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RD-Haití en el Félix Sánchez: la oportunidad que el Gobierno dejó pasar para demostrar que la ley migratoria también se aplica en los grandes eventos
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RD-Haití en el Félix Sánchez: la oportunidad que el Gobierno dejó pasar para demostrar que la ley migratoria también se aplica en los grandes eventos

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Administrador HESADMINISTRADOR HES/02 OCT DE 2026/1 MIN/visibility5 VISTAS
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El partido entre República Dominicana y Haití de este jueves 1 de octubre no es solamente uno de los encuentros deportivos más importantes que se hayan celebrado recientemente en el país. Es también un acontecimiento que puso sobre la mesa, de manera visible, una realidad que el Gobierno de Luis Abinader lleva años intentando administrar: la presencia de una numerosa población haitiana en territorio dominicano y el desafío de hacer cumplir la legislación migratoria sin convertir un evento deportivo en un operativo indiscriminado.

El Estadio Olímpico Félix Sánchez llega al partido prácticamente a casa llena. Las localidades se agotaron y el encuentro está programado para las 8:00 de la noche. Acento

Las autoridades, además, establecieron que el acceso al Centro Olímpico sería exclusivamente peatonal, con controles de seguridad y cuatro puntos de entrada habilitados. Hechos

Y aquí aparece una pregunta que el Gobierno debió responder públicamente:

¿Por qué una operación de seguridad de esta magnitud no incorporó también un componente claro de control migratorio, respetando naturalmente los derechos de quienes tienen estatus regular?

Estados Unidos entendió el problema antes que nosotros

El contraste con Estados Unidos resulta inevitable.

Durante el Mundial de 2026 se produjo un debate público sobre la posibilidad de que ICE realizara acciones de control migratorio cerca de estadios y eventos relacionados con la Copa del Mundo. Incluso fue presentado en el Congreso estadounidense el proyecto denominado “Save the World Cup”, que buscaba impedir operaciones de ICE dentro de una milla de los estadios y eventos de aficionados. The Guardian

La discusión estadounidense no surgió porque el gobierno pretendiera convertir los estadios en centros de deportación.

Precisamente lo contrario.

El debate consistió en determinar hasta dónde puede llegar el control migratorio alrededor de acontecimientos deportivos masivos sin afectar la seguridad, la asistencia y la experiencia de los espectadores.

Y ese debate nos deja una pregunta incómoda:

¿Por qué República Dominicana no ha desarrollado con la misma claridad una política para estos escenarios?

El partido no era una redada migratoria

Hay que establecer una diferencia fundamental.

No sería razonable convertir un partido de fútbol en una cacería de personas por su nacionalidad.

Ser haitiano no significa ser ilegal.

Hay haitianos residentes legalmente en República Dominicana, estudiantes, trabajadores autorizados, personas con permisos de residencia y personas que incluso pueden ser ciudadanos dominicanos.

Por eso, cualquier actuación migratoria debe partir del estatus individual, no de la nacionalidad.

Pero el extremo contrario tampoco funciona.

Que una persona haya comprado una boleta de fútbol tampoco convierte automáticamente su situación migratoria en regular.

Y ahí está precisamente la oportunidad que el Gobierno pudo haber aprovechado:

demostrar que el control migratorio puede hacerse con inteligencia, tecnología, identificación individual y respeto al debido proceso, sin discriminación colectiva.

La oportunidad estaba afuera del estadio

No era necesario entrar al estadio a detener aficionados.

De hecho, la comparación con Estados Unidos demuestra que el problema puede abordarse en los perímetros, estacionamientos, vías de acceso y zonas de concentración.

En Santo Domingo, las propias autoridades establecieron controles especiales alrededor del Centro Olímpico debido al enorme flujo de personas. El acceso vehicular fue restringido y los aficionados debían ingresar caminando por puntos determinados. El Día

Es decir:

ya existía un dispositivo extraordinario de seguridad.

La pregunta era si dentro de ese dispositivo podía incorporarse una verificación migratoria selectiva, legal y basada en criterios objetivos, particularmente cuando existieran indicios concretos de irregularidad.

No se trata de revisar documentos a cada haitiano que compre una entrada.

Se trata de algo mucho más elemental:

que las leyes migratorias sean aplicadas también cuando la persona se encuentra en medio de un evento masivo.

El Gobierno ya dice que está haciendo cumplir la ley

Esto hace todavía más interesante el contraste.

La propia Presidencia informó en abril de 2025 un conjunto de medidas para enfrentar la migración irregular y reforzar la aplicación de las leyes migratorias. Entre ellas incluyó el fortalecimiento de los controles fronterizos y medidas contra quienes faciliten el ingreso irregular de personas. Presidencia de la República Dominicana

Y la Dirección General de Migración mantiene actualmente operativos de interdicción en distintas partes del territorio.

La DGM informó que, entre octubre de 2024 y agosto de 2026, 202,294 nacionales haitianos en situación migratoria irregular habían sido deportados por el punto de Dajabón, de los cuales 79,938 correspondían a los primeros ocho meses de 2026. Migración Dominicana

Entonces la pregunta no es si el Gobierno realiza deportaciones.

Las realiza.

La pregunta es si existe una estrategia coherente para los grandes eventos nacionales e internacionales donde se concentran miles de personas.

¿Por qué no aprovechar el evento para demostrar cómo funciona una política migratoria moderna?

Una política migratoria moderna no consiste solamente en montar redadas.

Tampoco consiste en mirar hacia otro lado.

Consiste en identificar, verificar, distinguir y actuar conforme a la ley.

Por ejemplo:

  • Identificación biométrica cuando legalmente corresponda.
  • Verificación de documentación.
  • Cruce de información migratoria.
  • Identificación de personas con órdenes o situaciones pendientes.
  • Separación entre residentes legales e irregulares.
  • Protección especial para menores.
  • Presencia de supervisores y protocolos de derechos humanos.
  • Actuación basada en conductas y estatus, no en nacionalidad.

Eso habría permitido algo mucho más importante que detener personas:

demostrar que República Dominicana puede controlar su territorio sin improvisación y sin discriminación.

Y aquí está la gran diferencia con la política migratoria estadounidense

Estados Unidos enfrenta exactamente el dilema contrario.

Tiene un aparato migratorio mucho más grande, pero sus operaciones generan una discusión permanente sobre los efectos de realizar controles en espacios públicos.

El debate llegó incluso al Congreso estadounidense con la propuesta de restringir acciones de ICE alrededor de los estadios durante el Mundial. The Guardian

La preocupación es comprensible: un evento deportivo internacional necesita seguridad, pero también debe evitar convertirse en un espacio donde los espectadores teman ser detenidos simplemente por asistir.

República Dominicana tiene la oportunidad de aprender de ese debate.

Ni redadas indiscriminadas ni ausencia de control.

Control migratorio profesional.

La enorme presencia haitiana también es una realidad social

Otro aspecto que el Gobierno pudo haber utilizado políticamente —en el sentido institucional, no partidista— es la dimensión social del fenómeno.

El partido ha generado una enorme expectativa tanto entre dominicanos como entre haitianos residentes en el país.

Eso no debería ser motivo de alarma.

El deporte puede ser un espacio de convivencia.

Pero precisamente porque existe esa convivencia, el Estado tiene que demostrar que integración social no significa ausencia de reglas migratorias.

Un haitiano con documentación en regla debe poder asistir al partido exactamente como cualquier otro residente extranjero.

Un dominicano también.

Pero una persona que se encuentre irregularmente en el territorio debe quedar sujeta a la legislación migratoria correspondiente.

Una cosa no contradice la otra.

El problema de la oportunidad perdida

Por eso, la discusión no debería ser:

“¿Por qué el Gobierno no deportó haitianos dentro del estadio?”

Esa formulación sería equivocada.

La pregunta correcta es:

¿Por qué el Gobierno no utilizó un evento de esta magnitud para demostrar cómo puede funcionar un sistema de control migratorio moderno, selectivo, tecnológico y respetuoso de los derechos fundamentales?

Ahí está la oportunidad.

Porque el Gobierno de Abinader lleva tiempo defendiendo una política de control de la migración irregular. Presidencia de la República Dominicana

Y precisamente por eso, un evento con decenas de miles de personas, controles de acceso, presencia policial y seguridad reforzada constituía un escenario excepcional para explicar públicamente qué se controla, cómo se controla y cuáles son los límites del Estado.

No hacía falta perseguir a nadie por ser haitiano.

Hacía falta aplicar la ley a quien correspondiera.

Ni el estadio como santuario migratorio ni el estadio como centro de deportaciones

Ese debería ser el equilibrio.

El estadio no puede convertirse en un territorio donde la legislación migratoria deje de existir.

Pero tampoco puede transformarse en un punto de detención masiva basado en nacionalidad.

La Constitución y las leyes exigen algo más difícil:

individualizar responsabilidades.

El Gobierno tiene que ser capaz de distinguir entre el extranjero que está legalmente en el país y aquel que está en condición migratoria irregular.

Entre un espectador y una persona buscada por la autoridad.

Entre una familia que va al fútbol y alguien que tiene una situación migratoria pendiente.

Entre un haitiano y un inmigrante irregular.

Porque no son sinónimos.

La verdadera prueba no era el fútbol

El partido República Dominicana-Haití era, oficialmente, un partido de fútbol.

Y el técnico de la selección dominicana, Marcelo Neveleff, precisamente pidió separar el encuentro de las interpretaciones políticas y sociales que lo rodean. CDN Deportes

Pero para el Estado el acontecimiento tenía otra dimensión.

Miles de personas reunidas.

Controles de seguridad.

Accesos definidos.

Gran exposición pública.

Presencia de ciudadanos de ambos países.

Y una discusión migratoria que ya forma parte de la realidad nacional.

El Gobierno no necesitaba politizar el partido.

Necesitaba utilizarlo para demostrar que una política migratoria seria puede funcionar incluso en los escenarios más sensibles.

Eso habría enviado un mensaje mucho más poderoso que cualquier discurso:

República Dominicana puede ser hospitalaria con quien cumple la ley y firme con quien la viola.

Sin odio.

Sin persecución colectiva.

Sin improvisación.

Y sin renunciar al control de su territorio.

Ese era el verdadero desafío que planteaba el RD-Haití.

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