que su poder dependía más del cargo que de una corriente propia.

Porque la pregunta inevitable será:

¿Cuántos dirigentes se irán con Paliza?

No cuántos lo saludan.

No cuántos aparecen en una fotografía.

No cuántos le deben cortesía institucional.

¿Cuántos dirigentes territoriales estarán dispuestos a ponerse públicamente al servicio de su nuevo proyecto?

Esa es la medida real de un liderazgo político.

Y aparece nuevamente Abinader

Aquí está la parte delicada.

Luis Abinader acaba de asumir la presidencia del PRM. La propia cobertura del proceso señala que su nuevo papel lo coloca en una posición central para arbitrar la competencia interna rumbo a 2028. (La Propuesta Digital)

Por eso, si Paliza se incorpora a Collado, el comportamiento de Abinader será mucho más importante que el de Paliza.

Si el presidente mantiene una estricta neutralidad, Paliza estará actuando por cuenta propia.

Si comienzan a aparecer señales adicionales del entorno presidencial alrededor de Collado, entonces la interpretación cambiará.

Y si finalmente Abinader se convierte en factor activo de la sucesión, la discusión dejará de ser sobre Paliza.

Será sobre el árbitro del partido jugando dentro del partido.

Conclusión: no confundamos un respaldo con una transferencia de poder

Si José Ignacio Paliza apoya a David Collado, hay que reconocerle el impacto político.

Pero tampoco exagerarlo.

Paliza fue presidente del PRM. Ya no lo es.

Tuvo ocho años para construir una corriente propia y no terminó convirtiéndose en un polo presidencial competitivo. La propia medición de Gallup lo ubicaba en apenas 1.3 % de preferencia entre simpatizantes perremeístas. (Acento)

Por eso, si mañana aparece respaldando a Collado, el titular puede ser enorme y la transferencia de votos puede ser mínima.

La verdadera pregunta no será si Paliza apoya a David.

Será:

¿Quién se mueve con Paliza?

Porque si la respuesta es “casi nadie”, entonces Paliza y nada serán prácticamente lo mismo en términos de estructura electoral.

Pero si detrás de él aparecen dirigentes, alcaldes, legisladores y estructuras territoriales, entonces tendremos que revisar el análisis.

Hasta que eso ocurra, su eventual respaldo es, sobre todo, una señal política y un golpe mediático.

Y en una primaria cerrada, donde finalmente habrá que contar votos, las señales no votan.

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