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Danilo, Francisco Javier y el fantasma del PRD: ¿se prepara el PLD para otra implosión?

Danilo, Francisco Javier y el fantasma del PRD: ¿se prepara el PLD para otra implosión?

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Administrador HESADMINISTRADOR HES/02 OCT DE 2026/1 MIN/visibility2 VISTAS
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Hay momentos en la política en los que una crisis no destruye inmediatamente a un partido, pero revela que sus estructuras ya no funcionan como antes. Lo que está ocurriendo en el PLD recuerda peligrosamente a una etapa que el sistema político dominicano ya vivió: la lenta descomposición interna del PRD.

Y en el centro de esta nueva disputa aparecen dos nombres: Danilo Medina y Francisco Javier García.

La suspensión de la consulta que debía medir las preferencias entre los aspirantes presidenciales del PLD no es un simple cambio de calendario.

Es una señal.

La Comisión Organizadora justificó la decisión por la falta de equipos tecnológicos suficientes. El PLD necesitaba unos 2,200 dispositivos para realizar la votación automatizada y la JCE había facilitado 600, según la información publicada por Diario Libre.

Pero el problema político comenzó precisamente después.

Francisco Javier no aceptó la explicación como el punto final de la historia.

El dirigente cuestionó que la comisión cancelara el proceso sin convocar previamente a los aspirantes y sostuvo que existían alternativas, entre ellas realizar la consulta mediante voto manual. También cuestionó el manejo del padrón y la situación de más de 523,000 personas que aparecían con afiliaciones múltiples.

Y aquí comienza la lectura política.

¿Quién le está poniendo el límite a quién?

Durante años, dentro del PLD existió una estructura de poder donde Danilo Medina terminó convirtiéndose en la figura de mayor capacidad para arbitrar las grandes decisiones internas.

Pero Francisco Javier García está demostrando que no necesariamente está dispuesto a aceptar ese esquema.

Su proyecto presidencial comenzó a desarrollar una intensa estructura territorial mucho antes de la consulta. Su equipo realizó reuniones en el Distrito Nacional, Santo Domingo Este, Santiago y otras provincias, mientras sumaba dirigentes a su proyecto.

Incluso Simón Lizardo, dirigente del propio PLD, reconoció públicamente la importancia de los recorridos de Francisco Javier y sostuvo que estos contribuyeron a crear condiciones para la reactivación interna del partido después de la derrota de 2024.

Eso significa que Francisco Javier ya no está simplemente esperando que Danilo le abra una puerta.

Está construyendo su propia puerta.

Y esa diferencia puede terminar siendo decisiva.

El problema de Danilo no es Francisco Javier

Aquí está el punto central.

El problema de Danilo Medina no necesariamente es Francisco Javier García.

El problema es que Francisco Javier puede convertirse en el vehículo a través del cual distintos sectores inconformes con la conducción tradicional del PLD encuentren una vía para expresarse.

Cuando un dirigente empieza a acumular estructuras territoriales, apoyos, figuras intermedias y discurso propio, deja de ser únicamente un aspirante presidencial.

Se convierte en un polo de poder.

Y eso cambia completamente la naturaleza de la disputa.

Ya no estamos hablando solamente de quién será candidato en 2028.

Estamos hablando de quién tendrá capacidad para definir qué PLD sobrevivirá después de Danilo Medina.

El fantasma del PRD

Para entender lo que puede ocurrir hay que mirar hacia atrás.

El PRD no desapareció de un día para otro.

Se fue fracturando.

Primero fueron las disputas por el liderazgo.

Después llegaron las convenciones cuestionadas.

Luego las impugnaciones.

Posteriormente las expulsiones.

Y finalmente la división.

Guido Gómez Mazara fue uno de los dirigentes que protagonizó aquella batalla interna. En 2014 compitió contra Miguel Vargas por la presidencia del PRD y obtuvo 6.93 %, frente al 87.92 % de Vargas. Gómez Mazara denunció irregularidades y cuestionó el padrón y el proceso convencional.

Posteriormente continuó enfrentando las decisiones de la dirección de Vargas y presentó diversos recursos ante los tribunales electorales. En 2018 obtuvo incluso una decisión favorable del TSE que ordenó realizar una nueva convención.

Pero hay que hacer una precisión histórica importante:

Guido no destruyó él solo al PRD.

La crisis era mucho más profunda.

La confrontación entre Miguel Vargas e Hipólito Mejía venía desde la convención de 2011 y terminó produciendo una ruptura que llevó a Mejía, Luis Abinader y otros dirigentes fuera del PRD. Para 2014, Vargas conservaba el control formal del partido, pero la organización había perdido una parte sustancial de su fuerza política.

Guido fue uno de los protagonistas de esa batalla, no su único responsable.

Y precisamente por eso la comparación con el PLD resulta interesante.

El partido puede sobrevivir al adversario y morir de la pelea

El PRD ofrece una lección que debería preocupar a cualquier dirección partidaria:

un partido puede ganar todas las batallas jurídicas y perder la batalla política.

Miguel Vargas terminó controlando la estructura formal del PRD.

Pero el PRD perdió dirigentes.

Perdió cuadros.

Perdió territorio.

Perdió capacidad electoral.

Y perdió buena parte de su centralidad en la oposición.

El partido sobrevivió jurídicamente.

Pero políticamente quedó reducido.

Esa es la diferencia entre controlar una organización y conservar un proyecto político.

Y ahí aparece nuevamente el PLD.

Danilo puede ganar la consulta y perder el partido

Esta es posiblemente la hipótesis más incómoda.

Danilo Medina podría conseguir que el proceso interno termine favoreciendo a un dirigente cercano a su sector.

Podría conservar el control de los organismos.

Podría imponer determinadas reglas.

Podría mantener la presidencia del partido.

Pero eso no necesariamente significaría que haya ganado.

Porque si cada decisión provoca la salida de dirigentes, la rebelión de sectores, el desgaste de los aspirantes y la pérdida de confianza de las bases, el resultado puede ser parecido al que sufrió el PRD.

Una organización disciplinada por arriba, pero vaciada por abajo.

Y Francisco Javier puede jugar un papel fundamental en ese proceso.

No necesariamente porque quiera destruir al PLD.

Sino porque una candidatura competitiva puede obligar a que las diferencias que durante años permanecieron contenidas salgan finalmente a la superficie.

La paradoja Francisco Javier

Francisco Javier García tiene ahora una oportunidad política que otros aspirantes no han tenido.

La suspensión de la consulta le permite presentarse ante una parte de la militancia como el dirigente que exige que el proceso continúe bajo reglas que considera claras.

Y ya ha comenzado a hacerlo.

Su reacción pública convirtió un problema administrativo —la falta de equipos— en un conflicto político sobre las reglas, las facultades de la comisión y la transparencia del proceso.

Eso fortalece su posición negociadora.

Porque ahora cualquier mecanismo futuro tendrá que responder a una pregunta:

¿Francisco Javier aceptará las reglas que diseñe el danilismo o exigirá participar en la construcción de esas reglas?

La respuesta puede determinar mucho más que una candidatura presidencial.

Puede determinar quién manda realmente en el PLD.

Y aparece otro problema: las alianzas que molestan a las bases

A esto se suma otro elemento que está generando conversación dentro y alrededor del PLD: el acercamiento público entre Danilo Medina e Hipólito Mejía en determinados espacios gremiales.

Políticamente, una relación entre dos antiguos adversarios no tiene nada de extraordinario.

Pero los partidos no siempre funcionan únicamente con lógica institucional.

También funcionan con memoria.

Y para sectores peledeístas que durante años construyeron su identidad política enfrentando al PRD y posteriormente al PRM, determinados entendimientos entre Danilo e Hipólito pueden generar incomodidad.

Especialmente cuando la militancia percibe que las élites políticas pueden sentarse juntas mientras las bases continúan cargando con las consecuencias de las viejas confrontaciones.

La política tiene memoria.

Los dirigentes pueden pasar página.

Las bases no siempre lo hacen al mismo ritmo.

¿Puede Francisco Javier convertirse en el “Guido” del PLD?

Esta es la pregunta que comienza a circular.

Pero la comparación debe manejarse con cuidado.

Guido Gómez Mazara terminó abandonando el PRD en 2020 después de años de enfrentamientos internos con la dirección de Miguel Vargas.

Francisco Javier, en cambio, continúa dentro del PLD y está compitiendo desde sus propias estructuras.

La diferencia es enorme.

Guido terminó siendo una figura de oposición dentro del partido hasta que salió.

Francisco Javier podría convertirse en una figura capaz de disputar desde dentro el control del futuro del PLD.

Y eso puede ser todavía más peligroso para una dirección que pretende mantener el equilibrio tradicional.

Porque el adversario externo se combate.

El adversario interno obliga a negociar.

La pregunta que nadie quiere responder

El PLD todavía puede evitar una repetición de la historia del PRD.

Pero para hacerlo tendrá que resolver una contradicción fundamental:

¿Quiere reconstruirse como partido o simplemente administrar las estructuras que le quedan?

Porque una cosa es tener presidente, secretario general, Comité Político y Comité Central.

Otra es tener un partido competitivo.

Después de los resultados de 2024, el PLD necesita reconstruir su conexión electoral. La organización ya había iniciado un proceso para definir su aspirante presidencial de 2028 y llegó a reducir la boleta de la consulta a cuatro nombres: Francisco Javier García, Manfred Mata, Gonzalo Castillo y Francisco Domínguez Brito.

Pero la consulta terminó cancelada.

Y ahora Francisco Javier salió a cuestionar la decisión.

El conflicto, por tanto, ya no es solamente entre aspirantes.

Es sobre las reglas del juego.

Y cuando dentro de un partido comienza la pelea por quién controla las reglas, normalmente la disputa está mucho más avanzada de lo que parece.

El tiro de gracia no tiene que ser una expulsión

Francisco Javier no necesita abandonar el PLD para hacerle daño al danilismo.

Tampoco necesita dividir formalmente el partido.

Podría ocurrir algo mucho más sutil.

Que consiga aglutinar a dirigentes que consideran agotado el ciclo de Danilo.

Que atraiga a cuadros que quieren una renovación.

Que convierta la candidatura presidencial en un plebiscito sobre la continuidad del liderazgo histórico.

Y que, independientemente de quién termine ganando, obligue al PLD a escoger entre renovarse o fracturarse.

Ahí está el verdadero riesgo.

Porque el PRD no comenzó a perder su condición de gran partido cuando nació el PRM.

Comenzó a perderla cuando sus dirigentes dejaron de poder resolver sus diferencias dentro de una misma estructura.

El PRM fue, en buena medida, el resultado final de una fractura que venía madurando desde años antes.

El PLD debería mirar esa historia con atención.

Porque Francisco Javier García no necesariamente tiene que “destruir” al PLD.

Podría simplemente obligarlo a mostrar cuánto de partido todavía queda debajo de la estructura que Danilo Medina conserva.

Y si debajo de esa estructura existe una militancia dividida entre continuidad y renovación, entonces la verdadera batalla apenas comienza.

La consulta se suspendió.

Pero la disputa no.

Y quizás lo más importante ya no sea quién ganará la candidatura presidencial del PLD en 2028.

La pregunta es otra:

¿Llegará el PLD a 2028 como un partido unido, o llegará como llegó el PRD a su propia ruptura: todavía con sus símbolos, sus organismos y sus dirigentes, pero cada vez con menos partido debajo?

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